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Uno de los síntomas (buenos) de que Barcelona parece que por fin se está “europeizando” es la importación y aparición de un tiempo a esta parte de “concept stores“, esos curiosos espacios que habitan en ciudades como Berlín, Amsterdam o Londres que no se limitan o se conforman a ser sólo una tienda de un producto en concreto, sino que ofrecen productos de diferente pelaje y mucho más: actúan a la vez como galerías, restaurantes o espacios para montar eventos de cualquier tipo. El límite es la imaginación del dueño (y, en el caso de nuestra ciudad, por desgracia, lo que digan los permisos), pero la idea final es recuperar espacios viejos y darles una nueva vida para que acojan toda la tendencia posible y conjuguen comercio, arte y cultura.

Mar de Cava abrió sus puertas hace más de un año en un amplísimo espacio justo delante de Flores Navarro, esa impenitente floristería que abre 24/7 y que seguro que le ha salvado el culo a más de un Valentín olvidadizo. Su responsable es Mar Gómez, una joven arquitecta que aplicó al espacio todos sus conocimientos académicos y que le ha aportado al sitio un plus de diseño inaudito. Y lo que es mejor: según me contó ella misma, todo está hecho “casero style“, es decir, casi con sus propias manos y  la ayuda de su familia. El lugar es vasto, enorme. Casi parece mentira que una sola persona pueda hacerse cargo. Mar cogió un local que se caía a trozos y lo ha convertido en uno de los espacios más hip y bien aprovechados del centro barcelonés que acoge lo mejor del diseño y de la moda hecho aquí y que, desde hace unos cuatro meses, cuenta también con una cafetería/restaurante que hace furor entre locales y visitantes (ella misma me explicó que durante los meses de verano tuvieron un buen montón de visitas gracias a las buenas críticas con las que cuentan en Tripadvisor).

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Así que tenemos un espacio que cuenta los conocimientos arquitectónicos y de diseño de su creadora y que se pueden observar en todos los rincones (desde ese sistema de calefacción que recorre todo el local hasta el último detalle del lavabo, pasando por la personal decoración de las paredes). Un espacio en el que se pueden encontrar marcas españolas pero sobre todo catalanas que han sido escogidas concienzudamente por una Mar que, pese a los comentarios y los vientos en contra, no quiere dejar de apostar por el diseño fabricado a pequeña escala en nuestras tierras. Aunque eso le cueste hablar con cada cliente que entra y explicarle pacientemente quién hay detrás de esa pieza que quiere comprar, por qué está ahí y por qué no va a encontrarla en otro sitio.

Entre sus marcas encontramos la delicada bisutería de Poètes (entrevistamos a su creadora, Bea Graña, en este post); la moda de ensueño de Colmillo de Morsa; las cerámicas locas de Apparatu; los complementos cosmopolitas de Beatriz Furest; la joyería con un toque étnico-chic de Erim Colors; las cabezas decorativas (y ecológicas) de Softheads (de los que ya te hablamos aquí) o los indefinibles muebles emocionales de Boca de Lobo. Marcas muy diferentes entre sí que tienen algo en común: son extremadamente personales y genuinas.

 

 

Pero, además, como os decíamos más arriba, Mar de Cava también se atreve con la restauración. Así, cada día de la semana se puede tomar una relaxing cup of café con leche o una copa de vino blanco en las originales y setenteras sillas de Lobster´s Day o probar alguna cosa de su excelente carta mediterránea. La cuestión es crear una experiencia única que el visitante no pueda olvidar. Y os aseguramos que, en el momento que piséis este confortable espacio y os olvidéis de lo grande que es, os sentiréis un poco como en casa… Pero como si vuestra casa fuera la más guay y bonita de toda Barcelona. Así.

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