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Da igual que seas un jugador novato o un hardcore gamer: “Ori and The Blind Forest” es un juego que necesitas probar… Y aquí te explicamos por qué.

 

Dejémoslo bien clarito: cada vez va a ser más y más difícil que un nuevo lanzamiento consiga hacernos recuperar la vibrante experiencia de indies recientes como “Braid” o “Limbo“. Es una mera cuestión de uso (ya nos estamos acostumbrando a los rasgos característicos de esta nueva ola de juegos indios) y de sobreabundancia (a diferencia del momento en el que surgieron los dos mencionados, ahora a cualquier indie le resulta prácticamente imposible destacar entre la maraña de lanzamientos mucho más que abundante). Y, pese a todo, si hubiera que poner la mano en el fuego a la hora de determinar qué juego indie es el sucesor por derecho propio de los anteriormente mentados, podríamos poner al frente de la lista a “Ori and The Blind Forest” sin temor a quemarnos.

No todos los días se encuentra uno ante un juego aparentemente tan sencillo en el que todos los elementos se trenzan de forma tan armónica en pos de un objetivo común: la diversión de quien juega. Y una cosa os decimos: siempre hay que desconfiar de lo simple, porque para que algo parezca sencillo tiene que haber mucho esfuerzo detrás además de un complejo proceso de depuración. Sí: “Ori and The Blind Forest” (lanzamiento exclusivo para Xbox One) parece un juego sencillo, pero por eso mismo a continuación os ofrecemos cinco motivos por los que deberías plantearte jugarlo seas el tipo de jugador que seas. ¿Que eres un jugador ocasional? No te preocupes, que te va a enganchar como si no hubiera un mañana. ¿Que eres un hardcore gamer? No te duermas en los laureles, porque aquí tienes un buen desafío.

 

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1. LA ESTÉTICA. Está clarísimo que por donde primero entra “Ori and The Blind Forest” es por los ojos. La estética está a medio camino entre juegos de plataformas clásicos que transcurrían en medio de la naturaleza (desde la saga “Sonic” hasta el mismísimo “Braid“) y el imaginario estético de Hayao Miyazaki. El personaje principal, Ori, y su “amigo” (o “amiga” o “amig@ de sexo indefinido porque es un ser fantástico y fascinante”) Naru apelan directamente a los universos de películas como “Totoro” o “El Viaje de Chihiro“… Y ni que decir tiene que la presentación de la naturaleza como espacio para la magia y la belleza infinita es algo que el realizador nipón siempre ha sabido cultivar con mimo y cuidado. ¿Es entonces “Ori and The Blind Forest” lo más similar a jugar en los mundos de fantasía de Hayao Miyazaki? Va a ser que sí.

2. LA MECÁNICA DE JUEGO. Vale, puedes creer que lo has jugado mil y una veces: aquí te vas a encontrar de nuevo la eterna combinación de plataformas y puzzles. Y así es. Lo has vivido mil veces. Pero en pocas ocasiones habrás visto esta suma acercarse a la perfección como en “Ori and The Blind Forest“. En este juego las plataformas están diseñadas para una experiencia de juego tan fluida que no te darás ni cuenta de que pasa el tiempo, mientras que los puzzles están planificados en un crescendo de intensidad que nunca es fácil, pero que tampoco resulta imposible. La curva de aprendizaje es sublime: cuando por fin consigues dominar alguna de las habilidades de Ori, no tardas en aprender la siguiente para así acceder a nuevos puntos del mapeado. Y eso sin contar el mapa de habilidades que deberás ir desbloqueando en el orden que a ti te parezca para así ir potenciando determinadas cualidades del personaje (puedes optar por darle caña a las capacidades de ataque y dejar un poco de lado los apoyos de combate, aunque lo mejor siempre es intentar avanzar de forma ordenada).

El gran retruécano de “Ori and The Blind Forest” es su mecánica de grabado de la partida: en vez de hacer como otros juegos que graban tu avance a medida que vas medrando en tu camino, para dártelo todo masticadito y evitar tu frustración como jugador, aquí tendrás que ser tú el que asumas la tarea de llenando un marcador con tus acciones para así poder abrir un portal de grabado. Esto suena fácil y maravilloso, pero ten en cuenta que en múltiples ocasiones estarás tan absorto en el juego que olvidarás grabar la partida, lo que significa que tendrás que repetir parte del mapeado. Y esto, lejos de joder la experiencia, te mantiene tan alerta que acaba mejorándola.

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3. LA HISTORIA. De nuevo, es inevitable remitirse a Hayao Miyazaki a la hora de ponderar el argumento de “Ori and The Blind Forest“: espíritus de la naturaleza, espectros luminosos en forma de animales, eterna lucha entre la luz / el bien y la oscuridad / el mal… En este juego asumes el rol de Ori, un espíritu de luz que cae del Árbol Espiritual durante una tormenta y que es adoptado por Naru (un ser que te recordará inmediatamente a un cruzo entre Totoro y el ser sin rostro de “El Viaje de Chihiro“). Pero una desgracia ocurre, el bosque de Nibel cae en desgracia y tanto Naru como Ori acaban muriendo…

Con sus últimas fuerzas, el Árbol Espiritual revive a Ori y le otorga a un acompañante (de forma muy similar al reciente “Child of Light“, por cierto): Sein, un destello de luz que se encargará de atacar a los enemigos y de guiar al héroe de esta aventura para que restaure el equilibrio de los tres elementos del bosque de Nibel (agua, viento y calor). La aventura está plagada de momentos dramáticos (que el juego se abra con la muerte de Naru ya debería dejarte a las claras que estás ante una experiencia bien intensa) e intensos que se van alternando con un avanzar de la historia de forma natural y tan fluida como la propia experiencia de juego.

4. LA DIFICULTAD. Ya lo decíamos más arriba: el sistema de guardado es la principal fuente de dificultad de este juego. Cuando mueras, volverás a empezar desde el último punto en el que recordaste grabar la partida, así que aumentar o disminuir la dificultad dependerá en gran medida de lo desastre que seas en esta tarea. Más allá de esta endiablada mecánica de grabado, “Ori and The Blind Forest” tiene una de las curvas de dificultad mejor ponderadas de los últimos tiempos: los escollos que vayas encontrándote por el camino van requiriendo cada vez más un dominio de las habilidades de Ori, pero lo cierto es que los puzzles están tan bien planificados a lo largo de tu camino que ni te enterarás de que cada vez vas controlando más y más a tu personaje.

Al fin y al cabo, y dejando de lado ciertos puntales de locura (como ese espídico momento en el que tienes que escapar de las aguas ascendentes por el interior de un árbol), los puzzles de “Ori and The Blind Forest” los puedes ir superando imponiendo tu propio ritmo: si eres un hardcore gamer está claro que te encallarás menos, y si eres un jugador ocasional puede que tardes más en superar ciertos escollos… Pero aquí no hay espacio para el desaliento. Siempre (¡siempre!) saldrás adelante, por mucho que lo hagas como si estuvieras dentro de aquella peli en la que te enseñaban que “la fama cuesta“.

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5. LA POSIBILIDAD DE ENCONTRAR UN JUEGO QUE TE ACOMPAÑARÁ TODA LA VIDA. ¿Verdad que recuerdas perfectamente las tardes de vicio a cualquiera de las entregas de “Sonic“? ¿Te acuerdas de cómo te aprendiste de memoria los patrones de saltos y machaque de botones de los primeros “Mario Bros.“? ¿Te da subidón pensar en cómo llegaste a dominar el tiempo en “Braid“? ¿Te pones tontuno cuando te viene a la cabeza el argumento tristísimo y las atmósferas apesadumbradas de “Limbo“? Si has respondido que sí a todas las preguntas anteriores, eso significa que eres una de esas personas que sabe que un videojuego puede marcarte la vida. Y, de ser así, una cosa te vamos a decir: de aquí a unos años, se te va a romper el corazoncito cada vez que te acuerdes de “Ori and The Blind Forest“. Tú haznos caso, que sabemos de lo que estamos hablando.

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