¿Quieres visitar Barcelona pero no quieres quedarte en un hotel sin alma? Deberías apostar entonces por yök, una opción sostenible, humana y con mucha alma.

 

Reconozcámoslo: hemos caído en los brazos de la vida fácil… Y eso, la indolencia, la falsa buena consciencia, es lo peor que podía pasarnos. Me explico: esto de que nos haya dado a todos por ir a restaurantes en los que podemos exigir el km. 0 y la sostenibilidad y lo eco y el comercio local y la consciencia social y todas esas cosas que suenan tan rimbombantes está fetén. A fin y al cabo, ¿qué tiene de difícil exigir algo cuando eres tú el que pagas para que te lo den hecho? Ahora bien, cuando se trata de llevar esa filosofía al interior de nuestra cocina, la cosa se pone más peliaguda: seguro que, de todos los foodies que conoces, pocos son los que son tan íntegros en su cocina como cuando salen a comer por ahí, ¿verdad? Y lo mejor de todo es que todavía podemos ir mucho más allá: ¿por qué quedarnos en la cocina cuando la sostenibilidad debería ser, al fin y al cabo, nuestro estilo de vida? Sí, lo sé, “estilo de vida” son tres palabras colosalmente gigantes; y, si ser rigurosos con estos preceptos a la hora de comer ya se antoja dificultoso, hacerlo en absolutamente todos los aspectos de nuestra existencia ya no parece ni colosal ni gigante, sino simple y llanamente imposible.

Aunque, la verdad, gente como Petz Scholtus hace que todo parezca más sencillo o, por lo menos, más alcanzable para el común de los mortales. Así lo vimos en su momento, cuando decidió remodelar su piso en Barcelona para que fuera cien por cien sostenible y plasmó todo el proceso en su blog R3project. Y, como siempre le ocurre a las almas aventureras, Scholtus no tuvo suficiente y decidió apuntar más alto: ¿por qué no crear un hostal totalmente sostenible para que todos aquellos que comparten su estilo de vida pudieran sentirse cómodos cuando visitaran la Ciudad Condal? La luz se hizo su camino de esta diseñadora se cruzó con el de Mari Marañis, que venía del campo de la consultoría hotelera, y juntas decidieron que el “yes we can” también era aplicable en este caso, no solamente en el yanki.

El proceso fue largo, más bien a la hora de encontrar el lugar idóneo que cuando tocó remodelar por completo el lugar para que fuera cien por cien sostenible. El espacio elegido, en el número 39 de la calle Trafalgar, no podía ser mejor: justo entre Plaza Catalunya y Arc de Triomf, a un tiro de piedra de Passeig de Gràcia por arriba y del Born por abajo… Un oasis paradisíaco tanto para el turista como para el que viene a la ciudad por negocios. Y eso tan sólo en lo respectivo a la localización, porque si tenemos en cuenta el propio espacio de yök, que así bautizaron Petz y Mari su bendita locura, la cosa ya es directamente impresionante: el proyecto ocupa dos plantas, una de ellas con tres apartamentos de uso turístico (porque, por cierto, culpen ustedes al marco legal barcelonés para que esta puñetera maravilla no pueda hacerse llamar “hostal”) y la otra con el espacio de uso común para todos los huéspedes. En una decisión que demuestra una dulce voluntad de hacer más acogedora la experiencia, los apartamentos reciben el nombre de “casas”, mientras que en el espacio común se encuentra el salón, la cocina (que ofrece servicio de desayuno, elaborado con productos locales y eco) y, sobre todo, una terraza desde la que se ve prácticamente toda la ciudad y en la que es totalmente imposible no quedarse embobado mirando al mar como un gato que mira al horizonte.

De esta manera, yök asegura la sostenibilidad en formas diversas. Para empezar, durante el proceso de remodelación de estos pisos que datan orginariamente del año 1900 aproximadamente se siguieron diferentes reglas básicas como la reutilización de todo el espacio (por poner un ejemplo: algunas de las puertas antiguas de madera se han reconvertido en resultones cabezales de cama), la recuperación de los materiales de origen (incluso han conseguido mantener algunas de las cenefas modernistas originales), el uso de materiales reciclados, la priorización de la segunda mano… Y eso lleva al día a día en yök, que implica otro juego de reglas igual de magnífico: hay un sólido plan de ahorro de energía (de hecho, una de las propuestas de futuro es hacer “concursos” para ver qué huésped consume menos), múltiples medidas aseguran un ahorro constante de agua y se practica el reciclaje de forma fácil pero efectiva, por poner tan sólo algunos ejemplos.

Pero hay una cosa que adviertes tan sólo con traspasar el umbral de entrada de yök: esto no es sólo un lugar en el que llevar la sostenibilidad a su máxima expresión… No. Además de eso, yök es un proyecto de dos chicas que creen profundamente que otro modelo de turismo es posible, que pueden existir hostales, hoteles o apartamentos turísticos que sean humanos, que tengan alma y en los que no sientas esa infinita tristeza inherente a los grandes grupos hoteleros que ofrecen una experiencia global y homogénea pero vaciada por completo de espíritu. A Petz y a Mari se les ve un brillo de ilusión muy profundo cuando hablan de su proyecto, un brillo que han acabado por trasladar a un manifiesto (que puedes leer aquí) en el que brillan puntos como “Mostrar la auténtica Barcelona: la de los barceloneses y no la promovida por las guías turísticas. No al turismo de masas, sí al turismo sostenible“, “Invitar a los visitantes a compartir su cultura, porque cada uno es de un lugar“, “Ser más que un eco­proyecto. Incorporar la sostenibilidad sin sacrificar el estilo de vida. No se predica, se inspira” o “Ser positivo para las Personas, el Planeta y la economía“.

No en vano, el nombre de yök siempre va acompañado por el epíteto Casa + Cultura: de las casas ya hemos hablado ampliamente, y lo de la cultura viene porque sus creadoras están continuamente dándole vueltas a acciones que promuevan la cultura local de cara a los visitantes, tal y como los desayunos catalanes o las rutas turísticas que muestren aquello que no suelen mostrar las rutas turísticas. Al fin y al cabo, nos encontramos ante un proyecto que ofrece una visión en 360º que, inicialmente, puede hacerte sentir incómodo al darte cuenta de lo mucho que podrías mejorar en sostenibilidad en tu vida. Pero que, a continuación, después de esta incomodidad, te das cuenta de que ese brillo de los ojos de Petz y Mari es contagioso, así que el plan de dominación está claro: primero, recomendar a todo el mundo que vaya a visitar Barcelona que se quede en yök y, después, si eres de la Ciudad Condal, esperar a que le den caña a la cultura y apuntarte cuanto antes mejor. No se trata de limpiar la consciencia: se trata de hacer las cosas paso a paso. [FOTOS: Carlos Barruz]

 

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