Los Rick Rubin, Timbaland, N.E.R.D. y Dr. Dre de ayer son los Pitbull y David Guetta de hoy. Chungo asunto. Mucho. Incluso más que si hubiéramos dicho hace diez años que “los Phil Spector y Quincy Jones de ayer son los Timbaland y Dr. Dre de hoy”. La cosa se está poniendo fea de verdad, pero mira, tenemos algo que antes no: las canciones grabadas a hierro en la frente y la tontuna reggaetoniana y dance-pop incorporada en el beat de nuestras rodillas. Eso es todo a lo que aspira Flo Rida en su nuevo álbum, “Wild Ones” (Atlantic / Warner, 2012): una suerte de recopilación breve de lo menos malo (o sea, nada) que el rapero-actor ha estado haciendo en estos dos años de colaboraciones con otros, cameos por el Bronx más pijo y pastizales en galas televisivas o de festivales chungos plagados de auto-tune y rappers de mansión. En esta ocasión, Tramar Dillard trata de emular un cruce melódico-urbano entre las canciones de los exitosos “One Love” (Virgin, 2009) de David Guetta y “The E.N.D.” (Interscope, 2009) de The Black Eyed Peas, recurriendo a todos los gags de estos ejercicios de masificación reciente pero con un hándicap: canciones mediocres y, como mínimo, tres años tarde. Y, claro, no es suficiente. Me recuerda a Javi Cantero.

Flo Rida no es tan malo. El chaval no se lo curra, pero me lo imagino encima del escenario con una camiseta blanca sin mangas con un dj detrás moviendo el brazo hacia arriba mientras tira la espalda hacia abajo simulando crear un movimiento resorte de un beat que, lamentablemente, comienza a molarnos más de lo que hubiéramos creído. No sabemos dónde quedó la disciplina que creíamos que los productores heredarían de la perfección y doctrina de Michael Jackson, pero el paletismo al que ejercicios como Flo Rida están sometiendo al urban pop más dance-hop o hip-house actual resulta doloroso. Gracias sabe a quién, el treintañero de Carol City parece que ha logrado robarle alguna cara b al Guetta más lujurioso, veraniego e ibicenco y ha logrado colar en este mediometraje largo de nueve canciones de corte homogéneo y plano un hit incombustible como “Good Feeling”, tema que no pasará a la historia por nada pero que lleva varias semanas rotando en las principales emisoras y clubes de medio mundo con aspiraciones a ser una canción del verano de tercera clase (creo que me mola más “Pa’ los guiris”, la que King Africa, Fernando Esteso y Leonardo Dantés han compuesto para Pablo Motos y “El Hormiguero“) o la pieza más conseguida de todas, “Run”, gracias a esa energía de aeróbic matinal empastillado que LMFAO consigue con cada vez mayor facilidad para convertir el redondo en un combinado algo más digerible.

Aun así, claro, oiremos dentro de poco (y hasta en la sopa) canciones como “In My Mind Part 2” y escucharemos revolotear en alguna Goa o garito chungo de Huertas alguna versión colapsada de matices auto-tuneros (quedaos con lo de “tuneros”) como la ya clásica, repetitiva y de fraseo resultón pero oído mil veces en los últimos dos meses como en “Let It Roll” o embadurnaciones de supuestos guiños a Craig David en “Thinking of You”, supuestas vueltas de tuerca del flow que tienen Will.I.Am y Fergie o Calvin Harris y Rihanna en emulaciones dolorosas como la que hace con Jennifer López en “Sweet Spot”. Bailarás, pero cuando lo pienses querrás adelantar la pota que tenías pensado echarte al final de la noche. Hazte una tortilla, al menos.

[Alan Queipo]

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