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Cerramos nuestra cobertura del Festival de San Sebastián 2014 analizando las películas que nos quedaron sueltas… Y exponiendo el palmarés.

 

Última crónica del Festival de San Sebastián 2014, irónicamente ya desde Barcelona, con la comprensible nostalgia que supone haber dejado atrás siete días maratonianos de transgresiones dietéticas, descanso precario, parestesias posicionales, cervicalgias, encuentros fugaces y bastantes tuits. Pero sobre todo siete días de cine, un montón de cine y, gracias al cielo, muy buen cine, casi siempre. Repasamos el palmarés definitivo del certamen y cuatro de las películas que vimos en estos últimos días, dejando para más adelante un análisis individual de las dos películas más importantes, por diferentes motivos, de esta 62ª edición del Zinemaldia: “Magical Girl” de Carlos Vermut, gran triunfadora en el palmarés, y la excelsa “Eden” de Mia Hansen-Løve.

Nuri Bilge Ceylan consigue no sólo perpetuar sino también agrandar los logros de su anterior obra, la brillante “Once Upon a Time in Anatolia”. “Winter Sleep”, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, se centra en la figura de un hombre de mediana edad que ha conseguido cierta fortuna regentando un hotel ubicado entre riscos y campos de barro en el desierto de Anatolia y en la tensa relación que mantiene con diversas figuras de su entorno familiar y social. Ceylan estira el metraje hasta hacerlo prácticamente translúcido; es decir, que las tres horas y veinte minutos de la cinta del cineasta turco transcurren casi sin ser notadas como tal, como un largo y cristalino río tranquilo. Y, sin embargo, hay más acción en esta “Winter Sleep” que en toda la filmografía de un Roland Emmerich cualquiera. No obstante, cuidado, que la acción y el tempo aquí vienen sustentados en el diálogo, en el flujo de palabras y miradas entre los personajes. “Winter Sleep” es, por encima de todas la cosas, una película hablada, por más que Ceylan vuelva a apabullarnos con su nivel compositivo en lo que respecta a luz, cadencia y composición. Lo que más me maravilla de la cinta es cómo se entretejen, casi imperceptiblemente, las diferentes batallas que conforman esa guerra de lo dialéctico, cómo el poder pasa de unas manos a otras y cómo la victoria final no lo es tanto, puesto que todo el mundo ha salido herido en diferente medida. En definitiva, todo es de una maestría tal que al final sólo cabe la ovación.

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Y si decíamos, en un modesto homenaje a Manoel de Oliveira, que “Winter Sleep” era una película hablada, eso mismo es “Retour à Ithaque” pero llevado al extremo. El film de Laurent Cantet narra el reencuentro de unos amigos que rondan la cincuentena en una terraza que deja bajo sí una vista panorámica de La Habana. Y en esa velada de reencuentro, los cinco amigos hablan. Y hablan. Y beben, bastante. Pero sobre todo hablan y no paran de hablar. No obstante, todo lo que dicen es tan lúcido y adquiere una perspectiva tan interesante que finalmente, si logras entrar en el juego propuesto por Cantet, “Retour à Ithaque” es una cinta no sólo muy respetable, sino también satisfactoria. Intuyo que no es casual esa perspectiva espacial que toman los personajes, echando una mirada desencantada desde esa terraza, esa atalaya cínica situada por encima de la pobreza y la fiesta y la belleza y la desgracia de La Habana. A Cantet se le puede acusar de transitar por algunos lugares comunes en esta mirada al pasado que esconde una evidente denuncia política mediante el análisis de la dictadura castrista y que aúna elementos de rencor, nostalgia, hastío y algo, muy poco, de esperanza. Pero, en conjunto, la jugada le sale bien, y “Retour à Ithaque” consigue emocionar, que a fin de cuentas debería ser un propósito innegociable en este tipo de propuestas cinematográficas.

Qué mal visto está tirar así a lo loco de referencias… Pero qué necesario se hace a veces, por otra parte, de cara a contar lo que nos transmiten ciertas películas. Y esto es lo que ocurre en “Güeros”, el aplaudidísimo debut en largometraje de Alonso Ruizpalacios. Estamos ante una trepidante road movie interurbana, maravillosamente fotografiada en un contrastado blanco y negro y con formato 4:3, que narra las venturas y desventuras de un grupo de jóvenes que salen en la búsqueda de un viejo rockero maldito llamado Epigmenio Cruz. Particularmente, mi memoria me retrotrae a una “¡Jo, Qué Noche!” en clave estudiantil; y, sobre todo, al primer Jim Jarmusch, el de “Extraños en el Paraíso”. Más allá de todo esto, creo que “Güeros” logra seducir al público por su importante caudal de argucias narrativas (recuerdo como ejemplo el hecho de ocultarnos esa hipnótica canción sobre la que gira todo el eje argumental de la película y que nosotros nunca llegamos a escuchar) y, por encima de todo, por su ritmo imparable, envenenado, casi furioso. En un mundo medio normal, “Güeros” debería ser un gran, gran éxito. Veremos cuánto de normal tiene el nuestro.

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Y otro éxito, no tengo dudas sobre ello, será “Relatos Salvajes” de Damián Szifrón. El director argentino presenta un compendio de pequeñas e hilarantes historias sin relación argumental entre ellas pero con un denominador común temático: la ira y el estallido de violencia en una persona ante la acumulación de situaciones estresantes. Como si fueran muchos pequeños “días de furia” (por aquella inolvidable “Falling Down” de Joel Schumacher) pero pasado por el filtro de la comedia gamberrísima, “Relatos Salvajes” triunfa esencialmente por su maestría a la hora de contar lo que quiere contar como lo quiere contar. Su guión revela una precisión milimétrica a la hora de manejar las situaciones planteadas, sin recurrir al acumulo indiscriminado de gags y metiendo mucho humor ácido y mucha mala leche. Y ahí entra también la labor en la dirección y el montaje de Szifrón (junto con Pablo Barbieri Carrera): “Relatos Salvajes” busca el crescendo en cada una de sus historias y, por una vía o por otra, y sin que se note demasiado, acaba encontrándolo. Por otra parte, y aunque todas las historias resultan magníficas (quizás el último relato peque de excesivo comparado con el tono global del resto de la obra), la secuencia inicial que sirve como prólogo a la película es, directamente, prodigiosa.

 

PALMARÉS:

Concha de Oro a la mejor película: “Magical Girl” de Carlos Vermut
Premio Especial del Jurado: “Vie Sauvage” de Cédric Kahn
Concha de Plata al mejor director: Carlos Vermut (“Magical Girl”)
Concha de Plata a la mejor actriz: Paprika Steen (“Stille Hjerte/ Silent Heart”)
Concha de Plata al mejor actor: Javier Gutiérrez (“La Isla Mínima”)
Premio del Jurado a la mejor fotografía: Alex Catalán (“La Isla Mínima”)
Premio del Jurado al mejor guión: Dennis Lehane (“The Drop”)
Premio Kutxa-Nuevos Directores: “Urok / The Lesson” de Kristina Grozeva y Petar Valchanov
Premio Horizontes: “Güeros” de Alonso Ruizpalacios
Premio Irizar al cine vasco: “Negociador” de Borja Cobeaga
Premio TVE-Otra Mirada: “Bande de Filles” de Céline Sciamma
Premio del público: “The Salt of the Earth” de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado
Premio del público a la mejor película europea: “Relatos Salvajes” de Damián Szifrón
Premio de la juventud: “Güeros” de Alonso Ruizpalacios
Premio FIPRESCI: “Phoenix” de Christian Petzold
Premio FEROZ Zinemaldia: “La Isla Mínima” de Alberto Rodríguez
Premio Sebastiane: “Une Nouvelle Amie” de François Ozon

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