“La Gravedad de las Circunstancias”: puerta de entrada al perturbador mundo de Marianne Fritz

Si eres de los que piensan que los retratos femeninos literarios se merecen más que el chick lit, necesitas leer “La Gravedad de las Circunstancias”.

 

En un mundo como el actual, en el que la literatura femenina se identifica erróneamente con el chick lit, es más necesario que nunca la labor de ciertas editoriales destinadas a poner sobre la mesa otras literaturas femeninas. Infinitas literaturas femeninas que nada tiene que ver con el ensimismamiento idiotizante de “Bridget Jones” y discípulas. Pienso, así al vuelo y casi sin recapitular, en el esfuerzo de Periférica hace unos años al publicar a Joyce Mansour. También en Sexto Piso y su mimo hacia la imprescindible figura de Renata Adler. Imposible obviar a Libros del Asteroide al rescate de Jenny Offill. Y, por encima de todas, ¿cómo pasar por alto la tarea de Alpha Decay a la búsqueda de letras femeninas contestatarias como las de Fleur Jaeggy, que merecen estar a la luz, seguir hablando a los lectores en voz bien alta?

Todas estas autoras, tan diferente las unas de las otras, tienen algo en común: abanderan una visión de la literatura que nada tiene que ver con la planicie desoladora del chick lit. Sus visiones dibujan una orografía compleja de cumbres y valles, de riscos escarpados y acantilados amenazantes, de mares bravíos y lagos de profundidades oscuras e inquietantes. Así las cosas, no es de extrañara que precisamente haya sido la editorial Alpha Decay la que haya empezado a publicar en nuestro país la obra de Marianne Fritz, escritora mítica no sólo por la complejidad de su escritura, sino por el panorama mental fragmentado que fabula en sus novelas y que es una expresión directa de un panorama después de la batalla particularmente complicado: Austria en la posguerra.

La obra cumbre de Fritz, “La Fortaleza“, es uno de esos ciclos narrativos se consideran a la vez de lectura obligada y de lectura imposible. La primera novela de este ciclo es “La Gravedad de las Circunstancias“, que es precisamente la que ha sido publicada recientemente por Alpha Decay en nuestro país. En ambos casos, trenzado al ADN de las letras de Marianne Fritz van las hebras del perturbador talante austríaco, ese que sigue sorprendiéndonos en figuras como la del director Ulrich Seidl. Una aproximación a lo cotidiano con una naturalidad extrema bajo la que late una oscuridad inquietante que sólo se puede percibir a través de fisuras que van resquebrajando el friso frontal… Hasta que este se desmorona, claro.

Esa es precisamente la estructura sobre la que se erige “La Gravedad de las Circunstancias“. La novela está protagonizada por Berta Schrei, por sus dos hijos y su mejor amiga Wilhelmine. En la periferia del retrato orbitan dos presencias masculinas, una ausente (padre del hijo de Berta) y otra presente (Wilhelm, padre de la hija y pareja de Berta). Los primeros capítulos del libro transcurren con normalidad y el lector puede pensar que se encuentra ante un retablo de la difícil vida de posguerra… Sin más.

“La Gravedad de las Circunstancias” resulta desasosegante por la maestría con la que Marianne Fritz hace caer sobre el lector un retrato de la psique femenina complejamente desestabilizador.

Pero pronto el relato empieza a agrietarse, a fragmentarse, a ir en su propia contra. Fritz alimenta la confusión cronológica de tal forma que resulta complejo saber si te encuentras ante una narración especular o ante una profusión de flash-backs y flash-forwards desordenados… La lectura entra en una suspensión fascinada que desemboca en un tramo final en el que (¡ojo! ¡spoilers!) la esquizofrenia narrativa queda justificada por algo que podía haber pasado desapercibido hasta ese momento: el estado mental de Berta, en el que habíamos confiado hasta el momento, es de todo menos fiable. Al fin y al cabo, la esquizofrenia del relato es espejo de la esquizofrenia real del personaje protagonista.

De esta forma, lo fascinante de “La Gravedad de las Circunstancias” es cómo arranca desde la literatura femenina más clásica y formal para, poco a poco, introducirse en el bosque de la contranatura. Lo normal sería (y es) empatizar inicialmente con el personaje de Berta y, a partir de ahí, entender todo lo que ocurre a su alrededor en clave de “pobre mujer, lo que está sufriendo“. Cuando el relato revela la gran verdad, el abominable acto que ha llevado a la protagonista hasta La Fortaleza (que, en este caso, es un psiquiátrico por mucho que mute a otras construcciones más adelante en el ciclo narrativo de Fritz), la empatía se hace imposible, se abre una fractura en nuestras emociones como lectores y de ahí brotan unas negras pero refrescantes aguas difíciles de encontrar en otros libros.

Al fin y al cabo, poco después de la apertura del libro, Marianne Fritz ya define a Berta en los siguientes términos: “Cuando duerme, no es tan superficial, no tiende tanto al exterior. Las zarpas de la vida que modelan y dejan marcas; la garra que aplasta, aprieta y presiona; la gravedad de las circunstancias, la vida real, nada de eso puede afectarla cuando duerme. Así de simple. El sueño lo ahuyenta todo. Todas las personas y todas las cosas“. Y más adelante todavía, el relato se encallará deliberadamente en el ahínco de Berta por “proteger” a sus hijos de la gravedad de las circunstancias primero a través de la sobrexposición y más tarde a través de ese mismo sueño que debería alejarlos de la superficialidad de la vida moderna.

Con tantas pistas sembrando la novela, el twist final no debería pillarnos por sorpresa. Sobre todo, porque tienen menos intención de twist que de voluntad de mostrar el frágil estado psicológico de la nación austriaca después de la guerra… Más que con este twist, lo que debería quedar después de la lectura de “La Gravedad de las Circunstancias” es más bien una sensación desasosegante y apremiante a la vez. Desasosegante por la maestría con la que Marianne Fritz ha hecho caer sobre el lector un retrato de la psique femenina complejamente desestabilizador. Y apremiante por la necesidad de seguir leyendo a Fritz y a cualquier otra autora que demuestre que otros mundos (de literatura femenina) son posibles. [Más información en la web de Alpha Decay]

 

Marianne Fritz

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