2011 será un año que quedará grabado a fuego en el historial del sello DFA por dos noticias: una buena y otra mala. Primero, la mala: su buque insignia, LCD Soundsystem, cesó su actividad y dejó de existir como grupo / colectivo. Y ahora, la buena: cumplió su décimo aniversario sin perder un ápice de su esencia independiente original ni su condición de certero radar que captura al instante a todo aquel artista o banda que se mueve en el territorio de la electrónica (a ser posible, de baile) dentro de unas coordenadas vanguardistas y, a la par, fieles a referentes clásicos. Es tal la pujanza y el crédito de la discográfica neoyorquina que los efectos de la disolución de la formación liderada por el capo James Murphy resultaron mínimos. Así, su futuro se presenta lustroso gracias al material explosivo que manejan ‘viejas glorias’ como The Juan Maclean o Shit Robot; valores que dominan el presente al imponerse a su teórica competencia como Holy Ghost! o YACHT; y joyas que (se supone) aumentarán su brillo en un futuro próximo como Planningtorock, Joe Goddard y, justamente, Canyons (cuando estos abandonen definitivamente su Australia natal).

El dúo compuesto por Ryan Sea-mist y Leo Holiday fichó por su casa de acogida norteamericana tras provocar cierto terremoto mediático en su país bajo la tutela de su otra disquera, igual de emblemática dentro del universo de los beats sintéticos: Modular. Tirando de este hilo, se puede intuir cuál es la estructura del ADN musical de esta pareja de Sydney: a simple vista, y a pesar de sus antecedentes en forma de EPs y remezclas para terceros (Ladyhawke, !!! o The Juan Maclean… ¿casualidad?), son Cut / Copy los primeros que vienen a la cabeza una vez destapado el que es su debut en largo, “Keep Your Dreams” (Modular, 2011). En ese punto inicial surge la pregunta trampa cuya respuesta en positivo o negativo variará la opinión a considerar sobre la valía de la propuesta de Canyons: ¿sus intenciones se ciñen a seguir la estela de sus ilustres compañeros y vecinos de Melbourne? Quizá su objetivo no sea ese (naturalmente, aspiran a alcanzar otras cotas), pero sí que existen determinadas similitudes con sus compatriotas.

Aunque hay que dejar claro que este no es un ejemplo de imitación flagrante abocada al fracaso, como les sucedió en “Moment Bends” (V2 / Music as Usual, 2011) a Architecture In Helsinki por su empeño en parecerse a Dan Whitford y sus amigos cutcópicos: Ryan y Leo parten del mismo tronco sonoro pero lo van talando a base de los hachazos p-funk y electo-disco de filiación ochentera tan característicos de sus padres adoptivos de DFA. Para comprobarlo, basta con degustar de principio a fin “Under A Blue Sky”, magnífica pieza de agitación masiva que transcurre entre sugerentes soplos de saxo (prolongados en la más noventera “Blue Snakes”), justos pero implacables punteos de guitarra, sintetizadores disloca-extremidades, percusión tribal y voces filtradas. Si estos ingredientes no llegasen a satisfacer del todo (algo que sólo le ocurriría a algún ser inerte descoordinado y carente de sentido del ritmo) siempre se puede recurrir al movimiento sincopado de “Sun And Moon” o “My Rescue”, la cual añade las consabidas palmas y el nervio pop necesario para completar la jugada de ataque bailable. El espíritu de los 80, visto tanto desde la perspectiva romántica como desde la lasciva, recorre de cabo a rabo “Keep Your Dreams”: si tienen que hablar en nombre del amor, Canyons ablandan su discurso para adaptarlo a la suavidad de “Tonight” y “When I See You Again”; si prefieren descamisarse y empapar sus torsos desnudos del hedonismo elegante y bien entendido, se valen del single de adelanto de este álbum, “See Blind Through” (con la voz deformada de Ramona Gonzalez de Nite Jewel), corte que se incluiría igualmente en el estilo de esa corriente, encabezada por Azari & III o Eli Escobar que pretende recuperar para las nuevas generaciones la cultura de club de los 90.

Porque, al fin y al cabo, de lo que se trata es de danzar en el lado más despreocupado de la vida. De ahí que el dúo de Sydney reserve su corte más extenso y de título más elocuente, “And We Dance”, para expresar tal anhelo, alejarse de las supuestas semejanzas con Cut / Copy y acercarse, a la vez, a los mandamientos (éticos y estéticos) de DFA. Si continúan su marcha según lo previsto, romperán el molde de Modular y se convertirán en los nuevos estandartes de la discográfica de Nueva York. Tiempo al tiempo…

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