Los neoyorquinos de adopción Cold Cave siguen desempeñando con mucho gusto su papel de paladines de la corriente más sintética y pulcra de los años 80: la new wave, impulsada por los ritmos del synth-pop adjetivado como dark o cold, precisamente. No serán los mismos Wesley Eisold, Dominick Fernow y Jennifer Clavin (actual formación titular) los que rechacen su disfraz de mejores alumnos de la oscura y fría academia en la que OMD, Visage o Ultravox impartían lecciones de cómo dotar de alma la música construida a partir de bases programadas, cajas de ritmos y sintetizadores de todo tipo. Ese halo de romanticismo hecho con materiales artificiales caracterizaba el leitmotiv principal de sus primeros pasos artísticos (aún con Caralee McElroy -componente de Xiu Xiu– a bordo, luego sustituida por Clavin) y rodeaba por completo el debut del trío, “Love Comes Close” (Matador, 2009), pieza clave (e injustamente arrinconada en un segundo plano) de la recuperación de los sentimientos ochenteros más afilados iniciada a finales de la década pasada y principios de esta.

Mucho se habla hoy en día de conjuntos similares como Hurts, cuya valía no se pone en duda pero que se centraron sólo en una parte de esa nueva ola: la agradable, edulcorada y blanda. Tirando de una analogía fácil y reduccionista, si Cold Cave pertenecen a la vieja escuela antes descrita, los mancunianos se vincularían a la de Black. A pesar de la diferente repercusión mediática de los trabajos de unos y otros, quedó patente que el debut de los estadounidenses se había mostrado como un cuadro musical más completo y mejor perfilado, repleto se sugerentes claroscuros. Basta recordar dos cortes de su primera referencia para certificarlo: “Love Comes Close” y “Life Magazine”, cuyos ecos todavía resuenan de vez en cuando en los oídos más exigentes y exquisitos. Sin embargo, aun aceptando el éxito cosechado (sobre todo a nivel de crítica), Eisold y los suyos se introdujeron en un proceso de metamorfosis sorprendente que desembocó en “Cherish The Light Years” (Matador / PopStock!, 2011): la década de los 80 se mantiene bien visible, pero ahora los tótems a seguir son The Chameleons, For Against o The Psychedelic Furs; lo que indica que, en esta etapa de conversión, Cold Cave unieron a su aspecto oscuro un mayor protagonismo de las guitarras. En cuanto arranca la estruendosa “The Great Pan Is Dead” y adquieren velocidad “Pacing Around The Church” y “Alchemy Around You” (atención a sus arreglos de trompeta, entre desarmantes y desconcertantes) se observa el trueque de la ternura robótica de antaño por una potencia y una tensión inusitada.

¿Y cómo salen parados Cold Cave de dicha transformación casi radical? Dignamente, ya que salvan la papeleta con nota al materializar con eficacia su fidelidad a la época que más adoran, aunque pierden cierto factor sorpresa al acercarse a las formas estandarizadas en el último lustro por Editors. Eso sí, la huella que deja tras de sí la voz grave de Eisold alivia el peso de tal comparación al jugar un papel fundamental a la hora de darle profundidad tanto a las palabras que canta como a la sección instrumental, a pesar de que, automáticamente, aparezca el espíritu de Robert Smith en “Catacombs” y “Icons Of Summer”. Cuando el grupo pretende dar un paso más allá e insuflar cierta épica a su repertorio, los teclados incendiarios toman las riendas de “Cherish The Light Years”, culminados por las enérgicas cuerdas vocales de Eisold (“Burning Sage”) o acompañados de estribillos corales esperanzadores (“Villains Of The Moon”). Es posible que sus deseos de elevar su discurso más de la cuenta parezcan levemente forzados y poco creíbles, con lo que, para compensarlo, recurren al paradigma que establecieron en “Love Comes Close”: contención, discreción e introducción de elementos orgánicos en sus composiciones maquinales. Así funcionan las cavernosas y palpitantes “Confetti” y “Underworld USA”, más cercanas a los postulados de su álbum de estreno y que, seguro, preferirán los amantes de sus pequeñas elegías a la desgracia humana. Quizá se sumen a estos algunos de los miles de jovenzuelos perdidos entre tanta banda sonora vampírica y los LPs de los últimos representantes del neo-gótico: con Cold Cave, sus gélidos y macabros corazoncitos encontrarán el estímulo adecuado para bombear su espesa sangre, ya continúen la dirección marcada en “Cherish The Light Years” o se dejen engatusar por su antecesor.

Cold Cave – The Great Pan Is Dead by artsandcraftsmx

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