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¿Qué se les pasa por la cabeza a las mentes pensantes de un grupo para centrarse de lleno en un complejo concepto y desarrollarlo en un disco completo? Esta era una de las principales preguntas a las que intentar encontrar respuesta en el concierto de Fanfarlo en el Pazo da Cultura de Pontevedra enmarcado en el ciclo Imperdibles organizado por esmerArte. Pero, como se suele afirmar, las cuestiones difíciles conllevan contestaciones complicadas. Y el directo de los británicos en el primer concierto de su gira española y, por extensión, europea, no iba a ser el lugar ideal para satisfacer curiosidades artístico-metafísicas. Eso sí, Simon Balthazar, fino líder del quinteto, no dudó en apelar puntualmente al discurso relacionado con la evolución del ser humano que se encierra en su nuevo LP recién sacado del horno, Let’s Go Extinct (New World Records, 2014). Con todo, por mucho que se deseara una resolución, el gran interrogante sobre las motivaciones teóricas  de los actuales Fanfarlo continuaría suspendido en el aire…

Aunque otra pregunta había surgido minutos antes de la salida de la banda londinense: ¿puede un grupo llamar la suficiente atención en un breve set como para anotar en mayúsculas su nombre y seguirle atentamente la pista? Sí, claro, como bien demostraron Lilies On Mars, a pesar de que ya poseen tres álbumes en su zurrón. El último de ellos, “Dot To Dot” (Saint Marie, 2014), refleja el gran salto cualitativo que permitió que sus dos autoras, Lisa Masia y Marina Cristofalo, intervinieran como buen aperitivo (pese a las diferencias estilísticas) de la actuación de Fanfarlo en Galicia (tarea que repetirán en el resto del tour). Provistas de bases pregrabadas, samples y teclados para crear y adornar sus ritmos, lograron trasmitir el halo ensoñador y cósmico de su nuevo disco desde el inicio, en el que se mostraban como unas Warpaint abonadas al revival new age (como en “See You Sun”). Las magnéticas voces de ambas, los arreglos etéreos y las guitarras entre dream-pop y shoegaze (“No Way”) plasmaban la parte previsible del repertorio. La más sorprendente, que descolocó relativamente a un público que todavía se estaba acomodando en el auditorio, rompió los aparentes corsés de su propuesta a través de synth-pop de pulso bailable, feedback eléctrico e incluso kraut-pop con voz vocoderizada (“Martians”) para consumar un mini-concierto ecléctico a partir del cual se debería revisar con calma la discografía de Lilies On Mars.

 

 

Oscurecido el escenario, Fanfarlo se disponían a pisar las tablas con la difícil papeleta de defender un “Let’s Go Extinct” poco asimilado y, quizá también, poco comprendido conceptualmente por sus seguidores. Los londinenses corrían el peligro de que los asistentes recibiesen con mayor gusto las piezas clásicas de su repertorio, sobre todo las más infecciosas y pop, en detrimento de sus nuevas composiciones, algo que se cumplió en parte. Como si Simon Balthazar y los suyos lo intuyeran de antemano, abrieron el recital con una “Ghosts” solemne, aupada por un sonido nítido y, a la vez, sólido. Daba la sensación de que el quinteto engordaría para la ocasión su acostumbrada épica de bolsillo, hecho que se constató a través de “Life In The Sky” (su sentido místico se agrandó en directo) y una “Deconstruction” introducida por un duelo entre saxo y trompeta que anticipaba la riqueza instrumental que caracterizaría el set: teclados, violín, sierra y los cálidos coros de Cathy Lucas, perfecto contrapunto de la interpretación intachable de Balthazar.

Fanfarlo se encuentran en una etapa de madurez cuya plasmación es, en esencia, “Let’s Go Extinct”. Por ello no resultó extraño que, de todas las canciones que podían rescatar de él -tenían varias opciones ganadoras a mano- en tierras pontevedresas, decidiesen inclinarse por las más reposadas y expresivas, como las melancólicas “The Beginning And The End” y la titular “Let’s Go Extinct”, cuya delicadeza se contagió a una semi-acústica “Comets” y una contemplativa “The Sea”, trufadas de detalles sonoros y ejecutadas con suma precisión. Curiosamente, el propio Balthazar se sorprendía al observar la tranquilidad del público… Ahí residió el único problema de la velada: ante la parsimonia que estaba adquiriendo el concierto, el personal parecía demandar un mayor brío para levantarse de sus butacas y, simplemente, bailar. Así sucedió, al principio con timidez, cuando “Luna” y “Harold T. Wilkins, Or How To Wait For A Very Long Time” -ésta acompañada por alegres palmas- trajeron del pasado a los Fanfarlo festivos de “Reservoir” (Warner, 2009); y durante “Landlocked”, su último single, que cubrió de felicidad la platea con sus aderezos africanistas.

 

 

Ese habría sido un momento estupendo para cerrar por todo lo alto un directo impecable, aunque tal honor recaería en la significativa “The Walls Are Coming Down”, como si Fanfarlo quisiesen hacer referencia tanto a los muros que se deben derribar en la vida en general como los que tuvieron que esquivar en la suya en particular, en la que han ido quemando etapas para crecer y llegar a ser la banda que es hoy en día y que se mostró en todo su esplendor en Pontevedra.

[FOTOS: David Ramírez]  

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