El mar y montaña te puede gustar en el plato. Pero una cosa te advertimos: en la nueva concept store Lolos de Barcelona te va a volver realmente loco.

 

Hay temas que, como periodista, me provocan una pereza extrema a la hora de escribir. A lo mejor piensas que esto de escribir artículos es algo que mola todo el rato, pero la verdad es que al final es un coñazo y comúnmente te descubres estrujándote la cabeza para explicar algo nuevo sobre un tema en concreto del que ya has hablado una y mil veces. Pero hay otros temas que, por el contrario, nunca se agotan, que siempre dan juego y que te dan la mitad del trabajo hecho por lo que tienen de mutantes y de sorprendentes. Es el caso, por ejemplo, de las concept stores.

Desde que este concepto se introdujera en nuestras vidas, no hemos tenido tiempo de descansar. Inicialmente, lo identificamos directamente con la fiebre del prep y aledaños. Pero unos años después resultó que las concept stores eran lo suficientemente abiertas de mente como para transmutar en receptáculos del “health goth” y de la fiebre chandalera en blanco y negro. Aun así, sigue habiendo espacio para la sorpresa: las concept stores son lo suficientemente abiertas de mente como para admitir además la existencia de agentes libres, de espacios que se circunscriban a ninguna tendencia… sino a la propia identidad de sus dueños.

Es el caso de Lolos. Y, para entender lo que digo, antes debéis conocer la propia historia de la tienda: Lolos abrió sus puertas inicialmente en la ciudad de Cangas en Pontevedra, un pueblecito de las Rías Baixas en el que lo geográfico hereda las características de un plato gastronómico:el mar y montaña. Vamos, que es un lugar en el que el monte y la playa convergen, con toda la magia que eso conlleva. Allá inició su andadura Lolos como un tienda / café situada en una casa de estilo cubano de principios del siglo XX… Pero no nos enredemos en las Rías Baixas y avancemos, porque el espíritu aventurero de los creadores de la tienda sólo entiende de eso: de avanzar y de aventura. Es por ello que decidieron coger los bártulos y plantarse en pleno barrio del Raval: la nueva Lolos ha tomado el espacio del número 2 de la Calle Luna (Barcelona) y lo ha convertido en un pequeño gran refugio para los que buscan una concept store con alma cálida.

Nada de pose. Nada de postureo. Nada de gilipolleces innecesarias para aparentar ser lo que no son: Lolos es una concept store que quiere trasladar a Barcelona esa conjunción de mar y montaña pero, ahora, dejándose bañar por las brisas mediterráneas. Sin haber visto la tienda de Cangas, sin embargo, he de admitir que el lugar, justo a un tiro de piedra de la cada vez más renovada e imprescindible calle Joaquín Costa pero también al ladito de la Rambla del Raval, no podía ser más idóneo: el local es pequeñito pero acogedor, con una pared de ladrillo a la vista y con una buena selección de muebles de madera coloridos y avejentados en los que cuelgan y yacen todas las prendas y los complementos seleccionados por los artífices de Lolos.

De hecho, es en estas prendas y complementos donde esta tienda se revela como una visita imprescindible en toda ruta de compras barcelonesa. En Lolos se pueden encontrar propuestas de firmas interesantes como Saint James, TopoPoler, Herschel, Patagonia, Penfield, Fjällräven, Loreak Mendian o el mismísimo Parra. Pero es que, además de eso, en Lolos han querido traerse un pedacito de su aventura en Cangas, así que también venden latas de conservas de Lago Paganini. Una dulce locura que ofrece una visión bastante clara de cómo se las gastan los dueños de Lolos: con un cariño por su propuesta que les sale por cada poro de su piel. Y eso, por cierto, es algo que se nota cuando visitas su tienda. Un consejo: ve con tiempo y charla un poco con ellos, porque no sólo saldrás de allá con alguna prenda maravillosa, sino que también saldrás con la sensación de haber hecho nuevos colegas a los que visitarás muy (pero que muy) a menudo.

 

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