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A falta de “Breaking Bad” y “Mad Men”… ¿está llamada “Halt and Catch Fire” a ser la nueva gran serie de AMC? Todo parece indicar que sí.

 

El chiste es tan fácil que resulta casi inevitable: seguro que más de uno en Can AMC ha tenido ganas de ejecutar el comando “Halt and Catch Fire“, de hecho quizá hasta lo hayan hecho ya y no nos hemos enterado. Con “Breaking Bad” finiquitada, “Mad Men” a punto de cerrar el chiringuito (y alargada artificial y estúpidamente con este invento de las dos minitemporadas) y una “The Walking Dead” que de momento paga las facturas pero tampoco les va a durar toda la vida (o sí, a este paso vaya usted a saber), la carrera a la desesperada por encontrar un relevo ha comenzado y, de momento, con escasa suerte: “Low Winter Sun” acabó cancelada antes de importarle realmente a nadie, “Hell On Wheels” es relleno barato para las noches de los sábados, “Turn” ha tenido un recibimiento gélido… Hacía falta un éxito y hacía falta ya.

Es inevitable ver “Halt and Catch Fire” y tener la sensación de que la serie es en buena parte producto de esa necesidad coyuntural: un Don Draper y un Walter White de protagonistas, ambientación en el pasado (ahora tocan los 80), unos créditos molones (muy molones)… El proyecto “crear el nuevo drama de prestigio para el cable” huele a planificación a kilómetros de distancia, aunque encomendárselo a unos novatos como Christopher Cantwell y Christopher C. Rogers y optar por una trama poco trillada aporten el aire fresco suficiente para hacerla pasar por una verdadera novedad. La historia (una pequeña empresa informática, parece ser que con sospechosos paralelismos con la historia real de Compaq, que intenta competir con el gigante IBM en el lanzamiento de los primeros ordenadores portátiles) es en realidad la principal baza de su piloto, que por otra parte es tan efectivo como escasamente brillante: trama presentada de manera más o menos precisa, pero protagonista-con-gran-secreto dibujado con algo de brocha gorda.

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A partir de aquí, y después de un segundo capítulo que tampoco nos sacará de pobres, todo mejora considerablemente, es cierto, y todo avanza de una manera más natural y fluida, aunque la serie parece condenada a vivir permanentemente en el límite del bien y del mal: mejor cuando se enfoca hacia una trama concreta y con un fin definido (la presentación del artilugio en la feria), peor cuando se pierde por las bandas al intentar definir a unos personajes que ni entendemos demasiado bien qué buscan ni parece que puedan despacharse con tanta ligereza en algunos casos (¿de verdad que el episodio del agujero en el jardín se puede quedar en mera anécdota?).

Lo mismo se puede decir de sus esforzados toques de qualité, esos con los que busca desesperadamente, a veces quizá demasiado, ser una serie mejor de lo que probablemente es. A “Halt and Catch Fire” le gustan mucho las metáforas, eso está claro, pero la verdad es que algunas le quedan francamente mejor que otras: dos personas delante de una fotografía pueden representar el vacío, pero un pájaro moribundo puede ser un poquito demasiado obvio para simbolizar un matrimonio en crisis. La sutileza, en efecto, no es su punto fuerte (¡ese didáctico y megaexplicativo speech final de Cameron a Joe en el último episodio!) y quizá no haya mejor ejemplo de todo lo bueno y lo malo que tiene la búsqueda de trascendencia por parte de la serie que el grandilocuente episodio de la tormenta a lo “Magnolia“.

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A pesar de unas audiencias mediocres y unas críticas no demasiado positivas en Estados Unidos (en España, por el contrario, parece tener más fans que en ningún otro lugar del mundo), “Halt and Catch Fire” ha conseguido la renovación por una segunda temporada, quizá porque AMC ha aprendido la lección de “Rubicón“, quizá simplemente porque en este momento no tiene muchas más bazas que jugar y apostar por lo que ya tienes puede ser la jugada más segura. Esa segunda tanda de episodios puede ser la oportunidad de potenciar todo lo bueno que hay en ella (esa estética ochentera a lo “Juegos de Guerra“, esa capacidad de que una discusión sobre sistemas operativos pueda resultar algo incluso emocionante, ese ritmo que la hace indudablemente entretenida…) y corregir sus errores, que son también unos cuantos. Porque diez episodios después, parece que para bastantes cosas todavía está en fase beta.

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