Nuestra crónica de todo lo vivido (y gozado) en el Paredes de Coura 2015 deja bien claro por qué sigue siendo visita obligada incluso para españoles.

 

Durante las semanas previas y, especialmente, a pocos días de su inicio, se veía venir: la edición 2015 del festival Paredes de Coura sería de récord. Un hecho que se confirmó la segunda tarde del certamen, cuando la organización anunció que se habían vendido todos los abonos y entradas diarias. Así, con todo el papel vendido, aumentaba la sensación de que la reunión en el norte de Portugal se había convertido, por la cantidad y calidad de su cartel y las posibilidades de disfrute extramusical que ofrece, en la cita más esperada de la agenda festivalera del país vecino esta temporada. Aunque este logro también vino acompañado de las correspondientes críticas ante el peligro de que la singular identidad del Paredes de Coura se diluya en el futuro por las grandes expectativas que genera y no posea la capacidad suficiente para acoger una cada vez mayor cantidad de público.

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La misma dirección del festival, sin embargo, se encargó de confirmar rápidamente que su objetivo no ha sido ni será transformar el evento courense en un acto masificado e incómodo, para lo que limitará conscientemente su tope en los 100.000 asistentes que, rebasando esa cifra, llenaron tanto las orillas de la playa fluvial do Taboão junto a la que se sitúan el camping y la zona de esparcimiento del festival como el recinto en el que se encuentran sus dos escenarios.

Pero, pese al impacto que provocaba saber que el Vodafone Paredes de Coura 2015 sería su capítulo más concurrido, sobre el terreno no existieron demasiadas diferencias en cuanto a distribución, disposición y acceso a servicios (en ciertos puntos, ampliados) con respecto a ediciones anteriores. Sólo en el área de conciertos se observó alguna complicación en forma de problemas de sonido en ciertos lugares de la ladera del palco Vodafone y de puntuales aglomeraciones bajo la carpa de su espacio secundario, Vodafone FM -rebautizado como After Hours cuando se alcanzaba la madrugada-.

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En cualquier caso, se demostró que, finalmente, el tradicional emplazamiento del Vodafone Paredes de Coura había absorbido la avalancha humana que se presagiaba, ya fuera disfrutando de las bondades de la meteorología estival -presente hasta la última jornada- sobre la verde superficie del valle courense y en las calles del pueblo que da nombre al festival o catando cada directo frente a los escenarios. De hecho, el espíritu de concordia y felicidad que define al evento luso no sólo se conservó intacto, sino que además se multiplicó a medida que iban transcurriendo los días.

Tuvo mucho que ver en ello, lógicamente, una parrilla artística que incluía géneros y estilos para todos los gustos y grandes nombres cuyo despliegue -que se movió entre la sorpresa y la decepción- sirvió para medir la (alta) temperatura sonora del Vodafone Paredes de Coura 2015 y la que puede producirse en su siguiente edición de 2016, a celebrarse del 17 al 20 de agosto. Pero esa será otra historia…

 

MIÉRCOLES 19 DE AGOSTO
Mitos y leyendas

Antes, quedémonos con lo sucedido este año… Empezando por su jornada inaugural, de nuevo desarrollada en su totalidad en un escenario principal cuyo aforo reflejaba que la locura desatada (sobre todo en redes sociales) ante el inminente comienzo del Vodafone Paredes de Coura 2015 no se correspondía con la realidad. Sí que se notaba una abundante afluencia de público en comparación con épocas pasadas para tratarse de su primer día, aunque ese detalle no se traducía en desbordamiento o multitud descontrolada. Simplemente, la programación que daba el pistoletazo de salida al festival superaba la media por las referencias que presentaba, circunstancia que atrajo una elevada atención desde que se desvelara su composición.

 

PALCO VODAFONE. Los portugueses Gala Drop estrenarían el palco grande descorchando un synth-rock de tintes new wave y psicodélicos que animarían una ya de por sí caliente atmósfera. Su mezcla de ritmos dinámicos con otros más insinuantes, sus guitarras titilantes y sus bajos potentes sumergidos en algunos pasajes extensos e ideales para entrar en trance se mostraron como un buen aperitivo de lo que estaba por venir.

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El primer puñetazo en el estómago llegaría cortesía del post-punk académico y fidelísimo a sus influencias de Ceremony. Guiados por un Ross Farrar hiperactivo y con su tatuado torso a la vista, no se pusieron tan oscuros como se esperaba ya que exhibieron la sangre pop que corre por las venas de su último trabajo, “The L-Shaped Man” (Matador, 2015). La infalible “The Separation” y “The Party” fueron buenos ejemplos de ello, aunque los californianos tampoco pudieron ocultar su adoración por Joy Division a través de piezas como la punzante “Your Life In France”. Dicho mimetismo con la seminal banda mancuniana se compensó con la entrega de una formación compacta que aplicó con contundencia las lecciones básicas aprendidas sobre el post-punk primitivo, al que a veces le quitaban el prefijo post para quedarse con el segundo elemento de la ecuación, verter electricidad a borbotones y recordar tiempos más salvajes como en “Sick”, tema con el que Farrar saltó al frente de la fila delantera provocando en ella una pequeña revuelta. Sólo así podía acabar un concierto tan veloz y penetrante como los balazos disparados por Ceremony.

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Blood Red Shoes intentaron del mismo modo, mediante su sencilla fórmula de guitarra más batería, impactar en los oídos y cuerpos de los presentes con su rock robusto por fuera… pero poco consistente por dentro. Pese a la energía volcada, el sonido pergeñado por Laura-Mary Carter y Steven Ansell llegaba como un estilo muy en boga hace casi una década pero no tanto en la actualidad. Esa falta de puesta al día, con todo, no condicionó la pasión mostrada por una parroquia portuguesa que seguía guardando devoción al dúo de Brighton. Algo sorprendente teniendo en cuenta su fiereza relativamente impostada. Es decir: mucho ruido y pocas nueces…

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El segundo gran golpe de la jornada iría directamente al corazón de la mano de Slowdive, rodeados por la expectación que sólo generan los mitos musicales. Asentados en su fase de retorno consumada en el 2014 -con nuevo álbum en el horizonte- tras veinte años separados, su intervención en el Vodafone Paredes de Coura 2015 fue una oportunidad de oro para paladear en directo la excelencia de un catálogo incorrupto y fundamental dentro de la ola shoegaze primigenia por destapar su cara más sensible. De ahí que el arranque con “Slowdive” resultara el principio de una especie de viaje a un tiempo que parecía no haber pasado al comprobar cómo la voz de Rachel Goswell se mantenía dulce y angelical y las guitarras comandadas por Neil Halstead caían del cielo en forma de acordes puros y transparentes. Con esa base inmaculada, Slowdive tejieron su delicada red shoegaze que acariciaba el alma y alimentaba las emociones construyendo cascadas de distorsión (“Catch The Breeze”), extendiendo sedosos mantos eléctricos (“Souvlaki Space Station”), dibujando espirales de feedback apabullante (“Crazy For You”) o buscando la melodía perfecta en medio del ruido (“When The Sun Hits”). Cuando apareció una sublime “Alison”, el valle courense ya se había convertido en un espacio gaseoso e intemporal. El mismo lugar en el que permanecen y permanecerán eternamente Slowdive y su colección de joyas sonoras.

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Por su parte, TV On The Radio ratificaron que su repertorio continúa siendo, cuanto menos, peculiar, al combinar (indie)rock, black music, devaneos con la electrónica y mensaje comprometido. Sin embargo, han perdido la inspiración de antaño. Hecho que se trasladó a un set que cabalgó entre el dinamismo de “Happy Idiot” o “Wolf Like Me” y la templanza de pasajes empapados de efluvios soul sin que cuajara del todo su teórica fuerza. Ni siquiera en el (solicitado por muchos asistentes) mini-bis, en el que la banda interpretó “Dancing Choose” en clave punk. TV On The Radio eran los supuestos cabezas de cartel del día, pero tal medalla habría que habérsela colgado al grupo anterior…

 

PALCO AFTER HOURS. Dj Fra subiría el telón de la carpa secundaria bien entrada la madrugada repartiendo una buena ración de tech-house percutivo que tanto estimuló a las aves nocturnas como puso banda sonora a los sueños de los que se retiraron a sus aposentos a la orilla del río Coura.

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