Adivina adivinanza para los no iniciados: ¿quién canta al frente de Avi Buffalo? ¿Un chico o una chica? No vale acudir a las imágenes de Google para obtener la respuesta… aunque me temo que prácticamente va implícita en la misma pregunta. Efectivamente, es un chico, de nombre Avigdor Zahner-Isenberg (se podría ver como el reverso de otro caso peculiar de voz-que-no-se-corresponde-con-quien-nos-imaginamos: el de Katie Sketch, cantante del grupo canadiense The Organ, confundida muchas veces con un hombre por el timbre de sus cuerdas vocales), que abusa del agudo de tal manera que es fácil dudarlo. A pesar de que esto no es una consulta de foniatra, la verdad es que la voz tiene su importancia al hablar de Avi (ya se sabe también de dónde proviene la denominación de la banda) y sus colegas (Arin Fazio, bajo; Sheridan Riley, batería; y Rebecca Coleman, teclados), ya que es una de las notas características de cada una de las canciones de la formación. La otra sería el sonido que las envuelve: a veces no se sabe si intenta recuperar el pasado (que quizá para los californianos fue mejor) para quedarse en él o si busca encarar el futuro sin perder sus hechuras clásicas. Con respecto a esto, se podría hacer toda una tesis acerca de la canción más poderosa de su debut, “Avi Buffalo” (Sub Pop / PopStock!, 2010): “What’s In It For?”, una pequeña máquina del tiempo que, sin hacer que nos movamos de nuestro sitio, nos lleva a otros lugares y espacios. Buena culpa de ello la tienen también la interpretación realizada por Avi (etérea e intemporal) y el acompañamiento psicodélico que la arropa. Sea del modo que sea, la realidad alternativa construida por Avi Buffalo los acerca a referencias pop de postín puestas muy al día: The Shins, The Morning Benders, The Spinto Band o los Clap Your Hands Say Yeah que no se ponen demasiado experimentales o histriónicos, aunque por ahora les queden un poco fuera del alcance.

Por lo pronto, el comienzo de la aventura no va nada mal para estos cuatro jovenzuelos: sólo unos cuantos privilegiados pueden contar que su primera tentativa musical fue acogida con rapidez y fervor por un sello del significado histórico de Sub Pop (ya llegará el momento de juzgar más adelante si son flor de un día…) La cuestión es que para lograr algo así se necesita mucho más que una sola gran canción: basta con rascar la superficie de “Avi Buffalo” para encontrar el arroyo que lleva a la fuente luminosa que le da vida. “Truth Sets In” y “Coaxed” indican además que esa luz reconforta, apacigua, como si se tornase crepuscular para anunciar que la noche caerá de un momento a otro. Pero la razón de ser de esas composiciones (y las del resto del álbum), a pesar de su simbología fantástica y sus metáforas surrealistas, es, por supuesto, el amor (y el sexo): con los pies en el suelo (es un decir) o directamente caminando por un gran jardín verde repleto de conejos blancos (aunque parezca lejana la conexión, las letras se empapan de la imaginería de Jefferson Airplane), Avi y los suyos tratan ese tema universal desde diferentes perspectivas, posiciones y posturas (a solas o acompañados) en “Five Little Sluts”, “Jessica”, “Summer Cum” y “One Last”. Está claro que con esta banda se ven las cosas de otra manera, incluso aquellas que siempre parecieron complicadas. Quizá sea la manera típica y encorsetada de tratar de entenderlas la que las enmaraña, por eso gracias a los californianos es más fácil deshacer el ovillo. Y quien no sea capaz o no quiera verlo, al menos que se quede con el desarrollo musical (no todo va a ser el fondo) de “Can’t I Know?”, los aparentemente cortos siete minutos y medio de “Remember Last Time” y el poso melancólico de “Where’s Your Dirty Mind?

Eso: ¿dónde está tu mente sucia? Cuando la mayoría busca volver a la inocencia perdida aun siendo imposible, Avi Buffalo saben y nos transmiten que hay que ser consecuentes con nosotros mismos y nuestras virtudes y defectos de adultos. Aunque, un aviso para ti (sí, tú; te señalo con el dedo), que este verano te embarcarás en la ajetreada tarea de ligarte a un / una guiri: no pongas este disco para ambientar adecuadamente la consumación de la aventura porque, suponiendo que entenderá a la primera lo que dicen sus canciones, la presa puede salir por patas… o preguntar de dónde coño salió un espécimen como tú.

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