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Ay, el arranque de los 2000… Época en la que aún se respiraba parte de la ingenuidad heredada de los 90; en la que asomaba con fuerza, impulsada por el cambio de siglo, la curiosidad por el futuro recreado en la literatura y el cine que estaba a la vuelta de la esquina; y en la que, dicen, se vivían tiempos de bonanza en una burbuja que nadie veía que empezaba a hincharse. Muchos creían que el hoy sería muy diferente… Juniper Moon capturaron, musicalmente hablando, algunas gotas de la esencia de aquel excitante pero impreciso momento en un puñado de EPs y un único disco largo, El Resto de mi Vida (Elefant, 2002), a través de hits punk-pop efervescentes y dulzones (como “No te Pongas el Sombrero”) que luchaban contra dudosas corrientes aún vigentes como el tonti-pop.  Sí, amigos, ahora nos arrepentimos de ello, pero aquella etiqueta de moda sobrevivió conscientemente en nuestros oídos y cerebros hasta los inicios del siglo XXI.

Cuando la primera década de aquellos cambiantes 2000 comenzaba a agonizar -literalmente, en múltiples sentidos-, Juniper Moon ya habían pasado a la historia de indie-pop español. Pero de sus cenizas saldrían Linda Guilala, proyecto impulsado por dos de sus antiguos miembros, Iván y Eva, devotos de ese pop refulgente, espirituoso, expresado sin prefijos y formado por melodías y estribillos que se muestran como potentes razones para celebrar la vida. De tal materia se compuso su primer álbum, Bucles Infinitos (Elefant, 2009), con el que el dúo se alejaba de su pasado musical (aunque se atisbaba alguna leve reminiscencia) para crecer como un nuevo ente artístico. Algo que Linda Guilala consumarían con el EP Paranormal (Elefant, 2011), referencia que, para un servidor, ofreció la verdadera talla sonora de la pareja al insertar su brioso discurso sonoro entre brumas shoegaze y aterciopeladas texturas noise. De paso, también situaba a Iván y Eva a la altura de bandas absolutamente consolidadas con las que compartían más que raíces gallegas, como Nadadora, cuya aparición en este caso no es gratuita: disuelto (tristemente) el grupo de O Grove, Linda Guilala tienen todas las papeletas para recoger su testigo dentro del pop emotivo y atmosférico patrio y ocupar parte del hueco dejado en los corazones de sus seguidores.

La clave para entender que ello puede producirse pronto se encuentra en Xeristar (Elefant, 2014), trabajo que supone también el gran salto de Linda Guilala. Reconvertidos en trío con la incorporación definitiva del guitarrista Bruno Mosquera, su intervención en este mini-álbum se antoja fundamental al haber contribuido a la construcción del muro eléctrico que antes se apreciaba de manera tenue en el repertorio de los gallegos y que ahora adquiere todo el protagonismo en su renovada identidad estilística. En ella rebotan ecos de, naturalmente, los mentados Nadadora, Los Planetas  y los mejores Ride, cuyas vibraciones se detectan desde los primeros cortes del disco, “Chicas Guapas (Que Van a Trabajar en Moto)” y “Lo Siento Mucho”, de ritmo pausado pero que crece a medida que avanza, con una pegada melódica que se adhiere al cerebelo y un poso narrativo cuya sencillez expresiva (ahí queda como perfecto ejemplo el segundo de los cortes citados) pone los vellos de punta.

Por otro lado, la agitada vena indie-pop que siempre han mostrado Iván y Eva se reproduce aquí acudiendo a los tradicionales postulados del C86 y del twee-pop para tamizarlos con destellos noise de intensidad variable, como los que adornan “Verano”, “No Me Veis” y “Sábados de Tormenta”. Mención aparte merece “Haciendo Daño”, tanto por su planetera letra -en la que se da una nueva vuelta de tuerca al concepto de ‘rencor amoroso’, ideal para enviar en sobre perfumado a quien deba recibirla cual carta envenenada- como por su pátina shoegazing -que envuelve en un velo épico el delicado tono vocal de Eva-.

En “Xeristar” no sobra ni falta nada. De hecho, una de sus virtudes radica en que, a pesar de su brevedad, ofrece una completa visión de los actuales Linda Guilala y su habilidad para entregar gemas pop arrebatadoras, intensas y, por qué no, purificadoras y calmantes. Si nos metemos en cuestiones farmacéuticas, Xeristar es una marca bajo la que se comercializa un antidepresivo. Prueben a escuchar este mini-álbum en grandes dosis, sentirán de inmediato sus beneficiosos efectos…

 

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