Chicha es una bodega de toda la vida, Limoná es más que una panadería gourmet… Y el ChichaLimoná es, básicamente, tu nuevo lugar preferido en Barcelona.

 

Reconozcámoslo: en la ciudad de Barcelona nos encantan hacernos los sorprendidos y colgar comentarios y fotos en nuestras redes sociales para darle a entender al mundo entero que nos hemos topado con algo que ha revolucionado nuestra vida cuando menos nos lo esperábamos. Pero ¿cuántas veces está esa reacción justificada por una verdadera sorpresa? Muy pocas, ¿verdad? Así somos: nuestras abuelas eran la generación del sufrir todo el rato, la de nuestros padres la del gastar con una venda en los ojos… Y a nosotros nos ha tocado ser la generación del aparentar como si no hubiera un mañana. No podemos luchar contra eso.

Lo que sí que podemos hacer es intentar cortarnos un poco con el rollito OMG para que, cuando haya algo realmente sorprendente, podamos utilizarlo con propiedad. De hecho, si digo esto aquí y ahora es precisamente porque me he dado cuenta de que todo lo que pueda explicar al respecto de la sorpresa que causa la existencia del ChichaLimoná va a ser tomado por los aprendices de hipsters con la distancia irónica del “ya, sí, claro, súper-mega-sorprendente como otras mil cosas al día“. Y es injusto, porque la fórmula de este local bífido situado en el número 80 de Passeig de Sant Joan (que, por cierto, no podría estar más bonito desde que hicieron obras hace nada y menos) es literalmente sorprendente.

Para empezar, ¿no te ha sorprendido la palabra “bífido” en el anterior párrafo? Seguro que sí. Lo que ocurre es que no hay mejor forma de definir este local creado por Sara Reixach y Víctor Burgués que en verdad son dos espacios uno al lado del otro, cada uno con su propia entrada y con su propia decoración y ambientación, pero unidos por un pasillo / cordón umbilical desde el que, además siempre puedes disfrutar de la vista de las cocinas. De hecho, la identificación de cada espacio va más allá de la decoración y la ambientación: cada uno de ellos, el Chicha y el Limoná, tienen su propio espíritu, su propia identidad unitaria que, sin embargo, acaba trenzándose armónicamente con la otra.

Empecemos por el Chicha, que vendría a ser la versión “remasterizada” que Reixach y Burgués ofrecen de las bodegas de barrio de toda la vida. La idea original era homenajear directamente a esos pequeños locales sin nada de pretensiones en los que se puede disfrutar de un buen vino o vermut acompañado de las mejores tapas y conservas… Pero, ojo, porque aquí las apuestas se han elevado con preparaciones más complejas, productos de proximidad, una selección de bebidas realmente cuidada y, al fin y al cabo, una apuesta por sofisticar el concepto de bodega sin caer nunca del lado de la gilipollez hipster, sino simple y llanamente de la elegancia conceptual.

Algo similar ocurre en el Limoná, que a su vez mezcla otros dos espíritus presuntamente lejanos como el de una panadería y el de una vermutería. Lo primero que sorprende al entrar por la puerta del Limoná son los estantes con pan y propuestas panarras (que vienen ni más ni menos que de Cloudstreet Bakery) entre las que, además del dulce habitual, no pueden faltar pizzas, bocadillos y otras opciones de comida ligera… Pero es que, una vez te sientas en una de las mesas, te rindes ante la genialidad de que el acompañamiento aquí no sea sólo café (que también), sino una amplia selección de vermuts y vinos que vuelven a apostar por marcas pequeñas de calidad extrema antes que grandes firmas comerciales.

Así que repito: guárdate los OMGs durante un tiempo hasta que visites el nuevo ChichaLimoná… Y no lo digo sólo porque, además de todo lo dicho, tengan uno de los menús de medio día más impresionantes de toda la Ciudad Condal. Sino, sobre todo, porque el ChichaLimoná se acaba de convertir en la opción killer para todos aquellos que, como yo, quedan para un café a media mañana y lo alargan hasta media tarde a base de vermuts y vinos: aquí podrás pasar de un espacio a otro con dos pasos. ¿Se puede pedir mayor facilidad para la dolce far niente? No. No se puede.

 

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