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Según el diccionario de la RAE, una “conjetura” es un “juicio que se forma de las cosas o acaecimientos por indicios y observaciones“… Y no es algo casual que este microlibro (publicado dentro de la colección Alpha Mini de Alpha Decay) ostente el título de “Vidas Conjeturales“: en él se incluyen tres mini-biografías que abordan sendas vidas cuya intimidad, más allá de su legado puramente literario, sólo se puede abordar de forma puramente conjetural. Puede que lo haga espoleada por su formato en miniatura, pero desde la primera línea la autora opta por un estilo a medio camino entre la telegrafía y la poesía automática: las frases se van sucediendo en una serie de interminables enumeraciones que, sin embargo, resultan altamente fascinantes como un método limpio de cirugía post-mortem con la que exhumar los cadáveres y removerlos por dentro para ver qué encontramos.

Las tres biografías (conjeturales) escogidas, además, son altamente fascinantes. El tomo se abre desgranando la vida (y no la obra) de Thomas de Quincey con un texto que arranca ya dejando claras las bases de la relación que va a haber entre el lector y lo leído: “Thomas de Quincey devino un visionario en 1791, a los seis años de edad“, escribe Jaeggy. Evidentemente, semejante afirmación es una conjetura rayana a la especulación mística. A partir de aquí, la concatenación de momentos vitales que Fleur expone ante el lector resultan fascinantes: el paso de Thomas por diversos internados, la eterna melancolía de su familiares difuntos… Igual con los otros dos conjeturados. A de Quincey le sigue John Keats y su capacidad extrema para bascular entre su amor por las mujeres y su pasión por meterse en peleas. Y, por último, Jaeggy deja al descubierto la morbosa vida de un Marcel Schwob aficionado a la morfina, pero también a la enfermedad y a la muerte.

Los hechos biográficos (conjeturales o no), sin embargo, son lo de menos en este mini-libro. Lo importante en “Vidas Conjeturales” es que, desde su citada primera línea, establece un elocuente diálogo con su lector: ¿no es toda biografía una pura conjetura? ¿No es incluso toda autobiografía una conjetura? La sucesión de hechos concretos narrados por Jaeggy podrían haber tomada la forma de una visible ficción o, por el contrario, huir hacia el lado contrario del espectro literario y ampararse en las herramientas narrativas de un ensayo biográfico casi científico. La autora, sin embargo, opta por coger algo de ambos extremos y juntarlo con un mucho de poesía del extrañamiento, obteniendo una tierra de nadie en la que hace crecer unas vidas que puede que sean conjeturales, pero que siempre son fascinantes.

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