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“Los Remedios (Revisitado)”, último corte del segundo disco de Blacanova, “¿Cómo ve el Mundo un Caballo?” (El Genio Equivocado, 2012), se mostraba como un remanso de calma slowcore que parecía anticipar la irrupción de la tormenta apocalíptica que sugerían tanto el sombrío decorado sonoro y el desasosegante cuerpo lírico de aquel álbum como su conexión cinematográfica expuesta en nuestra correspondiente reseña con el film “The Turin Horse” (Béla Tarr, 2012), que de un modo natural se relacionaba con el ideario musical y literario de la banda sevillana. Una vez acabada la citada canción, hecho el silencio y asimilado el subyugante…
Tinieblas, sombras, oscuridad... Pero también luz, destellos, fulgor... Entre esos extremos se mueve según ritmos slowcore, post-punk y shoegaze el tercer trabajo de Blacanova, “Regiones Devastadas”. Un disco que responde a algunas preguntas planteadas en el anterior “¿Cómo ve el Mundo un Caballo?”
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Tinieblas, sombras, oscuridad... Pero también luz, destellos, fulgor... Entre esos extremos se mueve según ritmos slowcore, post-punk y shoegaze el tercer trabajo de Blacanova, “Regiones Devastadas”. Un disco que responde a algunas preguntas planteadas en el anterior “¿Cómo ve el Mundo un Caballo?”

“Los Remedios (Revisitado)”, último corte del segundo disco de Blacanova, ¿Cómo ve el Mundo un Caballo? (El Genio Equivocado, 2012), se mostraba como un remanso de calma slowcore que parecía anticipar la irrupción de la tormenta apocalíptica que sugerían tanto el sombrío decorado sonoro y el desasosegante cuerpo lírico de aquel álbum como su conexión cinematográfica expuesta en nuestra correspondiente reseña con el film “The Turin Horse” (Béla Tarr, 2012), que de un modo natural se relacionaba con el ideario musical y literario de la banda sevillana. Una vez acabada la citada canción, hecho el silencio y asimilado el subyugante repertorio en el que se incluía, surgían dos incógnitas: ¿se consumaría definitivamente tal fin del mundo (emocional) en el universo de Blacanova? Y, de ser así, ¿qué consecuencias dejaría tras de sí? Las respuestas a estas preguntas se intuyen en la denominación de la nueva obra de Manuel Begines, Eduardo Escobar, Cristian Bohórquez, Inés Olalla, Armando Jiménez y Paco Arenas, Regiones Devastadas (El Genio Equivocado, 2015), en cuyo interior se va desgranando más y menos explícitamente la teoría del caos existencial (y sus puntos de fuga) desde la perspectiva del grupo.

Un proceso que comienza por los títulos de cada tema, en apariencia inconexos entre sí pero que, por su poderoso simbolismo, componen un poliédrico y oscuro cuadro sustantivado que arrastra al oyente a introducirse en él pese a sus miedos y angustias. “Tara” -que tiende un puente entre “Regiones Devastadas” y su antecesor- abre poco a poco las puertas de la aflicción mecida por la voz de una Inés transmutada en ser angelical y alimentada por el ritmo pausado y progresivo del dream-rock que atraviesa la piel y provoca escalofríos; materia inasible e irresistible que también se incorpora al tríptico “El Poder Mecánico” (aderezada con especias shoegazing), “Bossanova” (delicada y transparente como el cristal de Bohemia) y “La Pareja del Verano” (que hunde sus raíces en el after-punk aletargado que recoge en su seno pedazos de sentimientos hechos añicos).

Con todo, Blacanova no se regodean exclusivamente en la tenebrosidad sónica cocinada a fuego lento y vuelven a recurrir a su característico juego de contrastes entre forma y fondo y entre las armónicas voces de Armando -tan profunda y grave como siempre- y la de Inés -luminosa e inmaculada- para sacudir el alma exprimiendo el jugo épico pero ennegrecido del post-punk envuelto en celofán pop en dos segmentos claramente diferenciados. Así, en la primera mitad del tracklist se abre una pequeña veta en la que se alojan la siniestra “Despiece de Vacuno”, la asfixiante “La Soga” -a pesar de que sus guitarras translúcidas y su sintetizador catedralicio permiten tomar aire- y la amenazante “Amok”.

Después, el cuarteto final de “Regiones Devastadas” suaviza sus aristas hasta anclarse en el shoegaze. Lo que facilita que, al contrario de lo que podría pensarse al principio, algunos haces luminosos rocen el disco en busca de una conclusión, llegado el caso, incluso optimista. Circunstancia que reincide en la lucha de contrarios, en la contienda entre luz y oscuridad (y viceversa), que no sólo emerge en buena parte de este LP, sino también a lo largo del catálogo de Blacanova. De este modo, se aprecia cómo la más lóbrega “Nocturna” parece resistirse a ceder ante el peso de la mayor carga positiva (tomado este adjetivo con las consabidas comillas) que desprenden la ambivalente “Art Brut” y, especialmente, “De Repente, Agricultura” -con diferencia, el tramo más vivaz del lote, gracias a su dinamismo planeador- y “Astenia”, que cierra el álbum entre refulgentes destellos space-rock obligando a plantearse con respecto a este álbum -como antes de su arranque- otras dos preguntas: ¿es posible que Blacanova nos estén señalando el camino para abandonar, por fin, las tinieblas (personales)? Y, por último, ¿hay posibilidad de reconstrucción tras el apocalipsis (afectivo, anímico)? Sólo quien descifre los códigos que esconde “Regiones Devastadas” y sea capaz de adaptarlos a su propia realidad, podrá hallar las respuestas adecuadas.

 

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