Nuestra crónica del portAmérica Rías Baixas 2015 dice que su capacidad de progresión es infinita… Igual que su tremenda capacidad de diversión.

 

CUADERNO DE BITÁCORA: INICIO DE LA CUARTA PARTE DEL TRAYECTO. El destino le debía una al portAmérica. O, si manejamos un concepto más terrenal, el azar meteorológico. De ahí que, en los instantes previos a que se inaugurase su cuarta edición, resultase inevitable recordar aquella nefasta segunda jornada de su capítulo de 2014 que había sido cancelada forzosamente por riesgo de tormenta eléctrica. Sólo imaginar que pudiera repetirse una escena similar provocaba escalofríos; más que nada porque, de pasar otra vez por ese trance, habría muchas posibilidades de que tanto el festival como, por extensión, sus asistentes (especialmente los habituales) sufriesen una metafórica herida de muerte.

Pero, por suerte, nada de eso sucedió. Todo lo contrario: los elementos se conjuraron para que no fuese necesario consultar previsiones cada minuto, cruzar los dedos ni invocar a alguna deidad de la naturaleza ante el cegador sol y, a veces, agudo calor que presidieron buena parte de los tres días de duración del certamen. Así pues, tal como hizo el público en cuanto atravesaba las puertas del recinto de Porto do Molle (Nigrán, Pontevedra), en estas líneas no volveremos a mencionar el asunto climatológico casi por una cuestión de fe. No vaya a ser que el gafe en forma de lluvia y rayos quiera regresar a tierras del Val Miñor dentro de doce meses…

Pero no actuemos como falsos pitonisos y sigamos esbozando el gran cuadro del portAmérica Rías Baixas 2015. Más allá de cifras y datos oficiales, bastó con dejarse llevar por las sensaciones que transmitían su planteamiento y atmósfera para intuir que, sin haber variado su estructura, el festival había crecido. No tanto físicamente, ya que ese particular universo compuesto por un planeta musical, un satélite gastronómico (el espacio ShowRocking, una auténtica caja de sorpresas…) y diferentes asteroides (la denominada Factoría de Talentos -que reunía muestras de artesanía y productos de creadores locales-, la zona de la ONG Entreculturas o expositores de actividades de ocio) mantenía su distribución habitual; sino más bien emocionalmente, dado el positivo ambiente que se respiraba en su interior desde el primer momento. Se presentía que la concurrencia, estimulada por la esencia aglutinadora de portAmérica, llegaba a Nigrán dispuesta a quitarse varias espinas.

Un objetivo que conseguirían gracias a los protagonistas de la programación, tanto los que se colocaron tras los fogones para ofrecer las exquisiteces presentadas en pinchos ideados por los 25 chefs (8 Estrellas Michelin incluidas) en la carpa ShowRocking como los que se subieron a los dos escenarios –SON Estrella Galicia y “La Playa de Los Ahogados” (una idea a tener muy en cuenta: una película patrocinaba un escenario festivalero)-, cuyo despliegue en directo demostró que el portAmérica Rías Baixas 2015 ha reforzado su condición de esponja que absorbe y exhibe sonidos globales que, en determinadas fases, traspasan las fronteras de la filosofía portamericana: conectar la cultura en general y la música en particular de Galicia, España y Europa con la de América.

Por ello, unidos todos los factores descritos, se puede concluir que el portAmérica Rías Baixas 2015 ha elevado un peldaño más el funcionamiento organizativo y la oferta artística de una reunión que se ha convertido en cita clave de la agenda veraniega del noroeste español por su singularidad y poder de atracción.

 

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CUADERNO DE BITÁCORA: JUEVES, 16 DE JULIO. Ya es una tradición para el que escribe estas palabras realizar un pequeño ritual según los cánones estivales antes de empezar la travesía hacia Nigrán: ver por televisión la correspondiente etapa del Tour de Francia, zamparse un helado y mentalizarse de que introducirse en portAmérica supone iniciar un placentero viaje a Porto do Molle que, a lo largo de tres días y tres noches, estimula los sentidos hasta abstraerse, en mayor y menor medida, de la realidad (especialmente en los oscuros tiempos que vivimos…). De tal modo, que la única tarea en la que se concentraba el cerebro ya con los pies dentro del recinto consistía en moverse alternativamente cual bola de pinball entre los dos escenarios.

En “La Playa de Los Ahogados”, teórico espacio secundario (aunque no por tamaño y potencia de sonido), Carmen Johns y su banda acompañante ejecutarían las primeras notas del festival en plena tarde para entregar al todavía escaso público su pop amable, melodioso y ribeteado con arreglos electrónicos que compactaban su, en apariencia, pátina delicada. Su lograda versión del “Lisztomania” de Phoenix animó a todo aquel que buscaba uno de los peculiares pufs en forma de saco dispersos por el terreno para observar cómodamente el desmepeño de la viguesa.

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Pronto los presentes tendrían que deshacerse de sus efímeros asientos para recibir una buena dosis de adrenalina de la mano de Belako, que abrían el escenario SON Estrella Galicia descargando con fiereza (sobre todo su rubia cantante y teclista, Cris Lizarraga) sus bombas rock, una veces próximas al punk-hardcore y, otras, al pop. Un par de ejemplos de la maleabilidad del repertorio de la banda vasca fueron, por un lado, la aplastante “Zaldi Baltza”, la cual, inevitablemente, obligaba a relacionar por enésima vez el derroche de energía del cuarteto con su insolente juventud; y, por otro, el cover del clásico “Sinnerman” de Nina Simone, inclinado hacia el post-punk / new wave. Quizá les hubiera sentado mejor tocar en el turno de noche, aunque ese hecho no condicionó ni un segundo su enérgica actuación.

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Uno de los aspectos más llamativos de portAmérica es su capacidad de sumergir a la audiencia con pasmosa facilidad en un océano sonoro diverso. Por eso no sorprendió que, tras los zurriagazos de Belako, apareciese Ana Tijoux y su personal hip hop que combina sonidos autóctonos de su país de origen (Chile), ritmos funk, rock, guitarras wah wah, mensajes comprometidos y flow ágil y sustentado en rimas cuya fuerza se multiplicaba sobre las tablas gracias a un MC (también disc jockey y percusionista). Sin perder su pulso bailable, Tijoux aportó frescura a un set que fue creciendo hasta que se culminó con “1977”, no por esperada menos celebrada en la explanada. De acuerdo, ese tema es su santo y seña, pero la (franco)chilena demostró gracias a otras piezas de su catálogo, sin alardes ni artificios innecesarios, por qué es considerada una de las raperas más importantes en el panorama hispano-parlante.

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De vuelta al mundo del pop, Villanueva trasladaron con vigor el contenido de “Viajes de Ida” (esmerArte, 2014), primer álbum de Josete Díaz al frente del proyecto bautizado con su segundo apellido. Exprimiendo al máximo la vena eléctrica de sus composiciones conocidas sin dejar de exhibir sus virtudes melódicas (como en “Ahogándonos”), Villanueva tuvieron tiempo para presentar un nuevo tema con agradables reminiscencias a The Smiths (vía “There Is A Light That Never Goes Out”) y regalar al respetable una reinterpretación del “Por Qué te Vas” de Jeanette con Nico Pastoriza como invitado de excepción. Los miembros de esta web destacados en portAmérica saldábamos así nuestra deuda con Josete y amigos, después de no haber podido ser testigos de su directo la edición anterior.

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Otra clase de deuda (si es que existía realmente) parecía tener Iván Ferreiro, hijo pródigo del portAmérica, con aquellos seguidores que, un año antes en el mismo lugar, habían acogido con tibieza e incomprensión su tributo en vivo a Golpes Bajos, “Golpes Bajos, Rebobine, Por Favor”. Para compensarlos, se subió al mini-escenario instalado bajo la carpa ShowRocking e hizo que propios y extraños se arremolinaran a su alrededor hasta crear un pequeño karaoke colectivo a golpe de “Años 80” o “Turnedo”. Se prolongaba de esa manera la magia de una serie de sorpresas en tal inaudito espacio destapada poco antes por Pasajero.

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En “La Playa de Los Ahogados”, Little Jesus -vestidos de impoluto blanco- se disponían a aplicar dinamismo, calidez tropical y luminosidad beachboyesca a un cancionero tan refrescante como una Coronita bien fría que transitaba sin pudor por el libro de estilo de Two Door Cinema Club (“Mal”) o The Strokes (“Jóvenes”). La intención del grupo mexicano era, simplemente, agitar a un público al que le faltaba un empujoncito para meterse de lleno en el meollo festivalero. Fin que logró tirando de melodías saltarinas y estribillos adhesivos como los de “Color” y, claro, “Azul”, tomada por muchos como el tema oficial del portAmérica Rías Baixas 2015.

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Luego, de la novedad de catar por primera vez el directo de Little Jesus, se pasó al rescate arqueológico sonoro dirigido por Siniestro Total. A estas alturas, se conoce al dedillo la función interpretada por los vigueses, basada en las divagaciones de Julián Hernández -que incluyeron tanto una dedicatoria al fallecido recientemente Javier Krahe como un comentario ácido sobre el mismo Porto do Molle, un parque empresarial inacabado- y el repaso a su vasta discografía, un innegable pedazo de historia del rock galaico. Así que, como era previsible, entre la temprana “Miña Terra Galega” y “Bailaré Sobre tu Tumba” cayeron más clásicos básicos (“Rock en Samil”, “Camino de la Cama”, “Todo por la Napia”), zarpazos punk (“Ayatollah”), arengas corrosivas (“La Paz Mundial”) y cantos auto-reivindicativos (“Somos Siniestro Total”) que desempolvaron recuerdos de juventud a los rockeros veteranos (y no tanto) allí presentes que se dejaron las cuerdas vocales rememorando tiempos pasados ¿mejores?

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El contraste con la sesión de The Asteroids Galaxy Tour fue evidente. Frente a una formación que se podría denominar one hit wonder y ante el peligro de que su “The Golden Age” fuese la única motivación para acercarse a su directo, surgían dudas sobre cómo se resolvería este finalmente. Su último álbum hasta la fecha, “Bring Us Together” (Hot Bus, 2014), trazó las líneas maestras de un show que arrancó con el funk estiloso a lo Chic / Nile Rodgers de “Navigator” y en el que predominó el pop feliz, colorido y repleto de groove y arreglos electrónicos. Eso sí, de ritmos reptantes que incitaban al baile sinuoso sugerido por la carismática y empática Mette Lindberg hasta que, efectivamente, “The Golden Age” estalló como una piñata rellena de confeti.

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El reggae tradicional de los míticos pero remozados The Skatalites también invita a realizar movimientos acompasados y sosegados, aunque la hora a la que les correspondía aparecer quizá no ayudó a que su propuesta cuajara como debiera entre el gentío. La tarea de la numerosa banda ya era de por sí complicada, ya que había entrado en el cartel del portAmérica Rías Baixas 2015 pocos días antes para sustituir a los caídos Molotov, hipotéticas estrellas de la jornada inaugural del certamen. Por ello, con cierto regusto a decepción flotando en el ambiente por lo que tenía que haber sido y no fue, sus incunables instrumentales enriquecidos por trompeta, saxo y trombón (“Music Is My Occupation”, “Dick Tracy” o la relectura del tema de “James Bond”) y sus piezas guiadas por la voz de Doreen Shaffer se quedaron en meros acompañamientos de una plácida noche de verano pese a su intenso aroma dub / rocksteady. Ni siquiera el peso de la historia hizo abrir las orejas de par en par para que los típicos efluvios jamaicanos hiciesen su efecto al 100%.

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Con Killer Barbies sucedió algo similar a lo acontecido con Siniestro Total: su actuación serviría para apretar el botón de rewind aunque, en este caso, hacia los 90. Su época ya ha pasado claramente, pero, en un vigoroso ejercicio nostálgico, los vigueses se aplicaron a fondo para recuperar su gran hit, “Love Killer”, su versión de “Autosuficiencia” de Parálisis Permanente, homenajear a Sex Pistols y Misfits y, de paso, encumbrar a Silvia Superstar como magnética diva pin up del power-punk-pop incólume dos décadas después. Pese a cierta monotonía, Killer Barbies entretuvieron al personal lo justo y necesario.

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Algo (mucho) más que eso se le pedía al encargado de cerrar la primera noche de portAmérica Rías Baixas 2015: Remi Kabaka, alma máter de Gorillaz Sound System. Situado a solas tras la mesa de mezclas, combinó en una batidora dubstep, trap, drum ‘n’ bass y breakbeat algunos de los temas más significativos de su banda nodriza (“Feel Good Inc.”, “Clint Eastwood”, “19-2000” o “Dirty Harry”) con piezas de bajos profundos y bombo percutor, mientras en los visuales jugaba con fragmentos de sus correspondientes videoclips. Pero daba la impresión de que las aves nocturnas preferían quedarse sólo con las tonadas reconocibles de Gorillaz o con los tramos electro y techno (que incluso coqueteaban con la EDM). La irregularidad del dj set provocaba que, el que más y que menos, empezase a pensar en el (gran) segundo día del festival que se avecinaba.

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