Ya dijimos en su momento que, con cada salto discográfico que ejecuta, la figura de Borja Laudo, parapetada tras el alias de Bigott, crece y crece. Lo mismo ocurre en sus directos, en los que el zaragozano se desmelena, literalmente, para dar rienda suelta a su peculiar ingenio, buen humor y sentido del espectáculo. Así lo hizo en la Sala Mondo de Vigo, lugar en el que realizó la segunda parada de su mini-gira gallega auspiciada por SON Estrella Galicia. Aunque su verdadero logro fue otro aún más complicado: trasladar a las tablas la riqueza estilística e instrumental de su notable último disco, “The Orinal Soundtrack” (Grabaciones en el Mar, 2011), que sonó casi al completo. En el éxito de la tarea tuvo mucho que ver la efectividad de su fiel banda (Pedro Perles, guitarras y ukelele; Clara Carnicer, teclado, bases, bajo, voz y coros; y Esteban Perles, batería y percusiones), cuya labor, en ocasiones, no se resalta debidamente cuando se habla del trabajo de Bigott en el estudio; pero en la ciudad olívica demostró por qué es el acompañamiento perfecto de Borja Laudo.

El maño, ataviado con unos vaqueros salpicados de manchas negras (como de aceite de coche) y unas molonas y clásicas deportivas Nike Air de color naranja (¿venía de hacer jogging en un taller mecánico?), obvió el saludo inicial de cortesía y fue directamente al grano: comenzó a interpretar con parsimonia “Gato”, aumentado su intensidad progresivamente para enlazarla con “Algora Campeón” y el par “Chiri-lo-lailo” y “Pachanga”, que sirvió para que Bigott se desentumeciese gracias a su envoltorio optimista. Fue una especie de calentamiento previo a la lección de baile desacompasado que ofrecería en las fases en las que se despojaba de su guitarra para pasársela a Pedro Perles (que iba cambiando con habilidad la española por la eléctrica y esta, a su vez, por el ukelele): no resultaba difícil imaginarse a Laudo como Ian Curtis intentado imitar los estrafalarios meneos de Mr. Bean… Descacharrante a la par que surrealista.

Sus ocurrencias (culminadas con el momento en que, tras cantar a solas “Oh Clarín”, fue comparado desde el público con Johnny Cash; él lo dejó en un gracioso Juanito Dinero, gran apodo artístico por si decide usarlo en el futuro…) contrastaban con el halo intimista y elegante que aplicaba a piezas como “My My Love” y “Turkey Moon”, que se alternaban con naturalidad con los tramos en los que la banda se sincronizaba para atacar la parte más rotunda de su repertorio: “She’s My Man”, la muy discotequera “Cannibal Dinner”, “God Is Gay” (elevada por los ritmos programados de Clara Carnicer), la coral “Trees Gone Motion” o la tropicalista “Flying Zirkus”. La potencia impuesta a esos temas funcionó como rampa de despegue para que, posteriormente, el cuarteto electrificase a gusto “Little Octopussy” y “New York S’Eveille”, hasta despachar el breve bis con una versión extendida y casi noise de “Dead Mum Walking

Gran y ruidoso colofón a una actuación que certificó que Bigott y sus compinches se encuentran tanto fuera como encima del escenario en estado de gracia y que no tienen parangón cuando se proponen armar una buena fiesta a la manera ¿americana? No, más bien a la zaragozana… Que es más divertida.

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