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  Chill aquí... Una expresión enigmática a la par que sugerente de efectos placenteros que sirve como título del nuevo disco de Extraperlo, “Chill Aquí” (CANADA, 2016). Pero, ¿a qué se refiere realmente? No se preocupen: no tiene una relación directa con la manida (y hasta denostada) etiqueta chill out. O sí, aunque aplicada con un sentido diferente, a juzgar por las palabras de Alba Blasi, Aleix Clavera, Borja Rosal, Cacho Salvador y Pau Riutort, que conectan su significado con la apertura de mente y de miras, con el ánimo de huir de ciertas rutinas, de quitarse de encima presiones…
Parece que Extraperlo están instalados en un verano eterno. Pero el grupo barcelonés va más allá de ese tópico musical convirtiendo “Chill Aquí” en un alegato contra los rigores de la era moderna. A través del optimismo y el amor, Extraperlo buscan la vía ideal para, en definitiva, vivir.
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Parece que Extraperlo están instalados en un verano eterno. Pero el grupo barcelonés va más allá de ese tópico musical convirtiendo “Chill Aquí” en un alegato contra los rigores de la era moderna. A través del optimismo y el amor, Extraperlo buscan la vía ideal para, en definitiva, vivir.

 

Chill aquí… Una expresión enigmática a la par que sugerente de efectos placenteros que sirve como título del nuevo disco de Extraperlo, Chill Aquí (CANADA, 2016). Pero, ¿a qué se refiere realmente? No se preocupen: no tiene una relación directa con la manida (y hasta denostada) etiqueta chill out. O sí, aunque aplicada con un sentido diferente, a juzgar por las palabras de Alba Blasi, Aleix Clavera, Borja Rosal, Cacho Salvador y Pau Riutort, que conectan su significado con la apertura de mente y de miras, con el ánimo de huir de ciertas rutinas, de quitarse de encima presiones urbanas y buscar respiros necesarios.

Esta dinámica filosofía existencial, cada vez más practicada en una época en la que se imponen modos de vida materializados a alta velocidad y alimentados por la dictadura tecnológica que, en vez de representar un avance, suponen una regresión, conforma el meollo de “Chill Aquí”. No obstante, pese a que hilvana conceptualmente su repertorio, esta temática no se debe tomar como una teoría rigurosa, sino más bien como un elemento etéreo que engorda el espíritu escapista y vitalista del álbum. En este caso, los posibles corsés argumentales desaparecen a favor de los pensamientos y, sobre todo, las emociones libres.

Así, “Chill Aquí” fluye con naturalidad como un río de sensaciones repleto de meandros convertidos en remansos de calidez musical a través del cual el receptor debe dejarse llevar, soltar amarras físicas y mentales hasta llegar a un puerto en el que también aparece, inevitablemente, el amor como ingrediente indisoluble del ser humano, ya sea en su representación idealizada e incluso inocente. El suave impacto de esta peculiar singladura se multiplica por los ropajes sonoros que Extraperlo visten para la ocasión y que ayudan a que los versos cantados por Borja con su característica y matizada voz coppiniana (esta vez más nítida y tersa) ganen en cuerpo y profundidad. Con el mismo Aleix Clavera encargado de la producción del disco (en lugar del habitual Pablo Díaz-Reixa, El Guincho, absorbido por su “HiperAsia”), Extraperlo han aprovechado el trueque de la caja de ritmos recurrente en sus esquemas por la batería tradicional para dotar de mayores texturas orgánicas y empaque a un sonido que mantiene su refrescante sabor y su intenso aroma ochentero y, a la vez, acentúa su halo reconfortante y ensoñador.

Extraperlo han sabido abrir sus páginas en “Chill Aquí” hacia sonoridades que subyacían latentes en el fondo de su catálogo precedente pero que aquí se muestran en todo su esplendor.

De hecho, hay tramos del LP en el que las neuronas se empapan de aquella granulada nostalgia creada por el chill wave, gracias al cual los recuerdos se visualizaban mentalmente mediante imágenes borrosas en formato VHS. “Chill Aquí”, sin embargo, no remite tanto al pasado como al presente, en el que pretende borrar todo rastro de oscuridad buscando la luz a través de un festín de sintetizadores de celofán, percusión magnética y acordes tan transparentes como radiantes que dan forma a un pop sofisticado, elegante, romántico y tonificante. Por momentos, resulta fácil imaginarse a Roxy Music con chaqueta, pajarita y bermudas playeras entregando canciones encantadoras sin desprenderse de su aura glamurosa (“Algo Distinto”) y con leves (“Ciudad Oasis”, canto optimista que perfila la dualidad que recorre todo el disco entre la urbe y cualquier otro espacio agradable alejado de ella) y marcados toques tropicales (“No me Toques por la Espalda”).

Si nos guiásemos sólo por esta analogía, se concluiría que Extraperlo han seguido una línea continuista con respecto a la fórmula aplicada en el anterior Delirio Específico (CANADA, 2012), repleta de fases dulces como el azúcar que cubre el borde de la copa de un cóctel. Pero, en un agradecido cambio de guión, “Chill Aquí” toma otras direcciones: el funk groovy de “La Celosa” (de ritmo contagioso que incluye punteos guitarreros muy chic, un bajo gomoso y un teclado con mucho mojo), la disco music en cápsula pop de “Ritmo Privado” (que gira bajo una bola de espejos de movimiento permanente), el (sorprendente) slacker-rock de la titular “Chill Aquí” (como si Mac DeMarco hubiese colaborado en la confección de su melodía nostálgica adornada con armonías vocales sugestivas), el funk blanco de “Mecánica Moderna” y el chill pop (no out) de “Klavier”.

Con un libro de estilo claramente definido desde su estreno en largo, Desayuno Continental (Mushroom Pillow, 2009), Extraperlo han sabido abrir sus páginas en “Chill Aquí” hacia sonoridades que subyacían latentes en el fondo de su catálogo precedente pero que aquí se muestran en todo su esplendor. Una extensión formal que se extrapola al vivificante discurso que Alba, Aleix, Borja, Cacho y Pau propagan desde su oasis privado. ¿Dónde pueden encontrar su momento chill? Aquí. [Más información en la web de Extraperlo]

 

 

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