Es escuchar “Dream Song” y retroceder unos cuantos años en el tiempo: la búsqueda de la melodía perfecta, la preciosa voz de Benjamin Gibbard y esas letras que hablan de amor sin tener intención, al menos de primeras, de hacerlo… “He watches her laying there sound asleep / wonders who’s chasing her through her dreams / and when they do if it scares her too“. Podríamos perfectamente estar de vuelta a mediados de la pasada década, en pleno apogeo de una de las bandas de cabecera de una generación; de vuelta a la época de “Plans” (Atlantic, 2005), con un Gibbard persiguiendo el acorde definitivo. Han transcurrido, sin embargo, siete años y, como ya es sabido, nuestro músico ha pasado por todo tipo de experiencias tanto positivas como negativas, además de grabar dos álbumes más junto a Death Cab For Cutie: un notable “Narrow Stairs” (Atlantic, 2008) y un más reciente y regular “Codes & Keys” (Atlantic, 2011) que dejó a muchos preguntándose si volverían a escuchar al cuarteto de Washington tal y como sonaban hace diez años.

La respuesta a esa pregunta tendrá que esperar y, mientras tanto, podemos cuestionarnos si este “Former Lives” (City Slang, 2012) puede tener algo que ver con los próximos pasos de los americanos o si, sin embargo, Gibbard prefiere mirar a otros horizontes con su primer trabajo en solitario. Una vez más, resulta difícil dar con una respuesta absoluta. Por un lado, aproximadamente la primera mitad del álbum se acerca más a álbumes previos de Gibbard con Death Cab For Cutie: ahí están la ya mencionada “Dream Song“, “Teardrop Windows” o la muy acertada “Bigger Than Love” (colaboración de Aimee Mann incluida) para atestiguarlo. No es, no obstante, el registro mantenido a lo largo de toda la grabación, pues también podemos encontrarnos con una serie de cortes más alejados de la estela con la que podríamos relacionar de primeras a nuestro protagonista. Resulta curioso por ejemplo, escuchar la fronteriza “Something’s Rattling“, el medio tiempo “Duncan, Where Have you Gone” con esos dejes lejanos de ¡Oasis! o la casi country “A Hard One to Know” (casi más cercana al proyecto que mantuvo con Jay Farrar hace tres años) y comprobar cómo, pese a que la voz de Gibbard sigue tan viva y atractiva como siempre, el artista se ha dedicado a explorar terrenos que seguramente no tengan cabida en la discografía de su adorada banda.

Former Lives” nos presenta, por lo tanto, una nueva dualidad en la música de Gibbard, particularidad con la que hasta ahora no nos habíamos encontrado y que, más allá de gustos particulares, siempre es de agradecer. Esto no es impedimento, de todas formas, para que también resulte fácil entender a todos esos fans ansiosos de volver a encontrarse con un conjunto de canciones a la altura de los momentos más acertados del de Washington… y aquí es donde “Former Lives” no acaba de cumplir con estas expectativas excepto en una serie de momentos puntuales que no hacen más que alimentar nuestras esperanzas de volver a encontrarnos algún día con un álbum del calibre de los que los Gibbard y sus compañeros facturaron a principios de la década pasada. Mientras tanto, seguiremos esperando.

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