No te asustes. Esta sección no nace con intención de amariconarte ni de venderte la moto de lo molón que es saber de pasarelas, temporadas, diseñadores, colecciones y todo eso. No. Eso que lo intente tu novia. Esta sección nace, más bien, con la intención de hablarte de tú a tú al respecto de las tendencias… O, más bien, al respecto de lo que los hombres como tú y como yo entendemos por tendencias. Vamos: algo que no se rige porque estemos en otoño / invierno u otras estaciones del año separadas por la maldita barra, sino lo que tenemos ganas de ponernos después de verlo en la calle o por ahí (atención: este “por ahí” no es gratuito y es lo que hacemos los hombres: no nos importa un pito que aparezca en la Vogue o en “Sexo en Nueva York”. De hecho, no nos importa un cojón acordarnos de dónde lo hemos visto… Nos mola y punto. No nos preguntéis). Y, ¿qué mejor forma de bautizar esta sección que con algo que estamos viviendo estos días? Es decir: que nos estamos hartando un poco de los vaqueros de toda la vida y nos empiezan a poner bastante palote los chinos. No los de ojos rasgados, sino los pantalones.

No es algo nuevo. Si eres un hombre de verdad, lo más probable es que ya tengas unos chinos en tu armario (si eres un ecce homo es probable que todavía vistas pantalones de skater todo cagados y por lo tanto esta no es tu sección). Pero no está de más mirar un poco de cerca este fenómeno… Porque los hombres tardamos más en cansarnos de nuestros trapos, la verdad. Pero llega un punto en el que es hora de hacer el cambio: supongo que, como todo hijo de vecino, a vosotros también os pasó aquello de que hacia finales de los 90 desterrasteis los jeans de vuestro armario y os lanzasteis al bagging (venga, permitidme este término que hasta mi vecino cholai sabe lo que significa), la pana e incluso -¡horror!- los pantalones cargo (si queréis dañar vuestras córneas, mirad esta foto para saber qué es un pantalón cargo). Por suerte, de aquello volvimos a los jeans. Pero, ¿no os habéis vuelto a aburrido de ellos?

Por eso mismo, Dios bendiga a ese chorramen de chinos que vivimos desde hace un par de temporadas. Si este verano no sentiste el impulso de comprarte unos chinos de un color vivísimo, tu oportunidad debería llegar este invierno con colores tierra, mostaza o teja. Y si eres duro de mollera, no te preocupes, que el próximo verano seguirás teniendo tu oportunidad con tonos más apagados (sin llegar al pastel, claro, que somos machos). Las posibilidades son infinitas: con camisas y americanas si quieres que tu novia se sienta orgulloso de ti, o con camisetas de colores planos si lo tuyo sigue siendo la comodidad por encima de todo. En los pies, zapato o zapatilla fina, por favor. Que las bambacas jinchas se queden en tu armario (o en la basura) con el principio de siglo, por favor.

CULITO FINO. Si eres tan culito fino que quieres ir un paso allá y que, además, te lo pongan bien fácil, mi recomendación absoluta (porque me tiene todo loquer desde que lo descubrí) son los Alpha Khaki de Dockers: tela y pinta de chino pero corte de vaquero. ¿Qué significa esto? Que tiene lo mejor de los dos mundos. Que puedes ir elegante sin traicionar el look pitillero de pierna estrecha y cintura baja que tanto nos mola para marcar patorra. Que puedes ir diferente a tus colegas sin ir tan diferente como para que te miren raro. Que puedes vestir otros tonos que no sea el azul jean (porque hay una variedad bastante interesante, aunque yo recomiendo el azul claro -“lakeside” en jerga Dockers– y el teja -“terra cota”). Que no hace falta que parezcas un pijo de zona alta porque, ¡flipante!, puedes comprarlos en diferentes estado de “desgaste”. Que, ey pavos, esto te hace un culo bastante fardón. Y, sobre todo, que así vamos ampliando un poco la variedad cromática de nuestras piernas. Que ya toca. Que más que machos, parecemos todos borregos ahí con los mismos colores.

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