Hay que reconocer que, en estos tiempos que corren, la desconfianza es lícita: parece que por lo general se haya visto lo lucrativo de la tradición, de lo natural, del tú a tú y se esté explotando por todo lo alto. A día de hoy, muchos son los establecimientos (sobre todo en lo que a restauración se refiere) que están vendiendo un discurso falso de “pequeñez”… Me explico: ahora todos los negocios intentan hacer ver que son un caso único, tratado con mimo y de forma personal, no uno más de un negocio a gran escala. Se imponen los rótulos escritos a mano, la decoración intransferible de cada local y, sobre todo, el discurso de “nuestros productos son naturales y de la tierra”. Pero tanto se está extendiendo el rollo que es inevitable pensar (con razón) que la mitad de las veces es, simple y llanamente, una mentira. No es el caso de Boldú: la nueva panadería / cafetería que se ha abierto en el número 233 de la calle Provença (Barcelona) tiene fotos de “los abuelos” en las paredes, pero en esta ocasión no se trata de ninguna treta. Realmente, este nuevo establecimiento es la fuerte apuesta de la tercera generación de una familia de panaderos que ya tiene dos afamadas panaderías / pastelerías en la Ciudad Condal (en Mora d’Ebre 64 y en Psg. Mare de Déu del Coll 146).

Boldú responde directamente a una cuestión básica: llevamos toda la vida haciendo pan y bollería, así que ¿por qué no montar una cafetería donde, además de poder comprar los productos que ya producimos para los otros locales, la gente pueda tomarse un café mientras los degusta directamente en un espacio agradable? Así nace este local que ya se ha convertido en un básico de los desayunos y las meriendas barcelonesas (sus boldnuts son una locura absoluta, al igual que la variedad de panes entre los que elegir para pegarse un buen atracón de tostadas), pero también de las comidas ligeras ideales para oficinistas o para gente sin ganas de perder demasiado tiempo (tienen múltiples menús con platos del día, aunque tampoco hay que pasar por alto las pizzetas y las quiches, siempre con productos de alta calidad). ¿Más motivos para dejarte caer por Boldú? Tiene tés de Sans & Sans y los zumos se los traen directamente del Mercat de La Boquería, mientras que las ensaladas, siempre frescas, son una opción genial y variada para comer sano sin comer aburrido. Todo ello encuadrado en un local que aúna cierto aroma de tradición (las fotos en blanco y negro, una banda sonora repleto de clásicos jazzy que parecen seleccionados por Woody Allen) con una funcionalidad moderna que sabe emplear la madera como material básico sin resultar carca. Sin duda, en Boldú no te dan gato por liebre: cuando dicen que lo suyo es la tradición, les avalan tres generaciones de obradores.

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