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Emma Holten aguantó durante dos años un auténtico infierno. La humillación constante y ver publicadas sus fotos íntimas en la red por parte de su ex-novio. Harta del acoso, decidió darle la vuelta al asunto…

 

Imagina una mañana cualquiera de tu día a día. Enciendes el PC, revisas la lista interminable de mails sin contestar, escribes, trabajas, das la lata en redes sociales… Y, sí, ves fotos tuyas con desnudos íntimos que son parte de varios años de tu vida. Tu cuerpo en línea, expuesto en el escaparate de la red, miles de mensajes de anónimos bombardeando tu bandeja de entrada y un único culpable: tu ex novio.

¿Tus padres saben que eres una puta?

¿Te han despedido?

¿Qué historia hay detrás de todo esto?

¿Quién te hizo esto?

Quiero más desnudos, si no mandaré las fotos que tengo a tu jefe…

Adolescentes, estudiantes, padres de familia… Los cabecillas de estos mensajes hacían del día a día Emma un verdadero infierno. Como ella misma cuenta en su manifiesto Consent, publicado en Hysteria, todos ellos tenían dos cosas en común: eran hombres y sabían perfectamente que esas fotografías se habían publicado en contra de la voluntad de Emma.

Cansada de ser la víctima y de haberse convertido en un maniquí, en objeto sexual para miles de internautas, comenzó a investigar y descubrió que lo que le había pasado era algo bastante “normal”. Siempre el mismo objetivo, usar una imagen -de mujer- y convertirla en un anzuelo sexual sin que la implicada sea consciente. Y como Emma escribe, asistimos día a día a la deshumanización total del cuerpo de la mujer y a una posición siempre sexual de este en cualquier espacio, sea la red o sea la misma calle.

He pasado mucho tiempo pensando en cómo podía dejar de odiar mi propio cuerpo. Lo hacía culpable directo de mi humillación. ¿Podría ser capaz de mirarme a mí misma y ver a un ser humano y no un mero objeto? Tendría que escribir una nueva historia sobre mi cuerpo con el fin de hacer posible volver a mirarme a mí misma desnuda y verme como un ser humano. Decidí que una especie de re-humanización tenía ahora, que suceder.

Del respeto y del consentimiento, del empeño de devolverle el verdadero valor de un cuerpo de mujer al desnudo y, sobre todo, de evitar a toda costa reducir el cuerpo femenino a objeto con fin exclusivamente sexual, nacen las fotografías de Cecilie Bødker a Emma Holten. Porque un cuerpo de mujer, desnudo o no, siempre merece respeto. Una manera admirable de reconocerse a una misma y superar uno a uno los baches de la humillación y del acoso.

 

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