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“Eden” de Mia Hansen-Løve llega con un año de retraso a una cartelera en la que también brilla “El Virus del Miedo”, lo último de Ventura Pons.

 

Dicen por ahí que los caminos del señor son inescrutables… Y lo mismo puede decirse de los caminos de la distribución cinematográfica española. Porque, la verdad, para entenderlos hacen falta varias carreras y sendos másters. Pongamos como ejemplo esta “Eden” de Mia Hansen-Løve que llega esta semana a nuestras carteleras: en nuestro país ya pudo verse ahora hace exactamente un año en el Festival de San Sebastián 2014 y, por si esto fuera poco, en la primavera de este año 2015 también fue uno de los estrenos más sonados del Festival de Cinema D’Autor de Barcelona. Así las cosas, y en un momento en el que Internet te da la posibilidad de ver las películas cuando te dé la gana, ¿qué sentido tiene estrenar una película como esta un año después de que todo el mundo hablara de ella?

Ni idea. Preguntas sin respuestas. Sea como sea, centrémonos en la buena noticia: “Eden” por fin llega a la cartelera española, así que todos aquellos que se pusieron palote cuando el resto del mundo hablaba del retrato de la escena electrónica francesa (ya tú sabes: el French Touch) cercana a Daft Punk ya pueden correr a su cine más cercano para ver lo último de Mia Hansen-Løve. Así, además, podremos repetir el debate que lleva caliente desde entonces: ¿película generacional o truñaco ñoño infumable?

En una tesitura completamente diferente, es inevitable que el segundo destacado de la cartelera semanal sea, evidentemente, “El Virus del Miedo“. La última película de Ventura Pons se basa en una obra de teatro (y hereda a sus intérpretes) para poner sobre la mesa una polémica muy actual. El film se abre cuando un monitor de natación abraza y besa a un niño para tranquilizarle. A partir de ahí, un esperpéntico proceso de dimes y diretes será puesto sobre la mesa por parte de los padres que apuestan por una educación en la que tocar a un crío es, básicamente, pedofilia. Sin contar que eso, por otra parte, extirpa aquello a lo que tantos libros se ha dedicado: la educación sentimental.

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