A pocos días de las elecciones del 20D, ¿qué forma más necesaria e incendiaria que reflexionar sobre el “2015” que con el politizado disco de El Pardo?

 

Se palpaba en la calle, se respiraba en el ambiente: antes de su comienzo, se dijo que 2015 iba a ser el año, si no de la revolución, sí del cambio, tras vivir un 2014 que había sido calificado como el año de la ira. Revolución, cambio, ira. Tres conceptos elevados a estados de ánimo de intensidad creciente que, con el 2015 aún dando sus primeros pasos, Fighter Pillow reflejaron, respondiendo a nuestra invitación, en una selección de canciones favoritas para dar un giro de 180˚ al mundo. Y, por extensión, a nuestro país. Claro, la música como motor del cambio, como energía de la protesta, como combustible de la denuncia. Por eso no debería extrañar que, en los estertores de este 2015 ya agonizante, cuyo final coincide con las quintas elecciones celebradas en cuestión de unos meses en España, las generales, haya visto la luz el significativo, simbólico y apropiado nuevo álbum de El Pardo“2015”.

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[FOTO: Silvia Muñoz Molina]

¿Quién decía que la música patria se había adormecido? ¿Dónde está la supuesta anestesia inoculada a esa escena alternativa / independiente que parecía huir de tales etiquetas eliminando de su discurso los mensajes combativos? De acuerdo, quizá sus actores protagonistas no han administrado las necesarias dosis de veneno sonoro, no han emitido suficientes soflamas contestatarias ni han llamado a sacar las antorchas (pacíficas) en sus canciones para plasmar el desencanto y el hastío provocado por corruptelas, embustes, desmanes y abusos políticos, pero no han faltado ejemplos de su acciones más o menos evidentes, más o menos subrepticias.

Inevitablemente, cada género musical ha acabado por ser permeable a la negra realidad. Sin ánimo de abarcar mucho y apretar nada, permítanme que me ciña a los estilos (incluidas en ellos sus ramificaciones) que suelen alimentar las líneas de esta web: en el pop -tomado en su clásica acepción derivada de ‘música popular’, no como producto artificial objeto de marketing masivo- se han abierto ciertas brechas por las que se ha ido filtrando un ánimo protestante unas veces de origen indie / underground y, otras, próximo al (nuevo) mainstream; la electrónica nunca ha perdido del todo su esencia subversiva ni su condición de elemento reactivo; y el rock, pese a que ya no sea el estilete contra el poder establecido de antaño debido a la absoluta asimilación y perversión de sus códigos primigenios, mantiene vivo buena parte de su fuego purificador.

Como si fuesen herederos del mitológico Prometeo, El Pardo han cogido ese fuego eléctrico y le han echado encima un bidón de gasolina para incendiar “2015” y, de paso, la campaña electoral que hoy acaba -por fin- y que ha condensado en semanas la frustración colectiva acumulada en años. Llegados a este punto, la clave reside en no olvidar los motivos que han conducido a tal situación. En ese sentido, el repertorio de “2015” es certero, implacable, corrosivo, atómico y no obvia ninguna cuestión: la interpretación del aborto perpetrada por un ministro sui generis que afirmar tener un ángel de la guarda que le encuentra aparcamiento, los asesinatos financieros e hipotecarios, las falacias clasistas que vienen de arriba, la ineptitud arraigada en las altas instancias y en despachos del tamaño de un apartamento, la alienación capitalista… El súmmum de todo lo expuesto lleva por título una de las palabras más pronunciadas durante el último lustro: “Vergüenza”.

En el cráter de un volcán repleto de punk, noise, hardcore, post-punk y spoken word incandescentes, el berrido -más que el grito- reaparece en “2015” como vía de canalización de rebeldía, dotada de sentido y significado. Dentro de su núcleo magmático se articula un discurso insertado en el contexto adecuado. Tenía que ser aquí y ahora cuando El Pardo, culminando una flamígera trayectoria, pusieran todos los huevos y ovarios sobre la mesa para entregar un disco visceral que avanza a degüello y corta cabezas respondiendo a la exigencia de desahogo de esa gran clase que ya no es media, baja ni obrera, sino directamente jodida. La temperatura alcanzada está a punto de reventar el termómetro social y era necesario tener a mano un lanzallamas que expulsase estrofas politizadas contra la herencia recibida de la herencia recibida, contra la angustia de una comunidad que tiene demasiados pesos sobre su espalda.

Se habla de que se está produciendo una remontada latente gracias a que el pueblo ha recuperado la fe en -o se aferra a- la denominada nueva política. Parece que el sol sale por el lado izquierdo… Hasta aquí hemos llegado: 2016 puede (debe) ser el año en que salten por los aires las costuras del anquilosado sistema político de este país y emerja definitivamente todo el fango de la alcantarilla. Toca dar un puñetazo en las urnas. Denle al play a “2015” y decídanse a b/votar.

 

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