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Aunque su discurso parezca agotado, Belle & Sebastian pueden ofrecer a día de hoy alguna que otra sorpresa, esquivando el gran peso de su condición de mitos del pop independiente de los últimos veinte años y el hecho de que su relevancia actual poco tiene que ver con la de hace una década. Este fue uno de los pensamientos recurrentes cuando vio la luz “The Party Line”, tema de adelanto del que es ya su noveno álbum, Girls In Peacetime Want To Dance (Matador, 2015), y que introducía de lleno a la banda de Stuart Murdoch en una pista de baile adornada por bolas de espejos de movimiento incesante y repleta de siluetas danzando con encanto y desparpajo al inspirarse en la música disco de finales de los 70 y principios de los 80. De ahí que surgiera la obligatoria pregunta: ¿otro grupo que rompía sus propios esquemas acudiendo al legado discotequero, como recientemente han practicado Stars y antes -aunque con un enfoque más avanzado- Arcade Fire? En principio, sí. Y lo mejor del caso era que los escoceses resolvían la papeleta con holgura, al entregar una canción diferente dentro de su vasto catálogo (su único antecedente podría ser la lejana Your Cover’s Blown) pero, a la vez, fiel al histórico libro de estilo del grupo gracias a su dulce melodía y candor lírico.

Con todo, daba la sensación de que Murdoch pretendía sugerir que, quizá, Belle & Sebastian ya no se iban a fijar obsesivamente en el indie pop que ellos mismos ayudaron a labrar desde mediados de los 90 de cara a este “Girls In Peacetime Want To Dance”, radicalizando la propuesta aplicada en Dear Catastrophe Waitress (Rough Trade, 2003), que transitaba por el glam pero sin difuminar la estética habitual de los de Glasgow. En este sentido, “God Help The Girl” (la película y su soundtrack) tenía visos de cerrar (en parte) un círculo en la larga trayectoria de Belle & Sebastian: exprimido el pop cultureta perfecto para hipsters, jóvenes desorientados y adultos con síndrome de Peter Pan, llegaba la hora de cambiar de tercio. Otro elemento que incitaba a prolongar esa tesis fue una declaración de Murdoch afirmando con suficiente antelación que su nuevo disco estaría muy influido por determinados ingredientes que dieron forma al estilo denominado ‘Eurovisión’. Más allá de la boutade, había curiosidad por comprobar si Belle & Sebastian -a un año vista de que se cumpla el vigésimo aniversario de Tigermilk (Electric Honey, 1996) e If You’re Feeling Sinister” (Jeepester, 1996)- trocarían su ilustrada e ilustre imaginería romántico-existencialista por el hedonismo.

Eso sí, la concepción tradicional del pop está tan arraigada en el ideario de los escoceses que, pese a sus intenciones de partida, no han abandonado sus señas características en “Girls In Peacetime Want To Dance”. Ahí aparece la inicial “Nobody’s Empire” para corroborarlo a través del típico clasicismo bellesebastiano, con Murdoch guiando su desarrollo mediante su reconfortante voz reforzada por unos euforizantes coros, unas suaves trompetas y un tono nostálgico que crece en un terso estribillo marca de la casa. A continuación, “Allie” consolida la teoría expuesta gracias a un ritmo vivaz y luminoso. Pero, de repente, suena la mencionada “The Party Line”, el castillo de naipes se viene abajo y no queda más remedio que ir saltando a lo largo del tracklist para seguir el rastro del supuesto cambio de cara planeado por Stuart Murdoch y, en caso de haberlo, realizar la prueba del algodón para hallar sus conexiones con el título (y la gran portada) del álbum.

La siguiente “The Power Of Three” no deja lugar a dudas: Belle & Sebastian se empapan del sonido discotequero primigenio para adaptarlo a sus adorables formas. Más buenos ejemplos: “Enter Sylvia Plath” brilla entre sintetizadores y una base tecnotrónica que recuerda de algún modo a Electronic Renaissance, antiguo coqueteo de los escoceses con el electropop; “Perfect Couples” introduce una refrescante percusión entre latina y tropical que adereza una especie de auto-remezcla -pasada por el tamiz setentero de la ELO– de la típica canción de Belle & Sebastian melódicamente resplandeciente; y “Play For Today” y “The Book Of You” muestran un agradable cruce entre la cálida alegría nórdica de Club 8 y el ADN glaswegian de Murdoch y familia.

A medida que se aproxima el desenlace de “Girls In Peacetime Want To Dance”, se concluye que los escoceses han salido airosos de su arriesgada apuesta por sintetizar su estilo y arrimarlo al ascua de la disco music. Seguro que, durante el proceso, muchos añoran a los Belle & Sebastian de siempre: sensibles, cristalinos, reparadores, amables… No se preocupen: entre baile y baile, el grupo ha colocado los correspondientes tramos delicados y puramente pop para su deleite; aunque, sin que sirva de precedente (o sí, quién sabe…), en esta ocasión no son los focos de atracción. Belle & Sebastian han decidido reinventarse por un álbum y, pese a que no aportan nada nuevo al disco-pop del siglo XXI, han sabido moverse con soltura en un género aparentemente alejado de ellos.

 

 

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