Martes 21 de junio. Una nueva mañana. Quedan 9 días para entrar en el estudio.

¿Qué es lo que alguien necesita cuando está a punto de grabar un disco? Tranquilidad absoluta, estabilidad y tiempo para pensar y anticiparse. Justo las tres cosas que yo no tengo en estos momentos.

El pasado fin de semana, además de tocar en el Día de la Música en el Matadero de Madrid, tuve que trabajar en dos frentes distintos: haciendo la promo de los artistas que participaban en el festival y que editan sus discos en sellos representados por la distribuidora discográfica para la que trabajo ([PIAS] Spain), y echando una mano, cuando tenía tiempo, en el stand que Gran Derby Records teníamos de 11:00 a 21:00 horas dentro de la zona de expositores. Como nada es divertido si no se dan condiciones climatológicas extremas, el calor que alcanzamos a las 16:00 del domingo fue de verano absoluto, obligándonos a estar fuera del cubículo si no queríamos jugarnos una lipotimia. Muy rico.

Además, mi amigo Nacho (también en The Secret Society, también en Gran Derby Records y CEO de Nine Stories) y su amor Alondra (que canta mejor que cualquiera de nosotros) están pasando unos días en mi casa, la cual no está preparada arquitectónicamente para acoger a tres personas a no ser que tengan conexión sexual entre sí, por lo que me he trasladado temporalmente a casa de mis padres, a las afueras de la ciudad. Esto hace que el tiempo de mis desplazamientos se multiplique, al menos, por dos.

Y por si esto no fuera suficiente, hace sólo unos días que me pasó por encima un tren emocional con destino Minneapolis y en cuyo plan de ruta no estaba previsto pasar por mi apeadero.

Total, que no hemos vuelto a ensayar, que no sé cuándo podremos hacerlo (parece que el domingo que viene) y que el viernes creo que iré a ver a Band of Horses. Justo tres cosas que no ayudan para preparar el disco.

Además, me duele muchísimo la espalda. Y, por supuesto, no pienso ir al médico.

[Pepo M.]


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