Pla: cuando la cocina es una cuestión de profundidad

Basta ya de buscar el plato más exótico de la ciudad… Si lo que quieres es una experiencia gastronómica íntima y profunda, el Pla es tu sitio.

 

Qué fácil es sorprender por la vía de lo novedad. Reconozcámoslo: las primeras veces siempre las idealizamos, aunque con el tiempo más que probablemente las pongamos en su lugar (incluso en un lugar desastroso) gracias a la experiencia. La primera vez que pruebas un pho, te mueres. La primera vez que explota en tu boca un soup dumpling, casi te da algo. La primera vez que te dejas llevar por la cocina caribeña, pierdes la cabeza… Es normal, entonces, que la vida de un aficionado al buen comer parezca marcada por itinerarios a la búsqueda de la novedad, de ese plato desconocido con el que dar envidia a nuestros colegas en el feed de nuestro Instagram.

Pero, ¿sabéis que os digo? ¡Que ya basta! Quiero menos exotismo en mi vida y quiero que, al fin y al cabo, me sorprendan por la profundidad de la experiencia, no por lo brillante de su superficie. Es el gran reto de la cocina de proximidad: dejarse de mandangas y, simple y llanamente, ofrecer lo mejor del lugar, esforzarse por sorprenderte con algo que ya has comido mil y una veces… Eso es lo que he (re)encontrado en el Pla, restaurante situado en el número 5 de la calle Bellafila (Barcelona). Y si pongo ese (re) antes del verbo es, precisamente, porque hace una década más o menos, antes e la revolución foodie, ya había comido allá en un par de ocasiones. Pero lo siento: no recordaba la experiencia tan (perdón por la palabra malsonante) jodidamente maravillosa.

Empezando por el lugar: ¿te has quedado tal cual al leer el nombre de la calle Bellafila? Tranquilo, que es normal. Pero ¿qué me dirías si te chivo que es una calle que está a un tiro de piedra de Plaça Sant Jaume y, por lo tanto, a medio camino entre Via Laietana y Las Ramblas? Seguro que te vas situando un poco mejor. Al fin y al cabo, esa es la maravilla el Pla: que es un rinconcito mágico en una calle escondida de las miradas del mundo pero que, a su vez, está a un tiro de piedra del mayor de los bullicios. Una vez cruzas su puerta de entrada, sin embargo, esa sensación de mágica quietud se ve multiplicada por lo acogedor del lugar: el local se divide en varios espacios (superior, inferior y un pequeño apartado ultra romántico que os recomiendo que reservéis si queréis impresionar a vuestra pareja), pero todos ellos son perfectos para los amantes de las iluminaciones tenues que inevitablemente otorgan intimidad y calidez.

 

 

Intimidad y calidez que, de hecho, vuelven a hacer acto de presencia en una carta que juega con el concepto de proximidad para sublimarlo en sí mismo, sin necesidad de recurrir a exotismos lejanos. Abundan los ingredientes locales y mediterráneos, pero en excelsas preparaciones tan interesantes como el carpaccio de rábano, el risotto de algas y gambas, el mi-cuit de foie (con peras al Gewürztraminer y brioche), el bacalao confitado (con coliflor, curri y ajo asado), la galta de ternera (con puré de patata y salsa Madeira), las verduras Km. 0 (con “mongeta de St. Pau” y mantequilla de rábano picante)… Por no contar postres de quedarse un poco lelo como la Little Hot Banana o la Ganache. Y que no se me olvide: señores, señoras, La Presentación. Así, con mayúsculas. Lo del emplatado del Pla es puro arte. Y poco más puedo añadir.

Bueno, sí, un último apunte: ojito con la carta de vinos. Bueno, no, nada de ojito. Lo impresionante del Pla no es que tenga una selección de vinos que sorprenderá a los entendidos. Que seguro que es así. Pero yo no soy entendido, y tengo que decir que la sorpresa fue más bien dejarme llevar por las elecciones del sumiller, capaz de hacer verdaderas maravillas al maridar sus elecciones y, sobre todo, sorprendiendo a quien bebe. No diré más: si quieres sorpresas fáciles, cada día abren en Barcelona cuatro restaurantes de comidas exóticas que nunca has probado. Si quieres primeros polvos, esa es tu opción. Ahora bien, si quieres la profundidad y la intensidad de un polvo con alguien conocido que conoce tu cuerpo (y tu paladar), el Pla es tu nuevo restaurante favorito. [Más información en la web del Pla]

 

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