«¿Y sabes qué vas a hacer ahora?», «Somos la generación pragmática», y «La vida privada tiene una prioridad absoluta» son algunas de la frases que la alemana Meredith Haaf (Múnich, 1983) nos dispara en su análisis “Dejad de Lloriquear. Sobre una generación y sus problemas superfluos“, publicado en nuestro país por Alpha Decay, con una traducción muy cuidada de Patricio Pron. Un retrato minucioso (y muy logrado, todo sea dicho) de la generación de los que hoy tenemos entre 20 y 30 años. La generación en las eternas prácticas, remuneradas en el mejor de los casos; de Facebook, Twitter y la apatía política; la del postoptimismo y la competencia. Aunque básicamente esta juventud que analiza es la germana, en cuyas triquiñuelas la autora se incluye, cualquier persona de nivel adquisitivo medio que haya nacido en la década de los 80, sobre todo en Occidente, y que lea este ensayo se identificaría en ciertos, si no muchos, aspectos.

Haaf reúne un cóctel de características de esta llamada generación que busca un consumo responsable pero que no lo abandona y, si es posible, postea en sus perfiles virtuales su «buena acción» del día incluso antes de acabarla. Sin embargo, la alemana no tinta el libro con pesimismo y ardua crítica, sino que da una visión objetiva, clara y con gracia de nosotros, «hijos de nuestro tiempo», según afirma. Se es la generación de los que no se muestran satisfechos con el sistema democrático, pero tampoco plantean alternativas ni acciones para mejorarlo. Este aspecto es uno de los más revisados por Haaf: cómo se nos denomina como los «nativos digitales», en los que la participación en partidos políticos o en círculos que supongan algún tipo de compromiso activo ha quedado reducida al mínimo, comparada con las generaciones de las décadas anteriores como la de los 70. Por otro lado, la autora afirma que entre los jóvenes veinteañeros se tiene una especie de alergia a todo lo relacionado con temas sociales, como las políticas públicas, pues lo que de verdad nos interesa es nuestro entorno muy cercano: familia-amigos y la empresa «Yo, S.A». La autora también mete el dedo en la llaga de la competencia, una de los factores más importantes hoy en día en el plano laboral, ese mundo en el que también se nos pide flexibilidad y rendimiento. Un mundo al que pretendemos acceder con la mayor cantidad de líneas en el currículum, porque así nos elegirán a nosotros en vez de al de al lado, aunque sea nuestro amigo. La solidaridad, ¿dónde quedó?

Haaf nos deja ver que Alemania también está en crisis. Y es que, a pesar de que es el país soñado para el trabajo por el joven medio, la verdad es que, según afirma la autora, Berlín se salva por ser una ciudad en la que vivir con el poco dinero que pagan es un proyecto viable si sabes cómo hacerlo. Son esas dificultades y temores que hemos creado por miedo a convertirnos en adultos, esa barrera que tenemos pensando en que no podremos obtener el nivel adquisitivo de nuestros padres, las que tenemos que eliminar. Porque nos conviene dejar el teléfono inteligente que tenemos en la mano, y dejar de lloriquear.

[Marta Lozano]

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