La juventud baila: segunda parte… No olvidemos lo que ya dijimos a propósito de Beacon(Kitsuné / Music as Usual, 2012), el último disco de Two Door Cinema Club: la confusa chavalada alternativa que nos rodea se mueve, se agita y se desmelena a gusto semana tras semana entre meneos, gin tonics aromatizados y otras sustancias excitantes. Una rutina que alcanza mayores cotas de placer si se realiza según el ritmo de unas cuantas guitarras danceras que permitan olvidar que mañana será otro día y, de paso, diferenciarse del común de los mortales fiesteros; pero también vale que, una vez abandonados los escrúpulos, la electrónica clubber de diverso pelaje marque la pauta, aunque ello suponga ponerse al nivel del resto de la humanidad discotequera, donde mezclar no es malo: llegado cierto momento de la juerga nocturna, no importa pasar a la siguiente fase de esquizofrenia musical en la que suenen Pitbull, Juan Magan, David Guetta, Swedish House Mafia, LMFAO o el pertinente remix del nuevo single de Flo Rida sin miedo a que las neuronas estallen por saturación. Alcanzado el amanecer y de regreso a casa, muchos finos paladares incluso defenderán tal cocktail sonoro del mismo modo que reivindican el mérito de Camela más allá de arrasar en las ventas de los stands de las gasolineras nacionales.

Para justificar sus palabras y dotar de más seriedad a su discurso, pueden recurrir a la consabida etiqueta de moda. ¿Qué tal la Electronic Dance Music (EDM), ese género de difuso significado e invisibles fronteras? Realmente, ese acrónimo se viene utilizando desde hace lustros, pero fue durante las últimas temporadas cuando cuajó su uso como denominación de un conjunto de productores y djs que pretenden agitar las pistas de baile a base de bombos golpeados por martillos. En ese saco encontramos a Avicii, Steve Aoki, Skrillex, Afrojack o Deadmau5, el nombre que nos ocupa. Un caso curioso el suyo, ya que el artista que se esconde tras ese alias y una gran cara de ratón, el polémico Joel Thomas Zimmerman, había desarrollado la primera mitad de su carrera encuadrado en el house progresivo de toda la vida (con muy buenos resultados: ahí están “Ghosts ‘n’ Stuff” y su tándem con Kaskade, “I Remember”) para saltar después, por arte de birlibirloque, al terreno de la EDM desde su perspectiva contemporánea (valga el revestimiento electrolítico y vigoroso de “Sofi Needs A Ladder” como ejemplo).

Quizá en ese proceso entraron en juego simples cuestiones de marketing, cuyo objetivo sería dar en la diana de una audiencia masiva y de todas las edades, motivos suficientes para explicar su endurecimiento sonoro (manteniendo como base la esencia de sus planteamientos estilísticos iniciales). Así, desde su álbum 4 x 4 = 12(Mau5trap / Ultra, 2010), Deadmau5 no se anduvo con ambages a la hora de fabricar un electro macizo y granítico, ideal para acceder cual punzón pica-hielo tanto a las cabezas de los aficionados más acérrimos del tecno-garrulismo con el corte de pelo de Skrillex como a las ondas hertzianas de Maxima FM y los recopilatorios anuales de Ministry Of Sound, pero también a las playlists que los alternativos más puestos en la escena dance reproducen en sus reuniones domésticas de madrugada.

Dado el éxito comercial de su estrategia, el canadiense no cambió su guión en > Album Title Goes Here <(Ultra, 2012), que se muestra, ni más ni menos, como un artefacto explosivo con un contenido para ser activado, en su mayor parte, en momentos de máximo disfrute en la disco, cualquiera que sea su ubicación y perfil. De ahí que no tarde un segundo en comenzar a rodar como una bola de demolición con “Superliminal” (amenazante de principio a fin) y descienda a toda velocidad a través del electro-house gradual repleto de capas de sintes y subidones de “Channel 42” (aupada por su compinche Wolfgang Gartner), “Fn Pig”, “Professional Griefers” (una versión embrutecida de Empire Of The Sun guiada por la voz de Gerard WayMy Chemical Romance-) y “Maths”. Para rebajar el efecto galvánico de estas pistas, Zimmerman intercala entre ellas la transparencia del progressive-house entre trance e hipnótico que le otorgó notoriedad, desplegada en “The Veldt” (un calco de “I Remember”), “There Might Be Coffee”, “Closer” (en un alarde de nula originalidad usurpa la mítica melodía espacial del film “Encuentros en la Tercera Fase”) y “October”.

Como se puede comprobar, el modus operandi que sigue Deadmau5 resulta bien sencillo: toma las dos armas que tiene más a mano (electro machacón y house suavizado) y descarga todos sus cartuchos, cargados con la pólvora justa para que su asimilación por el oyente sea directa y rápida. Por ello, los que se tildarían como tramos “experimentales” (siempre entrecomillados) del álbum quedan relegados al final: “Sleepless” y “Telemiscommunications” se quedan en rescates olvidables del chill-out de hace más de una década y “Failbait” intenta, penosamente, cruzar el hip-hop old-skool con el dubstep de garrafón mediante el featuring de Cypress Hill.

No hay que buscar tres pies al animal mitad gato mitad roedor que ilustra “> Album Title Goes Here <”. Este disco es para lo que es: consolidar el elevado estatus de Deadmau5 dentro de la corriente EDM y lograr que la muchachada queme zapatilla sin remilgos. En ese sentido, el conjunto llega al aprobado. Pero nada más. Quien quiera ponerle nombre o adjetivarlo una vez escuchado, que rellene el hueco dejado en su título: se aceptan todo tipo de propuestas. Ya habrá tiempo más adelante para reconsiderar la designación de eso que algunos se empeñan en llamar Electronic Dance Music.

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