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Se acabaron los festivales… Y la cartelera de esta semana se llena de películas sin complicaciones como “John Muere al Final” o “Nunca es Demasiado Tarde”.

 

Después de ir concatenando festivales cinematográficos desde inicios de septiembre, después de ir recibiendo en nuestra cartelera las películas de esos festis y de los mejores certámenes internacionales… Después de todo eso, ya va siendo hora de descansar, ¿no? No sé vosotros, pero mi nivel de pajillerismo en los últimos meses ha sido tan elevado que empiezo a necesitar un electroshock de cine palomitero o, si no es posible, como mínimo de cine que tampoco me quiebre la cabeza. Por suerte, esta semana llegan dos películas a la cartelera dispuestas a satisfacer mis ganas de dejar de pensar durante un ratito.

La primera de ellas viene con truco: “John Muere al Final” parece desvelar su trama en el propio título… Pero, viniendo de Don Coscarelli, la verdad es que podemos esperar cualquier cosa menos que John realmente muera al final. En un momento en el que parece que el cine de serie Z primigenio es algo así como un Santo Grial al que mirar con amor infinito, no está de más recuperar una figura como la de Coscarelli, que no en vano dirigió algunas obras maestras del género como “Phantasma” o “El Señor de las Bestias“. En su nueva película, hay una droga que se llama “Salsa de Soja” que cambia a todos los humanos que la tocan. Y, oye, no sé vosotros, pero el hecho de que la protagonista de una película sea una droga llamada “Salsa de Soja” me parece un motivo suficiente para verla.

 

Con el ratio de cine de acción y terror cubierto, falta una buena feel good movie esta semana… Esa cinta no puede ser otra que “Nunca es Demasiado Tarde“. La película de Uberto Pasolini (que no tiene nada que ver con ese otro Pasolini) narra la historia de un señor que se dedica a encontrar a los familiares de personas anónimas que han muerto en paz. Como suele ocurrir en el mundo moderno, llega un momento que su trabajo acaba resultando superfluo, pero será en la odisea para solventar un último caso en el que el protagonista encuentre una razón para vivir: el amor. ¿Que suena ultra ñoño? Sí. Y bienvenida sea la ñoñería.

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