Tres libros le han bastado a Raduan Nassar para convertirse en un básico de las letras brasileñas… No es difícil entender por qué con “Un Vaso De Cólera”.

 

¿Cómo llega hasta nuestros días (y nuestro país) un texto brasileño del año 1978 con apenas ochenta páginas? ¿No lo tiene todo (la lejanía de su procedencia, el paso del tiempo, lo fugaz de su extensión) para haber sido olvidado en estas casi cuatro décadas que han transcurrido desde su publicación original? Sus logros tienen que ser realmente poderosos para que un manuscrito de estas características llegue hasta el día de hoy… Y, de hecho, habrá que reconocer que el alcance y los logros de “Un Vaso de Cólera” (editado en nuestro país por la editorial Sexto Piso) de Raduan Nassar son mucho más que magnánimos. Por eso ha perdurado.

Habrá que empezar, sin embargo, por el principio: ¿quién es exactamente Raduan Nassar? Es este uno de esos autores de culto adorado por un círculo pequeño pero apasionado que ha luchado para que sus escritos superen los envites de ese tiempo / Cronos que todo lo devora. Lo curioso del caso es que la bibliografía de Nassar tan sólo cuenta con tres libros: “Labor Arcaica” (1975), “Un Vaso de Cólera” (1978) y “La Chica del Camino” (1997). Suficiente para ser considerado uno de los escritores básicos de la literatura brasileña de las últimas décadas… Y si esto suena a palabras mayores o a magnimalismo de crítico literario, basta leer de una sentada “Un Vaso de Cólera” para entender la relevancia de Nassar y su obra.

Al fin y al cabo, este libro (que tuvo una adaptación cinematográfica algo localista en el año 1999 bajo el título de “Um Copo de Cólera“) es la encarnación pluscuamperfecta de un pequeño tema que se extrapola a uno grande utilizando un método sublime de inducción metafórica. Para empezar, y haciendo honor a su propio título, “Un Vaso de Cólera” destaca por destilar de forma finísima pero sublime esa cólera que, inevitablemente, acaba habitando el subsuelo de muchas parejas. Simplemente está ahí y, cuando menos lo esperas, sin motivo aparente, ataca de forma mortífera. La serpiente de la novela de Nassar se enrosca en torno al cuello de un personaje masculino que narra en primera persona una sonadísima pelea con su pareja, mucho más joven que él, de un extracto social presuntamente diferente.

Por debajo de (o muy por encima, casi cubriendo) esta discusión de la pareja protagonista de “Un Vaso de Cólera”, hay una tensión primigenia que tiene que ver con la eterna lucha de clases.

Las palabras de Nassar a la hora de encapsular el leit motiv colérico de su libro no podían ser más impactantemente precisas: “Yo estaba dentro de mí, ya lo dije (¡y qué tumulto!), estaba metido en el embrollo, en los cólicos, en las contorsiones terribles de una virulenta congestión, en las cosas fermentadas en la olla de mi estómago; todas las cosas que existían afuera y mis hormigas poco a poco fueron cargando, y eran magníficas porteadoras, las hijas de puta, para eso eran excelentes, y los malditos insectos se me habían metido por todos los agujeros, por la vista, por las narinas, por las orejas, ¡sobre todo por el hoyo de las orejas!, y alguien tenía que pagarlo, lo quiera o no, alguien siempre tiene que pagar, ése es uno de los axiomas de la vida, ése era el soporte espontáneo de la cólera (cuando no era el mejor alivio de la culpa)“.

La cólera es, sin embargo, el tema pequeño que es devorado por un tema más grande como el pez grande devora al pequeño. Algunos de los comentarios que dejan caer los dos protagonistas en este fascinante duelo de dialéctica repleto de giros elocuentes y de réplicas briosas ofrecen fugaces pero brillantísimos destellos de que, por debajo de (o muy por encima, casi cubriendo) esta discusión, hay una tensión primigenia que tiene que ver con la eterna lucha de clases: él es un burgués adinerado que ridiculiza continuamente la procedencia humilde de ella, mientras que ella es una arrabalera de alto copete capaz de hacer leña caído de la anquilosada comodidad con la que vive su amante.

Las dos lecturas, la pequeña y la grande (que cada uno decida cuál es cuál), se trenzan en el seno de “Un Vaso De Cólera” gracias al sobresaliente estilo de Nassar: el libro se estructura en torno a un extensísimo capítulo central en el que el autor decide prescindir de los puntos y a parte y, de hecho, en el que también escasean los puntos y seguidos. La discusión de la pareja se lee de corrido, como un vómito violento y agresivo del que no puedes apartar la vista. Este capítulo central, sin embargo, respira por delante y por detrás: por delante, con una serie de cortísimos episodios en los que el protagonista llega a casa, folla con su pareja, duerme… Todo ello dando pequeños signos de que la serpiente de la cólera está despierta, dispuesta a atacar. Por detrás, “Un Vaso de Cólera” respira con un epílogo en el que se cambia el punto de vista, se vuelve un día atrás y la voz narrativa recae en ella. Es esta una puerta que Raduan Nassar abre pero que se niega a cruzar: simplemente la deja abierta para que sea el lector el que entre y explore en su propia mente cómo es la serpiente de la cólera que se enrosca alrededor del personaje femenino. ¿Existe mejor final que el que se fabula dentro de tu cabeza? [Más información en la web de Sexto Piso]

 

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