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Un nuevo Woki Organic Market aterriza en la zona alta de Barcelona… Y si es nuestro nuevo Fantastic Spot es porque allá se come que da gusto.

 

Una cosa te digo: lo de que la comida biológica y eco-friendly es mucho más cara de la habitual es una falacia grande como el planeta Tierra. Y si todavía sois de ese parecer, ya estáis tardando en pasaros por el nuevo restaurante de la Tribu Woki. Tras un primer emplazamiento en la Barceloneta (el Woki Playa) y el Woki Organic Market de Plaza Cataluña, la cadena ha sumado un nuevo miembro a su familia con la apertura de un Woki Organic Market en la zona alta de Barcelona, en el que el barullo de las hordas de turistas que inundan el centro de Barcelona se intercambia por una tranquila callecita (el número 5 del Passatge Marimón) entre Diagonal y Francesc Macià. El rollo a medio camino entre el mercado y los food-trucks del Woki de Plaça Catalunya deviene aquí un restaurante en el que se conserva la rapidez del servicio que caracteriza el primero, pero en el que el concepto de paraditas de comida se transforma en un servicio de mesa al uso y en un surtido supermercado donde adquirir productos (todos ecológicos y bio, claramente) que van desde frutas a verduras, carnes, embutidos o quesos y también alimentos en seco, como galletas, arroces, tés y una sección dedicada a los súper-alimentos (que, si bien suenan a comidas que tienen el poder de hacerte empequeñecer o de convertirte en un gigante a lo “Alicia en el País de las Maravillas“, son el nuevo novamás entre los entendidos de la alimentación saludable por su alta concentración en vitaminas, minerales y nutrientes). En resumidas cuentas: en este nuevo Woki Organic Market te ponen en bandeja la oportunidad de llevarte a casa algunos de los productos con los que el mismo restaurante elabora sus platos para así ponerle un poco de verde a tu día a día. Claro que en cuanto pruebes cualquier plato de su carta lo que querrás llevarte a casa será más bien el chef del restaurante…

En mi caso en particular, he de reconocer que probé el Woki Organic Market a la hora de la comida, pero -como en el resto de restaurantes de la Tribu Woki, de hecho- el servicio de cocina interrumpida hace de este luminoso y amplio rincón un espacio ideal en el que desayunar, comer o cenar a diario de forma rápida, informal y ecológica. La carta, presentada en forma de salvamanteles, incluye entrantes, bocadillos, ensaladas, cremas, pastas caseras elaboradas con harinas bio, burgers y carnes ecológicas, exóticos woks y hasta comida vegana… Una variedad de platos bastante amplia done reina un único hilo conductor: todos y cada uno de ellos están elaborados a partir de ingredientes ecológicos con certificados de alta calidad. Y, ojo, que ni siquiera un solomillazo de 200 gr. te hará desembolsar dos billetes de diez. Sorprendente.

Lo primero en deleitar mis papilas gustativas (y que conste que éramos dos comensales en la mesa) fue un surtido de hummus, taboulé y babaganush que merece especial atención: confieso que yo de foodie no tengo ni pizca (de hecho, ni siquiera sabía qué era el babaganush hasta el miércoles pasado) y sí tengo en cambio un poco de aversión hacia las berenjenas… pero este puré estaba tan rico que este último detalle se me olvidó por completo. Las patatas bravas también fueron un gran triunfo, con ese toque a cúrcuma que las convierten en un bocado realmente único en la ciudad de Barcelona. Y a continuación llegó lo que sin duda fue el plato estrella de la tarde, recomendadísimo no sin poca razón por el camarero: el gazpacho de cerezas. Ahora es el momento en el que empiezo a sonar como una finolis de la comida de lo más repelente, pero es que por manías con las consistencias y texturas tampoco he sido nunca una gran fan de los gazpachos… Hasta la primera cucharada de esta refrescrante ¿sopa? ¿crema? Defínase como quiera, pues el hecho es que el plato, a medio camino entre una cosa y otra, tenía la consistencia perfecta para no resultar nada molesto. Y las cerezas, que casaban a la perfección con el pepino troceado, le daban un toquecito dulzón con el que sigo soñando cada noche.

Superados los entrantes, seguidamente aterrizaron en la mesa los platos principales: por un lado, unas tiernas escalopas de ternera rebozadas a la milanesa acompañadas de verduritas y una lágrima puré de boniato; y, por el otro, un wok. Como en el resto de los locales de esta tribu gourmet, en Woki Organic Market también puedes hacerte tu propio wok gracias a la combinación de bases (que van desde fideos de arroz o huevo a arroz blanco o integral) con ingredientes como pollo, langostinos, shitake, tofu y hasta cacahuetes que puedes divertirte juntando a tu gusto. Como si lo quieres todo a la vez, que aquí querer es poder. Luego le pones una (o todas) las salsas que quieras de la carta y, ale, a sumergirse en un baño de sabores asiáticos y biológicos. Una pequeña recomendación es que no te engañe la aparente ligereza de los fideos: podemos asegurar que la bastante abundante cantidad del plato no te dejará con hambre.

Con la voz de nuestras abuelas retumbando en el fondo de nuestras cabezas, por mucho que teníamos el estómago lleno no pudimos resistirnos a hacerle un huequecito para los postres… Y valió la pena: pese a las ganas de pedirnos la carta entera por lo bien que sonaba todo, finalmente nos decidimos por una compota de plátano sumergida en un delicado yogurt natural y por un brownie de chocolate que, gracias al helado de queso fresco con el que iba acompañado, no se hizo nada pesado. Al revés: el contraste entre el pastelito ligeramente caliente y el frío del helado hizo que no durara sobre la mesa más de un par de minutos.

Como decíamos al principio de este artículo, el Woki Organic Market clama calidad y vida saludable por todos lados, pero mantiene su carta en una línea accesible y orientada a un público que va más allá de los trabajadores de las oficinas de la Avenida Diagonal. Un lugar luminoso, amplio y de decoración sencilla (que no parca) en el que disfrutas tanto comiendo que, súbitamente, mirarás el reloj y caes en la cuenta que se te han pasado dos horas volando. True story. Nos pasó a nosotros.

 

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