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Esto lo sabe todo el mundo: la matemática no engaña. Y, a pesar de que la música es cualquier cosa menos una ciencia exacta, con la ayuda de los números a veces podemos hacernos una idea de qué va un disco sin necesidad de escucharlo. En el caso que nos ocupa estos son los datos: banda inglesa formada por 3 integrantes (1 baterista, 1 guitarrista, 1 chica bajista que además canta) hace canciones que duran 10:17, 3:34, 14:33, 6:51, 7:55, 2:02 minutos… podemos calcular que el resultado oscila entre el punk rabioso que pide a gritos un bozal y las…
Esben & The Witch pretenden sacarnos de la placidez veraniega a golpe de atmósferas pesadas y lentas erupciones volcánicas, pero el intento se les acaba haciendo algo largo.
PUNTUACIÓN - 72%

72%

Otoñal

Esben & The Witch pretenden sacarnos de la placidez veraniega a golpe de atmósferas pesadas y lentas erupciones volcánicas, pero el intento se les acaba haciendo algo largo.

Esto lo sabe todo el mundo: la matemática no engaña. Y, a pesar de que la música es cualquier cosa menos una ciencia exacta, con la ayuda de los números a veces podemos hacernos una idea de qué va un disco sin necesidad de escucharlo. En el caso que nos ocupa estos son los datos: banda inglesa formada por 3 integrantes (1 baterista, 1 guitarrista, 1 chica bajista que además canta) hace canciones que duran 10:17, 3:34, 14:33, 6:51, 7:55, 2:02 minutos… podemos calcular que el resultado oscila entre el punk rabioso que pide a gritos un bozal y las pesadas atmósferas del post-rock más crudo. Con un toque de sensibilidad femenina. Nos ponemos a escucharA New Nature (Nostromo, 2014) y ¿cuánto se ajusta nuestra estimación a la realidad? Bastante, diría yo. Pongámosle un 85% de acierto.

Esben & The Witch, como la matemática, no engañan. Su música se lanza a pecho descubierto; es sincera, hostil pero a la vez tierna, como una bestia herida en busca de cariño. Quizá sea cosa de la edad, pero los de Brighton suenan más heridos que nunca, o quizá la palabra sea ásperos. Ayuda la presencia del ubicuo Steve Albini como productor, que bien podría coger un colorido pavo real y desplumarlo hasta convertirlo en un irritado pajarraco de arisco graznido. La voz de Rachel Davies, que en sus principios caracoleaba como una Kristin Hersh (Throwing Muses) atiborrada de analgésicos, cada vez se acerca más a la rabia aguerrida de PJ Harvey. Poco a poco van mostrando las fauces, con cada disco que pasa. La electricidad va en aumento. Y así, entre descarga y descarga, Esben & The Witch terminan por ocupar un interesante lugar situado entre Savages y los primeros Mogwai.

Imposible no acordarse de Savages con la sobrecogedora “No Dog”, imposible no sentir ese calor subiendo por las orejas al grito de “I am no dog, I am a wolf”, no poder resistir soltar el puño al aire con el crescendo final “no dog, no dog, no dog…”. Es el punto álgido del disco. Este comenzaba con un amenazante punteo de guitarra que recuerda a los momentos más inquietantes de Godspeed You! Black Emperor. La voz de Davies se alza entre las tinieblas y alcanza la cumbre con la bellísima “Dig Your Finges In”. “The Jungle” es una quejosa procesión por la estepa a paso de mamut. Casi duele escucharlos, casi nos encontramos marchando con ellos, ofreciendo mentalmente ese empujoncito que les ayude en su larga penitencia. Una penitencia que dura casi un cuarto de hora, primera indicación de que a lo mejor el viaje este se nos va a hacer un poco demasiado largo.

Si alguien me preguntase cuál es mi estilo de música favorito, probablemente dudaría entre el post-punk de corte británico y el post-rock de emociones fuertes y ambientes oscuros. Lo nuevo de Esben & The Witch se sitúa en un punto equidistante entre ambas vertientes. ¿Porque no saca de mí el “wow” que en principio debería? Creo que su creciente apuesta por la atmósfera en detrimento de la canción como pauta convencional es quizá su mayor acierto y a la vez su mayor lastre. “A New Nature” discurre entre erupciones volcánicas que al final van formando una magma que va solidificándose y termina convertido en una masa algo amorfa, fría e impasible. En otras palabras, que acaba aburriendo un poquito. Aparte de eso, todo bien. Un disco más que correcto para empezar a olvidar la canción del verano, cualquiera que haya sido, y adentrarnos en el árido y espeso otoño. Que ya va siendo hora.

 

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