Hace un año, por estas fechas, dimos cuenta acerca del impacto sensorial que tuvo el aterrizaje de Ryoji Ikeda en el Teatre Grec de Barcelona a los mandos de su [spectra] + test pattern [live set]. Este año tampoco nos vamos a quedar con las ganas de contar lo que pasó en la segunda cita de lo que parece convertirse en un idilio entre el Sónar y el Grec. Atrás quedó la tormenta de beats y luces estroboscópicas que levantó Sónar 2011 para dar paso, casi a oscuras, a una serena velada…

Y es que son muchas las similitudes entre ambos eventos: tanto el del año pasado como el de este comparten dos artistas nipones y el mismo sello teutón (Raster-Noton), además de contar en esta última entrega con la presencia de una de las tres figuras fundadoras de la casa. Alva Noto y Ryuichi Sakamoto vinieron a presentarnos su más reciente trabajo codo a codo: “Summvs” (Raster-Noton, 2011). Última entrega de la serie compuesta por los álbumes “Vrioon“, “Insen“, “Revep“, “Utp_” y este “Summvs“, cuyo acróstico supone el cierre de un círculo con connotaciones víricas aunque, como ellos mismos han dado a entender en alguna ocasión, no signifique el final del tándem Noto-Sakamoto. El nombre del álbum combina términos latinos contrapuestos (summa + versus) y bien puede ser un reflejo de su forma de interpretar música: un encuentro entre melodía, atonalidad, y su posible equilibrio.

Lo que esta vez aterrizó sobre la orchestra del Teatre Grec fue, a la izquierda, un piano de cola y, a la derecha, un laptop junto a un generador/modulador de frecuencias. Sakamoto, al timón del piano sin tapa (a veces tocaba sus cuerdas a pelo o con pua), guiaba hacia la armonía, mientras que Noto manipulaba sonidos texturizando el ambiente a base de tonos sostenidos de baja frecuencia y superficiales pinceladas de suciedad digital. La oscuridad, casi absoluta, envolvía toda la escena a excepción de los visuales y dos haces de luz que enfocaban a cada uno. La principal fuente de iluminación era el set visual, caracterizado por la austeridad y la sincronía. Una invitación a la concentración y al dejarse llevar por las ondas sinusoidales y las espaciadas notas de piano. Píxeles, círculos, ondas o líneas en movimiento tenían su correlato en cada nota o sonido.

La anécdota de la noche llegó en un momento en el que unos leves tonos modulados por Nicolai enrarecían el aire de misterio, cuando los graznidos de una gaviota que sobrevolaba el Teatre se mezclaron a la perfección con el ambiente que la música recreaba. El propio Noto pareció darse cuenta, puesto que alzó la mirada intentando atisbar aquella fuente natural de sonido que ponía el acento y se acoplaba perfectamente al matiz que sus máquinas irradiaban. Gran momento. Por su parte, a un servidor le vino instantáneamente la asociación con el “Happy Cycling” de Boards of Canada.

El público, respetuoso y en un silencio sepulcral tan sólo roto por los aplausos, no se dispuso a abandonar el histórico lugar hasta que no pasaron dos bises… Finalmente, se fue a regañadientes cuando ya no cupo la menor duda de que no habría un tercero. En total, fueron dos horas de juegos entre clics, reverberaciones y notas de piano que engalanaron la noche con un broche de plácida y sintética elegancia.

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