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Por sorpresa nos ha pillado el nuevo temarral de Tame Impala… Ahora bien, una vez recuperados, necesitábamos dejar por escrito todo lo que “Let It Happen” nos transmite.

 

Un día cualquiera, en un momento cualquiera lleno de una monotonía cualquiera, sucede algo inesperado y el mundo se para un minuto: ha salido una nueva canción de Tame Impala. Como estar miroteando el cielo de noche y súbitamente ver un haz de luz surcar la oscuridad pese a no estar en temporada de estrellas fugaces. Todo lo que sabíamos hasta el momento era que los australianos estaban trabajando en un nuevo disco que saldría a finales de este año y que, en palabras del teclado del grupo Jay Witson, el nuevo material sonaría “less rock and more electronic“. Pero nadie se esperaba la llegada de “Let It Happen, la nueva canción que la banda publicó repentinamente hace un par de días.

Claro que este nuevo single de estrella fugaz no tiene nada: el tema no corta la oscuridad del cielo durante unos segundos, todos hacen “ooooh” y luego, ala, a seguir con la vida como si nada. No, pese a sus casi ocho minutos de duración, con una vez la hipnótica “Let It Happen” (que se puede descargar de forma gratuita en su página web) se te queda extrañamente corta. Repeat, repeat, repeat, se te mete en la cabeza, y de allí quizás no sale hasta que excavas en sus orígenes y te pones a los Beatles.

Tras dos primeros discos, “Innerspeaker” (Modular, 2010) y “Lonerism (Modular, 2012), que podían escucharse en aleatorio sin casi percibir que eran dos trabajos independientes, Tame Impala no parecían tener ante sí muchos caminos por tomar: seguir en lo mismo y aburrir hasta límites insospechables o marcarse un giro estilístico -que últimamente suele ser tendencialmente electrónico, basta pensar en The Black Keys o Kasabian– y que saliera estrepitosamente mal (como en los dos ejemplos arriba citados). O hacer ese viramiento estilístico hacia la electrónica como preanunciaba Jay Watson y que saliera estupendamente bien, como es el caso.

Desde sus primeros segundos, “Let It Happen” es una exhortación al bailoteo más hedonista y ensoñador: no es que Tame Impala te sugieran que te subas con ellos a la pista y te dejes llevar, es que la fuerza rítmica con la que empiezan el tema no te deja más escapatoria que perderte irremediablemente entre los senderos llenos de purpurina que Kevin Parker y los suyos han edificado para ti en su nueva canción. Tras una pequeña pausa lírica en la que la cadencia de la voz de Parker parece susurrarte “oye, coge aire, vas a necesitar mucha capacidad pulmonar a partir de ahora, te aviso de que no vas a parar de moverte ni un segundo“, el tema estalla en toda su fuerza en la fórmula frase-mantra tan recurrente en las obsesiones hechas canción de Tame Impala: como unos incesantes “gotta be above it” o “feel it come“, la frase “let it happen” se repite y se repite y se vuelve a repetir hasta que se te mete en la cabeza.

Deja que pase“, te sugiere Kevin Parker… Pero lo más fascinante del tema es que aquí nada se presta al azar, nada simplemente pasa. Ninguno de los juegos sonoros en los que te sumerge la banda es aleatorio, sino que todo está exactamente calculado para estar donde tiene que estar.  Te guían como quieren entre las espirales hipnóticas de sus loops y sus reverbs y sus sintetizadores hasta que, en medio de la canción, se produce un cambio: el loop se acentúa, la tensión crece y la canción vuelve a explotar en una nueva gama de colores totalmente inesperada. Entran sonidos más agrios y oscuros, con un toque más rock, pero lo suficientemente salpicados de purpurina para que las dos partes no parezcan cortadas y pegadas entre sí sin atención al detalle: bienvenidos a la popadelia.

 

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