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La separación de un grupo que durante siete años ha hecho vibrar a millones de personas con su música a golpe de punk de garaje y lo-fi underground duele, pero siempre duele menos si sus integrantes siguen avanzando en sus respectivas carreras y no dejan de maravillarnos con sus nuevas propuestas. Este es el caso de Vivian Girls: la bajista Katy Goodman (“Kickball Katy“) se encuentra actualmente metida de lleno en su proyecto en solitario bajo el nombre de La Sera; Ali Koehler (batería) es vocalista del grupo Upset tras haber formardo parte de Best Coast durante sus giras; Fiona Campbell se estrena como empresaria en M’Lady’s Records y toca junta a Coasting and Chain & The Gang; y qué decir de nuestra querida Frankie Rose, a quien le ha sentado fenomenal ir por libre como bien se puede escuchar en sus dos titánicos discos de dream/noise pop impoluto,”Interstellar“(2012) y “Herein Wild“(2013).

Si este despliegue musical después de la ruptura ya era suculento, ahora la ex guitarrista y vocalista de Vivian Girls y The Babies, Cassie Ramone, ha tirado la casa por la ventana y nos ofrece un álbum totalmente grabado y mezclado por ella misma: “The Time Has Come” (Loglady, 2014). Con los antecedentes de Ramone y la trayectoria de sus ex-compañeras de grupo, podríamos decir que con ella íbamos pisando sobre seguro y que mucho se tenía que haber esforzado para añadir una mancha negra a su currículum. Este debut compuesto por ocho temas de un marcado carácter folk profundamente melancólico, donde una finísima distorsión en la parte instrumental forma una amalgama perfecta con la reverberación que juega un papel imprescindible como apoyo vocal, es la prueba de fuego para ratificar que el talento y lirismo de Cassie tiene suficientemente peso como para funcionar en solitario. Además, para el papel del bajo ha contado con la colaboración de lujo de Ariel Pink… ¿Qué más se puede pedir?

Tan sólo hace falta escuchar el primer minuto de “Song of Love” para caer totalmente rendido ante la calidez y ternura de la voz. La homónima “The Time Has Come” es un lamento repetitivo y ondulante que se apoya en unos secos acordes rasgados en la guitarra que aportan una estabilidad inquebrantable; todo lo contrario que “Joe’s Song“, donde el ritmo se acelera y aparece cierto contrapunto entre las voces hasta ahora inexistente. “I’m a Freak” podría ser el perfecto himno de juventud, seguido por “Hangin On“, un tema para dejarse llevar, entrar en trance y balancearse al ritmo de la música. En “I Don’t Really Wanna” escuchamosla faceta más acústica del disco (interrumpida por un pequeño interludio de distorsión), con una afinación que se tambalea constantemente pero que nunca llega a irse de tono totalmente, manteniéndonos en vilo y creando una especie de desazón. “Sensitive Soul” sigue la línea de los primeros temas, al igual que “I Send My Love To You“, afectuosa y con una ligera sonoridad oscura perfecta para echar el cierre.

En definitiva, “The Time Has Come” es un disco correcto con todos los ingredientes necesarios para hacer de él algo agradable de escuchar y proporcionarnos unos estupendos minutos de degustación musical. Puede que en ocasiones se eche en falta algún giro difícil de esperar, o pequeñas sorpresas para el oído, pero tal vez el secreto de su éxito esté en la sencillez, una sencillez tan delicada y abrumadora que duele de lo bien que funciona.

 

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