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Os mentiría si os dijese que puedo escribir sobre Manel de manera imparcial; que no me conozco sus tres largos de memoria; que todas las palabras que sé en catalán (además de “més que un club”, “valors” y “seny”) no son gracias a ellos; que sus dos primeros discos no son un manojo de recuerdos; y que no los había visto nunca en concierto… Así que, siendo honestos, me presenté en la Sala Master Club de Vigo a una cita obligada para mí, con la perspectiva aún suficientemente nítida de su última actuación en tierras gallegas hace dos años: en 2011, también en diciembre y prácticamente en la misma fecha, presentando su celebradísimo 10 Milles per Veure una Bona Armadura (Discmedi, 2011). Pero el presente de Manel se concentra en “Atletes Baixin de l’Escenari” (Discmedi / Warner, 2013), un álbum que ha levantado cierta controversia entre público y prensa especializada y al que sacaron brillo en Galicia mediante una mini-gira con paradas en A Coruña, Santiago de Compostela y Vigo. Hay que reconocer que dicho trabajo no tiene la pátina buenrrollista ni el acabado redondo de su predecesor, pero es un LP más maduro que denota una relativa evolución de la banda hacia un sonido menos naif, acústico y sencillo, trufado de arreglos eléctricos a los que no nos tenían acostumbrados aunque sin perder ni un ápice de su personalidad y discurso conocidos.

En cuanto accedí a la Sala Master Club -ya cumplida la intervención de Caxade, los teloneros de lujo- me satisfizo ver el espacio repleto de gente: sigue resultando cuanto menos curioso ser testigo de un panorama así para escuchar un concierto en catalán en suelo galaico. Quizá el hecho de que Galicia posea una lengua propia hace más atractivo y libre de prejuicios atender los versos de un grupo como Manel. La segunda nota diferente se centraba en la edad media de la audiencia, en la que los más jóvenes eran los menos y rozaban la treintena… Cuestiones de edad aparte, el frío de diciembre se coló en nuestros cuerpos de tal manera que tardamos un buen rato en entrar en calor; a su vez, nuestra actitud parecía haber contagiado a los propios Manel.

Con todo, los catalanes no tardaron un segundo en destapar el tarro de las esencias de “Atletes Baixin de l’Escenari” con “Ai, Yoko”. Daba la sensación de que arrancaban un poco acelerados y con el pitch subido, tocando con un tempo más elevado de lo habitual. Por un momento temimos que el concierto a esa velocidad no durara ni sesenta minutos… No fue hasta pasado el primer cuarto de hora cuando, gracias a “La Gent Normal” (su versión catalanizada del “Common People” de Pulp), el personal comenzó a desentumecer sus músculos: por fin empezábamos a conectar con los que estaban encima del escenario. Poco a poco fueron cayendo clásicos de su discografía como “Roma”, “La Cançó del Soldadet” o “Boomerang”, recibidas con agradecimiento por un público entre el que se apreciaba que “Atletes Baixin de l’Escenari” todavía no había calado hondo.

 

 

Era imposible no tirar de la memoria y del recuerdo al anterior concierto vivido por un servidor y comentado unas líneas más arriba… Algunos nos sentíamos nostálgicos al echar de menos aquel sonido de tinte melancólico que Manel desplegaban en directo a través de un armazón mucho más acústico. El sonido regular de la sala, el ímpetu con que atacaban las canciones, la ausencia del característico ukelele que tanto habían utilizado en el pasado y el predominio de las guitarras eléctricas provocaban que el set alcanzara nuestros oídos de una forma extraña… Guillem Gisbert tampoco hizo uso de los continuos monólogos que tanto nos habían hecho reír en la anterior ocasión, pero no dudó en lanzar algunos piropos al respetable y hacer un pequeño y emotivo homenaje a Antònia Font, disueltos recientemente, para dedicarles el tema “Banda de Rock”.

Guiados por un repertorio que fue de menos a más y en el que se mezclaban con naturalidad las composiciones más frescas de Manel (“A Veure Què en Fem”, “Quin Dia Feia, Amics”, “Un Directiu em va Acomiadar”) con otras más antiguas (“Flor Groga”), nos vimos envueltos repentinamente en un concurso de danzas bizarras que tuvo su culmen en “Teresa Rampell”, con Guillem moviéndose ante el micro y animándonos a que diéramos rienda suelta al hortera que todos llevamos dentro y que pocas veces nos atrevemos a sacar. Pero sabíamos que el concierto no podía acabar así, ya que aún quedaban por escuchar sus canciones cuasi míticas aprendidas al dedillo y que algunos cantamos en un catalán de acento gallego… Como si de una ley no escrita se tratase, permanecimos quietos a la espera del deseado bis -por el que desfilaron “Aniversari” y “Benvolgut”-, prolongado por una inesperada continuación rematada por una “Al Mar!” coreada, bailada y celebrada por toda la sala. Para finalizar una velada como la disfrutada nada mejor que recurrir a las palabras de Manel para despedirse: “Adéu, fins sempre, sort!”

[TEXTO Y FOTOS: David Ramírez]

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