Bright Star”, de Jane Campion, narra la corta historia de amor entre el poeta inglés John Keats (Ben Wishaw), muerto a los veinticinco años, y Fanny Brawn (Abbie Cornish). Es un biopic, pero atípico, porque sólo abarca los últimos dos años de la vida de Keats y tanta importancia tiene el personaje de este como el de Fanny. Los dos son jóvenes, pero muy distintos: John es un poeta pobre y con una familia mermada por la enfermedad. Por su parte, parece que Fanny nunca haya tenido ninguno de los problemas con los que tiene que enfrentarse John, que su existencia siempre haya sido pacífica y feliz: ella nunca se ha interesado por la literatura y, aunque también se dedica a crear algo como John, lo que crea son vestidos frívolos y extravagantes… Y, aun así, coinciden y se enamoran. Poco a poco y con una intensidad creciente.

Es una película de época, pero se queda a medio camino entre los excesos melodramáticos y los arrebatos pasionales de películas como “El Piano” (1993), de la misma Jane Campion, y el frío academicismo del peor James Ivory. Para ser la historia de amor de un poeta romántico, “Bright Star” es extrañamente sobria, pero es que el mismo John Keats a la hora de escribir era terriblemente sobrio comparado con sus compañeros de generación. De hecho, en el film hay la intención de crear un estilo cinematográfico parecido al estilo literario del poeta: sensual y lleno de belleza, pero a la vez sencillo y sobrio. Y lo cierto es que lo consigue en buena parte y el resultado es una cinta realmente preciosa.

El problema de “Bright Star” no es en el aspecto visual, sino más bien en el narrativo. A veces, da la sensación que simplemente se trata de una serie de escenas bonitas mal hilvanadas. Pero, sin duda, el peor defecto es la construcción del personaje de Charles Brown (Paul Schneider), el mejor amigo de Keats. El espectador al principio puede entender la animadversión que siente Brown por Fanny, porque tiene miedo que ella lo aleje de la poesía, pero es difícil entender cómo de ahí pasa a convertirse en prácticamente un supervillano de opereta. Una tiene la sensación de que es como si Campion se hubiera dicho que una historia de amor sin dificultades no es una historia de amor y hubiera decidido poner un malo para echarle sal al asunto, pero lo que pasa es que es aquí donde la película cae en la estridencia y empieza a chirriar. Se trata de un feo al Brown histórico y también de un truco narrativo algo chapucero.

Aún así, es una película preciosa y con muchas virtudes, la mayor de ellas probablemente sea que narra la vida de un poeta y en ella se habla de poesía, algo que raras veces ocurre, porque los biopics se suelen centrar en los líos sentimentales del biografiado e ignorar su obra. Sin embargo, en “Bright Star” se habla de poesía y, a la vez, de una forma perfectamente integrada dentro de la acción, se recitan versos de John Keats pero también fragmentos de las cartas reales que escribió a Fanny Brawn. Y es por razones como esta que, a pesar de los defectos, se trata de una delicia de film.

[Núria Casademunt]

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