Sé de la existencia de estos valles desde hace años. Les tenía cariño desde antes de conocerlos, quería venir hace mucho y me habría encantado que hubiera sido en las condiciones en las que pensé que sería. Pero no pasa nada: las cosas pasan como pasan y no me quejaré de la naturaleza de esta visita. Este sitio es una maravilla.

Esta mañana decidimos ir al pueblo más cercano a comprar algunas provisiones y comprobamos que no es tan descabellado pensar que el tiempo pasa a velocidades distintas en según qué sitios, no hay más que ver cuál es la última moda en el Valle del Cinca:

Pasamos la mañana en Bielsa, a unos diez kilómetros de donde nos quedamos. En total, no nos cruzamos con más de diez personas. Dos eran montañeros, diría que muy del norte de Europa, estaba también el camarero del bar donde desayunamos y el tendero y la tendera del colmado en el que compraríamos nuestros pequeños suministros de subsistencia pirenaica. Luego una señora muy mayor con una más joven que empujaba su silla de ruedas y dos ancianos que se preguntaban cosas el uno al otro a voces, sin escuchar ni las preguntas ni las respuestas, también un señor arreglando una farola en la puerta de la tienda donde encontramos las gafas y la ropa de la foto anterior. Ah, perdón, también llegó un autobús escolar, con una excursión de muchachos y muchachas de unos quince años con los que nos cruzamos brevemente cuando salíamos del pueblo, ya de vuelta. Pero esos no cuentan, porque no son lugareños.

Hoy ha hecho un día espectacular. Aún sin ni una sola nube en el cielo, no hemos pasado de veintidós grados. Tan buen día ha hecho que, en un momento de inconsciencia, me pareció buena idea nadar un poco en el río Cinca, en unas tablas de corriente suave que hay muy cerca de aquí. Me pareció una buena idea, pero no lo era: no sé a qué temperatura estaba el agua, pero les aseguro que fría no es un adjetivo calificativo preciso en este caso. Doloroso, pero tonificante, creo. Aunque, sin duda, el paseo por el río mereció la pena: además un buen número de truchas, vimos una nutria y eso es algo muy, muy raro. Hemos tenido suerte.

Nuestro último día en esta casa ha sido plácido y soleado. Estamos seguros de que, tarde o temprano, volveremos aquí. Mañana por la mañana salimos hacia Vitoria, donde proseguimos los conciertos de la gira. Tenemos muchas ganas, claro que sí.

Ah, por cierto, entre que volvimos del pueblo y nos fuimos al río, hemos experimentado un poco con las opciones que el iPhone y el Mac nos ofrecían en lo que a grabación y edición de vídeo se refiere. Éste es el resultado: una canción nueva que ha nacido hoy, en un caserío del Valle del Cinca, en uno de los días más bonitos que recuerdo.

I am Dive – Hands from Esteban Ruiz on Vimeo.

[Esteban R.]


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