“Bone Tomahawk” es una película que no sólo gustará a los fans del western… Curiosamente, también gustará a los fanáticos del terror.

 

Cuando John Carpenter rodó “Vampiros” tenía claro el concepto de lo quería hacer: disfrazar de película de terror lo que venía siendo un western puro y duro. Algo así es lo que S. Craig Zahler ejecuta en “Bone Tomahawk“, solo que en esta ocasión el proceso es inverso. El disfraz en este caso es el de un western clásico, casi a la manera de Anthony Mann, que esconde un film de un horror referencial cercano en tono, lugar y desarrollo, a “Las Colinas Tienen Ojos” de Wes Craven.

La diferencia estriba, sin embargo, en la forma de estructurar la película. Si en “Vampiros” de John Carpenter asistíamos a un ejercicio continuado de estilo, aquí, exceptuando quizás la insinuante escena de apertura, nos encontramos ante un díptico genérico con acontecimiento clave como punto de inflexión. Algo que podría emparentar a “Bone Tomahawk“, en estructura y en cierto modo en su sentido del humor retorcido, con “Abierto Hasta el Amanecer“.

Sin embargo, el corte en este caso no es tan evidente. Más bien todo lo contrario, ya que desde el principio encontramos aquí y allá indicios sutiles aunque perceptibles de que no estamos presenciando un western al uso. Evidentemente, sí que encontramos todos los elementos genéricos al uso en la puesta en escena y en los arquetipos que definen las personalidades de sus protagonistas (bigote de Kurt Russell incluido), clichés que en este caso no molestan debido a la vocación eminentemente pulp de la propuesta. Es por ello que, aunque no hay giros de comportamiento ni una gran variedad de capas morales en los actos de este variopinto elenco de personajes, se agradece la sinceridad en todo lo que vemos. No hay necesidad de trucos de guión para justificar actos heroicos ajenos a la definición psicológica de los protagonistas. Más bien lo que hay es una honestidad brutal que, dado el tono así mismo inmisericorde del film, se agradece.

Bone Tomahawk

Porque, si bien es cierto que los protagonistas son como misiles teledirigidos, incapaces (y ni falta que hace) de variar su determinismo en su comportamiento, lo que si gira, tal como comentábamos anteriormente, es el tono y el género. Si al principio del film estábamos ante un western de clasicismo irónico, en cierto momento pasamos a un segundo tramo de film que se caracteriza por la brutalidad más absoluta en su plasmación del horror y la violencia.

Sí, “Bone Tomahawk” no ahorra detalles en ahondar en las simas del terror y de lo explícito a la hora de mostrar los sufrimientos y los actos barbáricos a los que los protagonistas deben hacer frente. La sangre, el gore y el sufrimiento sudoroso se citan en la pantalla moviéndose a un ritmo pausado que incluye desde la descripción general hasta el primer plano más impactante y expresivo posible. Zahler, con buen criterio, pretende hacernos partícipes de este festín de lo macabro de modo que no perdamos ni un detalle, que el sufrimiento no sólo sea visto sino literalmente padecido por el espectador.

El director demuestra, en este su debut cinematográfico, que domina no solo los géneros a los que se refiere, sino que, además, sabe combinarlos de modo óptimo en estructura a la vez que sabe cómo hacer saltar los resortes de la audiencia bien sea la nostalgia del western clásico, bien sea el terror más descarnado posible. Un must see de cajón.

 

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