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El sello Tri Angle celebraba su aniversario con una fiestarraca en la que Björk la lio bien parda con una sesión que es una puta maravilla.

 

De verdad, pongámonos serios. Muy serios. Porque la ocasión lo merece. Empecemos por los hechos puros y duros: el pasado viernes 15 de mayo, la discográfica Tri Angle (conocida por ser La Puñetera Santa Casa del whitch house que, en los últimos tiempos, ha conseguido desencasillarse y convertirse simple y llanamente en uno de los sellos de electrónica más interesantes del panorama actual) celebraba su fiesta de cumpleaños en la ciudad de Nueva York. Entre los ilustrísimos invitados, una presencia dejó a todo el mundo totalmente del revés… Björk apareció allá no sólo para demostrar que sigue siendo un animal social, sino también para marcarse una sesión que es cosa muy seria.

Para empezar, porque es alucinante imaginar a esta señora poniendo este musicón enfundada en una especie de vestido negro futurista, con un anillaco de floriponidos gigantescos y con una especie de rejilla / máscara / locurón que le daba un toque a medio camino entre “Las Mil y Una Noches” y “La Celda” (sí, la peli aquella raruna con J-Lo como prota). Pero, sobre todo, por lo tremendo de la propuesta musical de Björk. Y digo “propuesta” y no “sesión” o “mixtape” porque, señores y señoras, esto trasciende todo lo conocido.

La diva postmoderna no se dedicó a poner temazos bailables, sino que directamente se dedicó a capturar el sonido del siglo 21: una odisea esquizofrénica, oscura y paranoide en la que los sonidos y las voces se apelotonan unos sobre otros reiterando esa idea de que el caos también puede ser orden. Björk parte de algunos de los cachorros de Tri Angle para, básicamente, hacer lo que la da la real gana, así que tan pronto recupera el drum’n’bass noventoso como que se descuelga con un temarral de folklore africano o con un fado a rebosar de tristeza. De verdad, señores programadores de los clubs de todo el mundo: que alguien tenga los cojones de montar una noche con Björk pinchando esta locura. Yo prometo comprarme un billete de avión para ir a donde sea. Porque esto es, básicamente, una mixtape venida del futuro.

 

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