El Original de Laura” (Anagrama) es la novela en la que Vladimir Nabokov estaba trabajando antes de morir. No pudo terminarla y pidió a su mujer que quemara el manuscrito. Sin embargo, ella no se vio con fuerzas para destruirlo y tampoco lo hizo su hijo, que al final, treinta y tres años después de la muerte de su padre, ha decidido publicarlo. Es una cuestión moralmente peliaguda la de determinar si las obras inacabadas de escritores muertos deben publicarse o no. Es difícil posicionarse. El caso típico que suele citarse en este tipo de discusiones es el de Franz Kafka, que ordenó destruir prácticamente toda su obra, pero su amigo y editor, Max Brod, no le hizo caso, con la excusa de que si Kafka realmente no hubiera querido que se publicaran sus obras, las habría quemado él mismo. Este argumento puede parecer pillado por los pelos o totalmente acertado, pero lo cierto es que si Max Brod hubiera hecho caso a su amigo, nos habríamos perdido un conjunto de obras magníficas que han tenido una influencia destacadísima en la literatura posterior. Aún así, en el caso de las obras no terminadas de Kafka se trata de unas obras que, a pesar de quedar inacabadas, se sustentan por sí solas y tienen una calidad envidiable. Lamentablemente, con “El original de Laura” no pasa lo mismo.

A estas alturas no creo que nos tengamos que llevar las manos a la cabeza porque la literatura se haya convertido en un negocio, pero también es verdad que hay negocios que son rastreros y otros que no lo son. Y vender “El original de Laura” como la novela inacabada de Nabokov es tener mucho morro, porque no es una novela a la que le falte un final y/o una revisión, sino que más bien es un conjunto de notas y borradores sueltos para una futura novela. En los fragmentos que constituyen “El original de Laura” encontramos una mujer, llamada Flora, que en la adolescencia tuvo un padrastro, llamado Hubert H. Hubert, que parece un primo lejano del Humbert Humbert de “Lolita”, pero menos atractivo, más grimoso y más inofensivo. Años después, encontramos a Flora casada por interés con un intelectual viejo y rico. Y como suele suceder en estas ocasiones, ella decide agenciarse una buena colección de amantes, uno de los cuales escribirá una novela sobre ella (camuflada bajo el nombre de Laura), que su marido leerá y así descubrirá sus infidelidades. Puede parecer que “El original de Laura” toca temas recurrentes en la narrativa de Nabokov, como la infidelidad y el juego de espejos entre realidad y ficción. Aún así, con lo poco que dejó escrito Nabokov, es difícil imaginarnos por dónde habría tirado.

Nadie duda de que, probablemente con este punto de partida, Nabokov, con tiempo, podría haber tirado adelante una buena novela, pero es que lo que tenemos son sólo los primeros garabatos. Además, el texto que nos ha llegado no debe llegar a más de unas treinta páginas. Así que para hincharlo hasta que llegue a las cien páginas de rigor para poder publicarlo en forma de libro se ha optado por reproducir las fichas de archivador originales en las que Nabokov siempre solía escribir y debajo se ha impreso la traducción. Por más que uno sea fan de Nabokov, no puede evitar sentirse estafado al ver un truco tan burdo. Por supuesto que los fans encontraremos pasajes que muestran el estilo brillante de autor, el talento que tenía para hacer magia con las palabras, la belleza poética que era capaz de crear a partir de las situaciones más prosaicas, pero aún así no nos compensará. A los seguidores nos puede servir como curiosidad (cada cuál ya decidirá si esta es una curiosidad morbosa o no), pero para los que sólo han leído “Lolita” (o menos) quizás les pueda dar la opinión equivocada de Nabokov, como escritor de un solo libro, cuando no hay nada más lejos de la verdad. Antes que “El original de Laura”, sería mejor adentrarse en cualquiera de las otras novelas de Nabokov: “Pálido Fuego” para participar en un juego de metaficción delicioso, “Risa en la Oscuridad” para presenciar una clásica historia de infidelidad con un humor de lo más cruel, “Pnin” para leer la historia de un pringado, o “La Verdadera Vida de Sebastián Knight” para aventurarse en una intriga irónica sobre identidades dobles.

[Núria Casademunt]

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