El Festival do Norte alcanzó la cifra redonda de diez ediciones sin perder un ápice de su esencia original: ser un evento cercano, cómodo y asequible, destinado a todos los públicos del universo alternativo, que intenta aglutinar en su oferta todos los estilos (pop, rock, electrónica y cultura de club) de más rabiosa actualidad. Un gran mérito teniendo en cuenta los ajustes presupuestarios que para este año debió acometer la organización (lo que no impidió que se pasase de 16 a 18 nombres en el cartel para dar mayor presencia a los grupos locales) y el creciente y exigente perfil internacional de la parrilla artística, a lo que hubo que añadir los caprichos de la meteorología galaica: dada la inestabilidad climatológica de la época primaveral en la que se celebra el Festival do Norte, fue necesario situar el escenario principal del recinto exterior de Fexdega (como ya venía sucediendo anteriormente con el secundario) bajo una gran carpa para evitar problemas indeseados, lo que provocó que a priori surgiese cierto temor ante la acústica del nuevo espacio y su capacidad para albergar a todos los presentes sin aglomeraciones. El resultado final disipó todas las dudas y confirmó que la decisión había sido más que acertada: se mantuvo una calidad sonora decente, se apreció que la concurrencia pudo moverse con holgura (debido al descenso del número de asistentes con respecto a los 17.000 de la edición anterior) y se paliaron las complicaciones de la intensa lluvia y el fuerte viento reinantes el segundo día del certamen. Salvados estos contratiempos, la música pura y dura tomó el protagonismo y constató una vez más que, hoy por hoy, el Festival do Norte sigue siendo la primera referencia del noroeste peninsular dentro de la agenda nacional de este tipo de citas.

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VIERNES 6 DE MAYO

ESCENARIO NOVACAIXAGALICIA. El arranque de la jornada inaugural fue un visto y no visto, ya que se desarrolló a la espídica velocidad de crucero de las canciones que no superaban el minuto y medio (a veces ni el medio minuto) del dúo coruñés Srasrsra (Zippo a la guitarra y Víctor a la batería). Todavía con el frente del escenario convertido en un páramo, su punk-rock-hardcore sólo hacía gracia a su reducido grupo de acólitos que jaleaban sus gritos y exabruptos. Se comentaba que se convertirán en una de las revelaciones del underground gallego esta temporada, pero su descarga cervecera de ruido fácil hacía suplicar que volviesen a los camerinos y se subiesen rápidamente a las tablas McEnroe con su planteamiento radicalmente diferente y mucho más apacible.

Los de Getxo, aún inmersos en la presentación de su último disco, “Tú Nunca Morirás” (Subterfuge, 2009), desplegaron con delicadeza y candidez las mejores piezas de su repertorio, como el trío que abre el mencionado álbum: “Los Valientes”, “El Alce” y “Tormentas”, cuyos tramos más poderosos coquetearon con el post-rock más incendiario e hiriente. Sin embargo, cuando Ricardo Lezón decidía recurrir a sus composiciones de pop cálido y dramático (“Los Veranos”) no las tenía todas consigo, ya que no estaba demasiado convencido con la calidad acústica de la segunda carpa y el murmullo del público se entremezclaba con su aterciopelada voz y el frágil sonido de su banda. Al menos, tuvieron la oportunidad de interpretar un tema inédito, “Mundaka”, en el momento en que el ambiente iba ganando color y calor.

El ascenso de la temperatura venía motivado por la inminente presencia, por primera vez en el Festival do Norte (se saldaba así una deuda simbólica), de Nadadora. La expectación creada en torno al grupo grovense se correspondió con las ansias de verlos en vivo en tierras arousanas y con el éxito cosechado por su álbum más logrado, “Luz, Oscuridad, Luz” (Ernie Producciones, 2010), hecho que llevó a pensar (como un servidor) que quizá les hubiera sentado mejor intervenir en el escenario principal. Aún así, su actuación cumplió con lo esperado, y desde el minuto uno recubrieron de neblina shoegaze y pop luminoso la soleada tarde que se podía disfrutar en aquel instante gracias a la rotundidad de “Una Nueva Vida”, “Deshazte De Mí”, “1987” y “El Sueño Ardiendo”, pequeños himnos del quinteto que cautivaron hasta al más escéptico, del mismo modo que lo hizo su vocalista, Sara Atán: ella misma se encargó de demostrar que no es tan hierática y fría en directo como dicen algunas malas lenguas, y que su conexión con la audiencia no se basa sólo en el magnetismo de su fina figura y su suave voz (que en determinadas fases se perdía entre el marasmo noise que producían sus compañeros). El punto sorprendente de su concierto llegó con la inesperada aparición de Marc y Ferrán (las trompetas de la muerte de Delafé Y Las Flores Azules), que aportaron con sus vientos la nota exótica al sólido setlist de los gallegos. Su culmen se alcanzó con la soberbia (y elevada de volumen para la ocasión) “Siempre”: cierre perfecto para una de las mejores actuaciones del certamen.

A Joël Iriarte y el thelemático Sergio Pérez (es decir: Joe Crepúsculo) les faltó muy poco para lograr el mismo premio. Tenían a los presentes ganados de antemano y deseosos de convertir la carpa Novacaixagalicia en una verdadera fiesta de pueblo indie, con lo que, en cuanto el sintetizador de Iriarte empezó a echar humo, era imposible escapar de sus nuevos ritmos. Su forma de sumergir sus más conocidas y recientes canciones en sonidos latinos y trasladarlas al gentío son toda una garantía de baile saludable y sin prejuicios: “Escuela De Zebras”, “Tus Cosas Buenas” y “El Fuego De La Noche” transitaron entre la cumbia (música típica gallega, según la habitual ironía de Joe), el reggaetón y la ranchera (canturreada colectivamente a pleno pulmón cuando era necesario). Igualmente, el dúo conservó su estilo de siempre cuando rescató el tecno-pop de “Ritmo Mágico” y el orientalismo de “Cráneo”. Aquellos que habían pedido cruzar el recinto hasta el primer escenario con las extremidades bien desentumecidas no podían quejarse tras haber disfrutado de tal derroche de energía verbenera.

ESCENARIO ESTRELLA GALICIA. Los madrileños Ellos estrenaron el escenario grande con “Lo Nuestro”, corte que abre su último (y un poco olvidado) trabajo, “Cardiopatía Severa” (PIAS Spain, 2010), con el público entrando en la carpa a la carrera. Los señores Guille Mostaza y Santi Capote se lo tomaron de la misma manera al comenzar a enlazar, una tras otra, canciones del citado LP en clave rock de estadio. Destacaron “Hasta El Final” y “Mientes” (sin J de Los Planetas, que llegaría más tarde a Vilagarcía), que no desentonaron entre los dos emblemas de la pareja: “Campeón” (sonó simplemente como breve coda final de otro tema) y “Diferentes”, las cuales sirvieron para dejar un regusto final agradable y olvidar las poses y gestos excesivamente exagerados de un hiper-estimulado Mostaza.

Una pizca de esa sobredosis de motivación se la pudieron haber inyectado a los londinenses Chapel Club. Y no porque hubieran hecho acto de presencia desganados, sino debido a que decidieron centrarse en el corpus más reposado y épico de su debut, “Palace” (Interscope, 2011). La cosa no había empezado nada mal, con la impactante “Surfacing”, para luego intercalar picos de alta tensión (“O Mabye I”, “All The Eastern Girls”) con simas de emoción a flor de piel (“Blind”, “The Shore”). Daba la sensación de que Lewis Bowman y los suyos estaban reservando sus balas de rock oscuro para el final de su show… pero nunca salieron del cargador. Efectivamente, ante una audiencia que poco a poco se diluía en su sensibilidad descafeinada, no interpretaron las esperadas “Five Trees”, “After The Flood” y “White Knight Position”, que seguro hubieran puesto patas arriba la arena de la carpa Estrella Galicia.

Esta pequeña decepción parecía alimentar el hambre de ver un espectáculo tan vistoso y optimista como el de Delafé Y Las Flores Azules. Como ocurre la mayoría de las veces con los barceloneses, hubo disparidad de opiniones alrededor de su hip-hop popero, chicloso y de felicidad extrema, aunque la mayoría reconocía que, ya sea primavera, verano o cualquier otra estación del año, las rimas eufóricas de Helena Miquel y Óscar D’aniello suelen funcionar de maravilla como remedios contra la depresión y la tristeza. Y en Vilagarcía no defraudaron: su entrega fue total y la respuesta del público, mientras se movía al compás de las coreografías de “Río Por No Llorar”, “Espíritu Santo”, “1984” o “El Indio”, estuvo al mismo nivel. A estas alturas, ya nadie debería asombrarse (guste más o menos) ante la animada propuesta de estos guardianes del pop de confeti (adorno obligatorio del cierre de este y de todo sus conciertos).

A partir de aquí, la noche arousana tomó un impulso inusitado y vigoroso. Situación que aprovecharon los mancunianos May68 para reivindicarse como una opción interesante dentro del electro-dance-rock de nuevo cuño diseñado para agitar a las masas. De entrada, era toda una incógnita si realmente serían capaces de resolver con eficacia esas buenas intenciones, pero se despejó rápidamente en cuanto irrumpió sobre las tablas su peculiar cantante, Judy Wainwright (un cruce entre el físico de Karen OYeah Yeah Yeahs– y las cuerdas vocales, salvando las distancias, de Beth DittoGossip-). Lastrados por esa evidente comparación, el combo británico perdía una pizca de personalidad aunque no fuelle, sobre todo gracias a la actitud con la que Wainwright defendía unos temas frescos y lozanos (“The Prisoner” o “My Ways”) que obligan a observar muy de cerca los próximos pasos de este quinteto que pronto concluirá la grabación de su álbum de debut. Sin embargo, no sería la única vez que se vería a la pizpireta Judy, ya que minutos después protagonizaría una de las imágenes del Festival do Norte 2011

Con las suelas de las zapatillas seriamente dañadas por la sesión de rock bailable de los de Manchester, les correspondía poner el broche de oro a la primera noche del evento a uno de los cabezas de cartel: !!!, con el inefable e infalible Nic Offer a la cabeza. La performance que este hombre realizó ante las atónitas miradas de admiración del respetable será difícil de olvidar: ataviado con camiseta y shorts playeros cual guiri yanqui que había caído en la costa arousana por casualidad, se convirtió en un torbellino irrefrenable que seguía cada uno de los movimientos p-funk que ejecutaba con precisión y maestría su banda. Le sentaba como anillo al dedo el disfraz de chamán que guiaba hacia la luz de su rock libérrimo a las hordas de apasionados del ritmo que tenía delante, y a sus bombas de desparrame masivo (la mítica “Me And Giuliani Down By The School Yard: A True Story”, “Must Be The Moon” y “Jamie, My Intentions Are Bass”) sumaba unos meneos y toqueteos que, literalmente, rompían las bragas de las féminas y daban envidia a los más hombretones. Se agotaban los calificativos para definir tal aquelarre sónico, varias veces comandado por Offer fuera del escenario en medio de los estupefactos asistentes que hasta intentaban dejarlo desnudo en plena faena. La explosiva guinda que redondeó la función llegó con la intervención de la antes mentada Judy Wainwirght en “Yadnus”: así se hacía realidad uno de los sueños de la inglesa (cantar con Offer al frente de !!!) y, de paso, se certificaba que una voz femenina no queda nada mal en directo junto a la del californiano. Bien entrados en la madrugada, una apoteósica “Heart Of Hearts” finiquitaba la jornada y dejaba retumbando los cimientos de Fexdega en espera de lo que depararía el día siguiente.

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SÁBADO 7 DE MAYO

ESCENARIO NOVACAIXAGALICIA. La segunda tanda del Festival do Norte 2011 incluía un interesante pase matinal de la película “Control” (Anton Corbijn, 2007) en el Auditorio de Vilagarcía (con posterior charla-coloquio con uno de sus personajes secundarios: Peter Hook), pero diversos problemas logísticos impidieron que un servidor pudiese acudir. Así que había que conformarse con comprobar cómo, a una hora temprana de la tarde, el cielo semi-despejado era golpeado por un viento de tal fiereza que parecía presagiar el aguacero huracanado que caería horas después. Los que entraron pronto en el recinto lo intuyeron enseguida y encontraron en la carpa Novacaixagalicia el mejor refugio posible. Allí esperaba Diadermin, dúo (Alberto, voz y guitarra; y María, teclado) que, al jugar en casa, trató de dejar contenta a su parroquia. A pesar de tener algún problemilla técnico con su Casio y de sufrir una leve falta de coordinación, dieron rienda suelta a su buen sentido del humor con tonadas como la dedicada a Pepe Blanco, de total vigencia al estar sumergidos en plena campaña electoral.

El trío Franc3s prolongó el azote guitarrero galaico a base de trallazos atronadores y distorsión revienta-tímpanos bien entendida. Demostraron ser los mejores discípulos de sus colegas Triángulo de Amor Bizarro (el ejemplo ideal: “Me Gustaría Verte Sangrar”) y aprovecharon para demostrar su pasión por los legendarios The Vaselines (a los que luego verían con devoción) a través de la camiseta que lucía su batería María Costa (atención a la fuerza con que aporreaba las baquetas…)

Fue un milagro que el equipo de sonido del escenario pequeño aguantase la revolución eléctrica franc3sa. Aunque, para tormenta de verdad, la que se estaba gestando sobre las cabezas de los asistentes, tanto fuera como dentro de la carpa. Pony Bravo aportaron su grano de arena (y su gramo de fe) con su rock árido y ardiente y su rocoso flamenco psicodélico, una rara avis dentro del panorama patrio que triunfó vista la rendición de las almas que llenaban el foso (señal de que el hype nacional también trabaja a pleno rendimiento). A medida que desplegaban sus salmos, interpretados con una habilidad instrumental pasmosa (excepto su cantante y teclista, Dani Alonso, los demás miembros del grupo se fueron intercambiando sus puestos), se iba creando una atmósfera envolvente coronada por la subyugante “La Rave De Dios”. A dicho personaje no debió de agradarle que dijeran su nombre en vano, porque su cólera comenzó a caer sobre Vilagarcía en forma de tempestad imparable.

De ahí que los británicos e impecablemente trajeados Mirrors (que debutaban en los escenarios españoles) se toparan con una cantidad de testigos de su synth-pop ochentero insospechada. Decorado que hizo que los cortes sintéticos de su estreno, “Lights And Offerings” (Skint, 2011), ganasen en dinamismo (se les perdonó su similitud con OMD en “Into The Heart” y “Ways To An End”) y emoción: su líder, James ‘Noo’ New, incluso se fijaba en su rubia novia, situada en primera fila, mientras cantaba “Look At Me”. ¿No consiste el neo-romanticismo en hacer cosas como esa? James lo dejó claro.

ESCENARIO ESTRELLA GALICIA. El cambio a la carpa principal trajo consigo una especie de gafe que tardaría en desaparecer. El mal agüero se inició con el anuncio de la demora de los mallorquines Sexy Sadie. Dos aviones perdidos y seis horas después, lograban aterrizar en Vilagarcía para desempolvar ante sus fans más acérrimos (los había a puñados) los himnos generacionales que los colocaron en lo más alto de nuestro indie a finales de los 90 y principios de los 2000: imposible no recordar viejos tiempos cuando sonaron “Stay Behind Me”, “You Know That’s The Way I Like It” o “Take From Me”. Sin embargo, Jaime García Soriano no evitó con sus continuas disculpas y agradecimientos a los responsables de festival que su repertorio se recortase y finalizase cuando más lo estaban disfrutando sus seguidores. Si hubiesen podido atacar su clásico “In The Water”, habrían acertado en la diana dado el panorama que se estaba produciendo: el suelo se estaba inundando y un charco de grandes proporciones separaba en dos “continentes” al público.

Así lo vio y lo transmitió Isa, de Triángulo de Amor Bizarro, cuando se dio cuenta de tal circunstancia. No le quedaba más remedio que resignarse y acudir a su ironía punzante, ya que la actuación de los de Boiro no se estaba desarrollando todo lo fluida que hubiesen pretendido. Para empezar, ella misma tuvo que pelearse con una rebelde hombrera plumífera que no quería quedarse sujeta en su camiseta; luego, Rafa y su brutal destreza inutilizaban el pedal del bombo de su batería; y para colmo final, debido al retraso acumulado, les obligaron a eliminar dos temas de su setlist. Todo ello desencadenó que la conocida fiereza de los coruñeses se multiplicase y escupiesen con rabia desbocada “Amigos Del Género Humano”, “El Culto Al Cargo O Cómo Hacer Llegar El Objeto Maravilloso” y “De La Monarquía A La Criptocracia”. Ni siquiera “El Fantasma De La Transición” relajó mínimamente a una Isa que abandonó el escenario con ganas de darle una patada en los huevos al primero que se le pusiese por delante.

Menos mal que en los minutos previos a la salida de The Vaselines el ambiente se tranquilizó y la sangre no llegó al río (ni al agua de la lluvia). Resultó curioso y casi irreal ver a los escoceses Eugene Kelly y (una sonriente) Frances McKee juntos después de dos décadas de silencio hasta que el año pasado publicaron “Sex With An X” (Sub Pop / PopStock!, 2010). Un sueño hecho realidad para aquellos que ya daban por imposible escuchar en carne viva las mitológicas canciones que en su día versionaron Nirvana: “Son Of A Gun”, “Molly’s Lips” y “Jesus Doesn’t Want Me For a Sunbean”. Entre ellas intercalaron varias nuevas composiciones (“Sex With An X”, “The Devil’s Inside Me” u “Overweight But Over You”) que no desentonaron en un conjunto compacto repleto de melodías clásicas. La pareja de Glasgow, en un gran estado de forma, dio toda una lección de clase y saber estar que los situó a la altura de su leyenda.

Para historias legendarias, la de la ópera prima de Joy Division, “Unknown Pleasures” (Qwest, 1979): disco que sirve de leit motiv para que Peter Hook se pasee por salas y festivales de medio mundo rindiendo pleitesía a su fabuloso contenido. Sin embargo, nunca quedó claro si ese es el objetivo primordial del mancuniano, acusado de buscar llenarse los bolsillos pervirtiendo el sagrado legado de su primigenia banda. En Vilagarcía se mantuvo esa polémica discusión, y sólo una gran revisión de tan cuidado material salvaría a Hook de una tromba de palos. Para más inri, la ofrenda a “Unknown Pleasures” se abrió con un corte anterior al álbum, “No Love Lost”. El sonido era potente y duro, pero no parecía el más adecuado para que “Disorder”, “She’s Lost Control” o “Shadowplay” conservasen su halo perturbador. Tampoco la voz de un Hook que intentaba imitar la de Ian Curtis más de la cuenta ayudaba a que todo el mundo se creyese sus versiones, sobre todo los pasajes en los que la lírica primaba sobre el fondo (“Day Of The Lords”, “New Dawn Fades”). Pero lo que llamaba la atención era el atril sobre el que el bajista tenía las letras de unas canciones que repasaba constantemente: ¿No se las sabía tras meses de gira y más de treinta años con “Unknown Pleasures” a cuestas? Causaba tristeza, aunque quedaba el consuelo de poder abrir el corazón de par en par durante el bis gracias a “Transmission” y, por encima del resto, “Love Will Tear Us Apart”: el himno del desamor por antonomasia se filtró por un colador guitarrero ensordecedor que no le hacía justicia, pero poco importó a los que, puño en alto, se desgañitaron gritando al cielo la sangrante frase de su estribillo. Toda vez que Hook y compañía ya habían desconectado sus instrumentos, los ecos de esas cinco palabras seguían rebotando contra las flexibles paredes de la carpa principal. Esta fue, sin duda, la insuperable postal por la que se recordará la X edición del Festival do Norte.

Todavía restaba por ver a London Guns (Gary Powell, ex-miembro de The Libertines, y Adam Ficek, ex de Babyshambles) ejerciendo de djs con percusión de acompañamiento (unas veces llamativa, otras desquiciante) al más puro estilo Safri Duo. En los clubes de Gran Bretaña son una de las grandes revelaciones y están arrasando, pero su experimento no se sale de los cánones de sesión de discoteca indie (The Rapture, Justice vs. Simian, Rage Against The Machine, The Prodigy) aderezados con toques de techno tribal, dubstep y gabber garrulo. Fue la combinación anhelada por los que tenían en mente conquistar la noche arousana, entre los que no se encontraba el abajo firmante, el cual, de camino a su coche, continuaba tarareando en voz baja el “Love Will Tear Us Apart” mientras recordaba que en el momento justo en que sonó el tiempo se había detenido en el pasado.

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