La pose del gangsta típico (y prototípico) que se folla a las niñitas blancas mientras estas, embadurnadas de barro y grasa de su súper buga (¿eh, tronco? ¿m’entiendes?), le piden más con voz jadeante (fin del relato erótico) ya pasó. Lo dijimos hace unos días cuando traíamos a colación la publicación del nuevo disco de Drake. Pues con Common hay razones similares a las de aquel pero, quizás, sí con una filia negrata bastante más fiel y concreta que en el otro caso y, sobre todo, con una historia discográfica que, con memoria tambaleante o no, nos hace asumir una cuestión evidente: Common lleva casi dos décadas publicando discos, con mayor o menor precisión y éxito. Lonnie Rashid Lynn, Jr., más conocido como Common, obviamente ni es un borrego ni pretende calcar a rajatabla las claves del éxito del hip hop mainstream que ha llenado de oro y perlas a varios de sus contemporáneos (y a él también, pero no tanto desde una perspectiva global, sino más sinuosa y discreta), pero en “The Dreamer / The Believer” (Think Common Music Inc., 2011) aquel pensamiento único de espiritualidad, raíz africana, cameos con ciertas zonas de la Latinoamérica tropical y esos parafraseos cuidados y auténticas golosinas del pop urbano más aperturista cambian de métrica. No mucho, pero lo hacen. ¿Intento de cambio de paradigma, simple reinvención o percepción ambigua del empleo de su urbanismo sónico? Ni puta idea.

Aún a pesar de que Common nos quiera vender ese pato de que “The Dreamer / The Believer” es una suerte de álbum doble en el que tanto las pesadillas como sus sueños conjugan en comunión y con destreza en un mismo espacio. Probablemente la única dualidad que exista en este noveno álbum del rapero de Illinois sea la polivalencia premeditada comentada antes: existe el Common histórico, espiritual pero no tanto como para rendirle tributo a Jah o Selassie I, aquel que no pretende utilizar a la mujer como un elemento de descarga de semen y de hostias y el que desprende una rabiosa paz que es tan didáctica como evocativa; y el nuevo, el que se anima a parafrasear en castellano alguna frase, el que se rodea de Nas (atención: en 2012 publicarán un álbum conjunto, Nas.Com) y aprende a desfilar en derroteros que conectan ambas facetas suyas y dan pie a canciones que dejan entrever un interés por el ghetto desde un prisma bastante más útil. Sí, samplea a The Fellows, la Electric Light Orchestra, Kenny Loggins y Curtis Mayfield, entre otros. Sí, llama a coproductores tan aparentemente distantes como No I.D. y Mike Chávez y el redondo resulta apabullante. Sí, firma canciones que son, a la vez, reggae, soul, Motown, r&b y hip hop peligroso como “Raw (How You Like It)”, entrega estribillos bastante ñoños y hasta britpoperos como en “Cloth” y sí, acude al mentado Nas para angustiarse en una loopeada y plahada de scratches y samples como “Ghetto Dreams”. Sí, Common cambia el tono e incorpora a Makeba Riddick a canciones como “Blue Sky” para que el ejercicio sea más suave y no tan rudo como su fraseo y parodia al pop vía vocoder como si el “Kid A” (EMI Music, 2000) de Radiohead fuera un elemento de parodia en “Pops Belief” y, en definitiva, firma un paso firme hacia el progreso del género urbano en canciones como “The Believer”, con John Legend prestando sus servicios en un tema que podría ser la renovación del trip hop si a Portishead le parece bien. Motivo de orgullo y satisfacción para N.E.R.D., Mos Def o The Streets y uno de los grandes discos urbanitas de la temporada. Así.

[Alan Queipo]

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