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Cuando una fórmula funciona, ¿por qué cambiarla? En el mundo de la música, porque al artista o grupo en cuestión le entran unas ganas terribles de probar sonidos nuevos, practicar estilos diferentes o caminar por sendas poco o nada transitadas con anterioridad. Ya sea de manera auto-impuesta o por requerimiento de la audiencia, se lanza de cabeza a la piscina de la renovación integral -fijándose en el pasado o en el futuro, todo vale- con el consiguiente peligro de meterse en un charco gigantesco. Una situación así vivieron Editors antes y después de la publicación de su penúltimo disco, In This Light And On This Evening (Kitchenware, 2009), especie de laboratorio en el que la banda liderada por Tom Smith trató de experimentar con la tradición histórica del synth-pop, la electrónica industrial y el krautrock, desterrando las guitarras de la instrumentación utilizada y alejándose, por ende, del revival del post-punk eléctrico y de aquellas analogías que la colocaban como alternativa británica de Interpol y heredera de formaciones de culto como Kitchens Of Distinction. Salvo en el hit-single “Papillon”, las tecno-piruetas retro de Editors no cuajaron ni por activa ni por pasiva.

Básicamente, Editors habían perdido sus señas de identidad más significativas y ya no tenían nada que ver con aquellos chicos que, aupados por sus claras influencias, habían facturado grandes canciones como “Munich”, “Bullets” o “Smokers Outside The Hospital Doors” balanceándose sin miedo entre la new wave y el post-punk enérgico, la épica de estadio y las baladas azucaradas. Flood -productor, entre otros, de U2– había colaborado, por petición del grupo, en la ejecución del crimen, aunque posteriormente no se enrolaría en la grabación del álbum. Pero se había puesto la primera piedra de los importantes cambios que Editors sufrirían en el futuro: el principal, la salida de la banda de Chris Urbanowicz -miembro fundador, co-compositor y demiurgo de los nítidos acordes guitarreros que habían definido al hasta aquel momento cuarteto- durante 2012, al no estar de acuerdo con la deriva procedimental que estaba tomando el conjunto, sobre todo cuando Tom Smith había recurrido de nuevo a Flood para empezar a registrar los primeros bocetos del LP que nos ocupa, The Weight Of Your Love (PIAS, 2013). La sombra de “In This Light And On This Evening” -y sus posibles nefastas consecuencias- planeaba sobre Editors.

Con todo, la entrada del guitarrista Justin Lockey y el teclista Eliott Williams, la ausencia otra vez de Flood en el estudio y la dirección a los mandos de la producción de Jacquire KingKings Of Leon, Dawes, Cold War Kids…- en Nashville (Tennessee) sugerían un par de pensamientos alrededor de “The Weight Of Your Love”: que Editors estarían en disposición de regresar a sus orígenes eléctricos y que dicho disco podría convertirse en su álbum americano, al estilo de lo que había sucedido con “Ruttle And Hum” (Island, 1988) de U2… realizado en Memphis (Tennessee). Más paralelismos, en forma de canciones: “A Ton Of Love”, adelanto de este LP y lo mejor del lote, recuerda inevitablemente a “Desire” -uno de los temas de cabecera de la etapa yanqui de los irlandeses-, a pesar de su brío y efectivo estribillo; “The Phone Book” llama la atención por sus hechuras rítmicas sacadas del country-folk delicado y sentido típicamente norteamericano; y “The Weight” y “Two Hearted Spider” -con sendos epílogos solemnes- más “Sugar” -con un bajo marcado y punzante- apelan al sonido profundo, cuasi grandilocuente, que pretende llenar el vacío y la soledad del desierto de Death Valley.

Efectivamente, con más motivos que nunca, Editors se unen al pelotón de aspirantes a sucesores de U2 en busca de su resarcimiento. Una vía de recuperación que, comprobados ciertos antecedentes -los de Coldplay y The Killers brillan con luz propia-, hacen pensar en los peores augurios. Y, en buena medida, se cumplen: Tom Smith -con su barítona voz intacta- y los suyos se pierden en tonadas sin sustancia como las insulsas “Bird Of Prey” o “Hyena” cuando tensan el nervio o las blandengues “Honesty” o “Nothing” cuando se envuelven en orquestaciones de cuerda para sacar a relucir su lado más sensiblero, en consonancia con el leitmotiv recurrente de “The Weight Of Your Love”: el amor, naturalmente. Sólo se salvan, en medio de unas y otras, “Formaldehyde” -que entraría sin problema en el catálogo de su época inicial- y “What Is This Thing Called Love” -tan rompecorazones como su predecesora “Push Your Head Towards The Air”-.

Los mal pensados dirán que “The Weight Of Your Love” es la culminación del largo proceso de fotocopiado que Editors vienen practicando desde que se estrenaran con The Back Room (Kitchenware, 2005), saltando desde entonces de nenúfar en nenúfar siguiendo la estela de The Chameleons, Echo And The Bunnymen, los mencionados más arriba Kitchens Of Distinction, Depeche Mode y ahora U2, estación por la que siempre pasaban cerca pero en la que nunca se detenían de manera evidente. Razón no les falta en cuanto a la huella dejada por esos nombres en los ingleses, aunque deberían reconocer que el retorno de Editors a sus esquemas primigenios permite creer que pueden sobrevivir con dignidad en una corriente, el revival post-punk, gastada y envejecida a estas alturas pero todavía viva.

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