Las 25 mejores películas de 2016

¿Quieres saber cuáles han sido las 25 películas de este año 2016 que pasarán a la historia del cine? Pues atiende a esta lista, que viene fuertecita.

 

Cada vez resulta más difícil acotar una lista como la de las mejores películas del año… Al fin y al cabo, ya no es sólo que nos encontremos con la dificultad de las fechas, con tener que responder siempre a lo de “¿cuentan las películas estrenadas en España en el año 2016 o las películas estrenadas globalmente en 2016 y que ya hemos visto en festivales?” (y, aunque cada año lo explicamos, volvemos a hacerlo: cuentan sólo las películas estrenadas en nuestro país en el año corriente, así que las que hemos gozado en festivales quedan para la lista del año que viene… e incluso más allá). No es sólo eso.

Es que, desde este mismo año, a la encrucijada de las fechas tenemos que sumar otra nueva odisea: la de los servicios de VOD. ¿Contamos una peli que no haya pasado por taquilla pero que se haya estrenado directamente en Netflix o en Filmin? ¡Pues claro que sí! Pero, con todo el jaleo que tenemos encima, cuando todavía no nos hemos acostumbrado a Netflix y ya tenemos encima HBO (que, por cierto, ojito con su catálogo de cine), nos va a llevar un tiempo hacernos con todo este tinglado. Nuestra previsión es que esta problemática será especialmente jugosa en la lista de lo mejor del 2017. Tiempo al tiempo.

Pero por ahora quedémonos con lo que tenemos sobre la mesa, que no es otra cosa que nuestra lista de las 25 mejores películas del año 2016… ¡Esto sí que te dan ganas de exclamar “¡hazte con todas!” y no el “Pokémon GO“!

 

High-Rise

25. HIGH-RISE, de Ben Wheatley. No hay que menoscabar en absoluto el concepto, la idea y el atrevimiento de Ben Wheatley a la hora de concebir y ejecutar “High-Rise“. Una idea, una ucronia, que no destaca tanto por su metáfora como por el arrojo visual del que, al menos en su concepción, quiere hacer gala. En el fondo, la idea que transita en el film es la descripción del poder, lo que comporta, lo que produce y los efectos que genera en la sociedad.Un mundo este, el del poder, reflejado en un microcosmos en forma de edificio donde cuanto más arriba se vive, más prebendas y poder se tiene. Un mundo ensimismado cuya realidad exterior parece no existir y que se dibuja a través de un estética setentera anacrónica y una arquitectura que bebe tanto de Le Corbussier como del estilo Luzhkov soviético. Algo también simbólico en tanto que encarna la mezcla entre la utopía socialista, su degeneración monstruosa totalitaria y su conversión final en isla grotesca, en espejo deformante del idealismo buscado. [leer más]

 

Comanchería

24. COMANCHERÍA, de David Mackenzie. Dos hermanos, dos policías, el gran escenario tejano haciendo de telón western, una pizca de road movie, otra de comedia, otra de crítica social, una dudosa línea entre el bando de malos y buenos y un argumento en principio un tanto trillado: el ojo por ojo de toda la vida, elevado al cubo y traducido en robar el banco que te quiere birlar tu casa de mala manera por estar en banca rota y no pagar la hipoteca. David Mackenzie a la cabeza de este cóctel explosivo que hubiera podido resultar el tostón del año pero que ha resultado ser uno de los mejores filmes que hemos visto. “Hell or High Water” nos toca, y nos toca muy de cerca. Y es que bajo ese telón rural que parece tan lejano que casi huele a una época pasada no hay más que un espejo directo a la sociedad actual en la que vivimos. La injusticia corta el ambiente, la impotencia te rasga por dentro, y el calor y la presión se palpa en el espacio. Ojalá Nick Cave aderezase también con sus notas nuestra vida, todo sería si no más fácil, sí un poco más bonito. [Beatriz Muyo]

 

Dead Slow Ahead

23. DEAD SLOW AHEAD, de Mauro Herce. Mauro Herce era alguien desconocido para muchos cinéfilos hasta que, en el año 2015, “Dead Slow Ahead” aterrizó en festivales como Locarno y Sevilla. A partir de entonces, su nombre nos sonaría más por ser el responsable de una de las películas más estimulantes que ha dado el cine de este país en años. ¿Por qué? Por su uso tan expresivo y a la vez altamente experimental del sonido, por ser capaz de construir una historia de ciencia ficción, de terror y al mismo tiempo quizá también un inquietante documental a partir de su sugerente baile de sombras y movimientos, todos ellos teniendo lugar únicamente dentro de un carguero que navega en la inmensidad del mar sin un rumbo claro. “Dead Slow Ahead” es una película sensorial, en la que la forma hace el contenido, que navega -valga la metáfora fácil- entre títulos tan célebres como “At Sea” (2007) y “Leviathan” (2012). Un viaje a otra dimensión en el que vale la pena someterse. [Isart Armengol]

 

Sing Street

22. SING STREET, de John Carney. ¿Cómo explicar “Sing Street“? Una de esas películas que hace fácil lo difícil, o cuanto menos hace diferente y hondo lo que podría haber sido obvio y superficial. El director de la celebrada “Once” y la menos celebrada por algunos “Begin Again” vuelve a su tierra natal Dublín, esta vez en los 80, para contar una nueva historia de amor… adolescente y musical. John Carney une sentido del humor, emotividad, ternura y también una pizca de drama en la medida justa para que la mezcla dé como resultado una cinta que, como algunos de sus números musicales, suena con fuerza, convicción y armonía. El concepto happy-sad, que aparece en la película, es precisamente la clave para entender de qué trata realmente. “Sing Street” es una canción de amor loca, rebelde, impulsiva, ingenua y soñadora… Igual que el romance entre sus dos jóvenes protagonistas. [Isart Armengol]

 

La Academia de las Musas

21. LA ACADEMIA DE LAS MUSAS, de José Luis Guerín. La fascinante nueva obra de José Luis Guerín narra casi a modo de documental salvajemente íntimo la relación que se establece entre un profesor de filología y sus alumnas ante la mirada de su mujer. La primera virtud del director catalán a la hora de plantear la construcción del relato es romper de forma absoluta pero con ternura la membrana que podría separarnos emocionalmente de la historia; la cámara de Guerín es un testigo cercano, demasiado cercano, a las tragedias -pero también, indivisiblemente, comedias- que nacen de esta rueca narrativa en la que el profesor actúa como eje intelectual-emocional y las alumnas giran en torno a él para crear la historia mediante el engranaje perfecto de todos los elementos. [leer más]

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