Da la sensación de que ante este disco se forman dos grupos fácilmente identificables: los que ya eran fans de Ariel Pink antes de “Before Today” (4AD, 2010) y los que se subieron al carro cuando el artista debutó en el sello de Deerhunter. El segundo grupo (en el que, lo reconozco, me encuentro) veía este trabajo como su reválida, su prueba de fuego definitiva; mientras que al primer grupo, que ha escuchado los siete discos “oficiales” anteriores de Pink (y quizá parte de su infinita colección de rarezas y piezas grabadas en su casa y autoeditadas para cuatro gatos… o para él mismo), esta afirmación le hace bastante gracia: como si, a estas alturas, Ariel Marcus Rosenberg tuviese algo que demostrar a quienes le han venido siguiendo todo este tiempo. Es lo que tiene pegar de repente el pelotazo a nivel internacional después de muchos años currándotelo: que todo el mundo empezará a opinar sobre ti y, probablemente, muchos de ellos desde una cierta falta de perspectiva. Pero también dentro del segundo grupo hay dos niveles de despistados: los que nos dejamos llevar por el single de adelanto (la gloriosa “Only In My Dreams”) y los que mantuvieron los pies en el suelo, como diciendo “bueno, bueno, vamos a escuchar el disco y luego ya veremos, que con este tipo cualquiera sabe”. Lo habéis adivinado: también aquí estaba en el subgrupo menos enterado. Así que, de nuevo, sorpresa y giro de guión.

Porque yo escuché “Only In My Dreams”, la distancia más corta entre los Byrds y los Kinks que alguien puede trazar en este momento y este lugar, y me dejé llevar. Imaginé que el disco iba a seguir la senda de ese corte, que es una canción de pop a la vez perfecta y nada evidente. Quizá debí reconocer las señales cuando vi el vídeo correspondiente (hay que ser muy grande para tener una composición tan redonda, tan accesible, y trollearse a uno mismo con un clip de estética de videocámara doméstica ochentera), pero no lo hice, y entonces me encontré con lo que, para bien y para mal, es “Mature Themes” (4AD / PopStock!, 2012): canciones cortadas en pedazos lanzados al aire y dispuestos finalmente en un orden no diré aleatorio pero sí peculiar, desperdigadas a lo largo de una línea trazada de manera más o menos coherente para vertebrar todo el trabajo (los 60 como vencedores en medio de una ensalada de décadas, renuncia relativa a la querencia por el lo-fi), pero en la que en cualquier momento, al doblar la esquina, puede saltar la sorpresa. O sea, que uno puede estar tan tranquilo, escuchando “Symphony of the Nymph”, pensando que ya le ha pillado el truco al invento, que ya tiene controlado el rollo delirante-lisérgico y tal y, de repente, se encuentra con la lúdica e italodisquera “Pink Slime”. Y se vuelve a preguntar qué coño es esto.

Cuesta saber si Ariel Pink’s Haunted Graffiti (porque recordemos que esto, oficialmente, es una banda, aunque estuvieron a punto de separarse poco antes de publicar este disco) están muy en serio o muy de coña. Abren la función con “Kinski Assassin”, y ahí ya dejan claro que van a jugar con todo lo que tengan a su alcance, empezando por la voz y terminando por unas letras delirantes (“Australian-made nibblers with the steam-pocket slacks / Black leather jacuzzi want to fondle your ass”) que, de nuevo, juegan al vacile y a romperte la cintura cuando creías que ya sabías por dónde iban. Y a partir de ahí, la liebre puede saltar en cualquier momento y los coqueteos pueden ir en cualquier dirección, sea la new wave (“The Early Birds of Babylon”), las grabaciones sucias y saturadas que tanto les gustan (“Schnitzel Boogie”) o hasta el soul (en “Baby”, versión de Donnie & Joe Emerson que cierra el disco).

Mature Themes” es alocado pero coherente, heterogéneo pero centrado, provocador pero con contenido, moderado y desatado a la vez. Es accesible, pero exige a quien lo escucha toda su atención, sobre todo en un último tramo algo raruno donde (lo reconozco) llego algo fatigado al final de “Nostradamus & Me”, quizá el corte al que mejor le vaya esa etiqueta de “experimental” que a veces vemos por ahí aplicada a este señor de Los Ángeles. Con Ariel Pink hay que tropezar y volver a levantarse, probablemente en más de una ocasión en cada disco. Si lo haces con “Mature Themes“, seguramente llegarás a la conclusión de que ha valido la pena.

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