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Espiritualidad, esoterismo, naturaleza, paz, amor, parajes exóticos, leyendas ancestrales, trajes plumíferos, pinturas tribales… Si se toman estos elementos juntos y revueltos, puede parecer que pertenecen a una mala revista de ciencias extravagantes, a alguna de esas imágenes virales que recorren las redes sociales transmitiendo consignas universales pseudo-filosóficas o a un hipotético programa televisivo de madrugada en el que Esperanza Gracia y Sandro Rey uniesen sus poderes sobrenaturales puestos de peyote. Pero no: por separado y bien definidos, componen buena parte del discurso extra-musical de Empire Of The Sun. Dicho mejunje (entre terrenal y celestial) corre el riesgo, a primera vista, de chirriar y echar para atrás al oyente medio. Sin embargo, la pareja que se esconde tras el combo de tan simbólico nombre, Luke Steele (The Sleepy Jackson) y Nick Littlemore (Pnau), remueve ese caldo de tal manera que resulta fácil dejarse empapar por sus odas a la energía bondadosa del ser humano, a los sentimientos vírgenes y a la vida disfrutada en plenitud.

En los actuales tiempos de decadencia global, esa clase de proclamas son susceptibles de ganar peso e imponerse a los pensamientos materialistas que, hasta ayer, marcaban los derroteros de la sociedad occidental. Hace cinco años, cuando la burbuja que nos rodeaba comenzó a estallar, los mensajes que Empire Of The Sun incluían en su debut, Walking On A Dream (EMI, 2008), ya apuntaban hacia esa dirección, impregnados de polvo cósmico, semiocultos tras un velo onírico y revestidos de una pátina synth-pop acaramelada que situaba al dúo al frente del pelotón más comercial de la fértil escena electrónica australiana. Con todo, su sonido accesible no estaba reñido con su acierto melódico ni caía en fórmulas simplistas: el bagaje de Steele (gran modelador de composiciones pop) y Littlemore (hábil creador de estructuras sintéticas) les permitía aproximarse al mainstream sin caer por su precipicio, como demostraron en “Walking On A Dream” (la canción) y “We Are The People”, los dos incontestables hits de su primer trabajo.

Un lustro después, la crisis generalizada avanza firme y continúa agudizándose; y las arengas a que el hombre y la mujer rompan las cadenas que los constriñen para encontrarse con sus verdaderas raíces y personalidades, gusten más o menos, han mantenido (e incluso aumentado) su vigencia. No resulta extraño comprobar, por tanto, que Ice On The Dune (Astralwerks, 2013), segundo LP de Empire Of The Sun, desprende un aura similar a la de su predecesor al intentar capturar la sensibilidad planetaria a través de estrofas positivas y esperanzadoras interpretadas en un contexto de idénticas características inestables. Al mismo tiempo, tampoco sorprende que la plantilla sonora a la que recurre el dúo en festa ocasión calque casi al dedillo a la que utilizó en el pasado (guitarras acústicas insertadas en ritmos programados, teclados gomosos y dulces, arreglos electrónicos resplandecientes y bases dance-pop que amortiguan la permanente melancolía de la peculiar voz de Luke Steele), aunque esta vez potencia su pegada bailable para llegar a todos los públicos.

El arranque del álbum no esconde las intenciones de Empire Of The Sun, al explotar como una supernova de champán gracias a “DNA”, “Alive” (que remite a los MGMT menos psicodélicos y más concisos y efusivos), “Concert Pitch” (ideal para poner banda sonora a una nueva versión fílmica de “La Historia Interminable”) y la titular “Ice On The Dune”. Asimismo, la distribución del tracklist está diseñada para mantener a la audiencia en lo más alto: sólo en su punto central se ofrece un par de momentos de respiro (aquí destaca la refrescante “Awakening”, con Daft Punk en el recuerdo) para remontar después el vuelo mediante la cheesy “Celebrate”, la popera “Surround Sound” (otro homenaje daftpunkiano) y el electropop convencional de “Disarm” hasta aterrizar así de nuevo en la pista de baile (mística). Aquí no hay espacio para realizar piruetas y experimentaciones sin sentido: Steele y Littlemore saben cuál es el género que mejor manejan y cuál deben trasladar a sus potenciales destinatarios. De hecho, para asegurar el éxito de su propuesta, no dudan en cerrar el LP de la manera más previsible posible: suave y reposada (según las reglas del soft-rock de los 70 y 80) con “Keep A Watch”, indicando que la frenética y edulcorada travesía ha llegado a su fin.

Con las brasas de la noche de San Juan todavía calientes, es posible afirmar que “Ice On The Dune” funciona como el disco perfecto para danzar en la oscuridad de la noche, al calor del fuego, bajo el influjo del perigeo lunar y con la mente despejada para ahuyentar supersticiones varias. De acuerdo, todo esto suena a estampa sacada del libro de algún chamán de tres al cuarto o, sin ir más lejos, a secuencia recreada por los mismos Empire Of The Sun en uno de sus vistosos videoclips. Pero, a veces, no hace daño dejarse embargar por ese ánimo puro y luminoso que, por lo que dicen, puede hacernos mejores.

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